Medio Ambiente
Eva Martínez Rull

Los futuros refugiados climáticos

Un grupo de jóvenes provenientes de islas del Pacífico, el Índico y el Caribe viajan como embajadores del clima para dar testimonio ante la Asamblea de la ONU de su día a día en estos territorios destinados a desaparecer

Es demasiado tarde para Maldivas. Aunque se reduzcan las emisiones de CO2 las islas están destinadas a desaparecer», dice Ashwa Faheem, originaria de estas islas del Océano Índico. Esta joven de 26 años ha decidido dar testimonio de lo que produce día a día el cambio climático en su país. Lo hace con su cámara, retratando árboles arrancados por el océano, bolsas de plástico que llegan hasta la orilla y hablando con vecinos que se han planteado dejar sus casas ante la subida del nivel del mar. «Somos el país más pequeño de Asia y el que menos altitud máxima sobre el nivel del mar tiene en el mundo. El primero que desaparecerá, porque está hecho en un 99% de agua y sólo un 1% de tierra. Cada vez que llueve perdemos territorio. Además dependemos totalmente de la pesca y del turismo y con el aumento de temperatura se están dañando los corales y reduciendo las capturas», continúa.

Además del mar, los problemas a los que se enfrentan los territorios insulares del Pacífico, Índico y Caribe van desde la pérdida de corales y posibilidades para el turismo, disminución de la pesquería, problemas industriales, el aumento de fenómenos extremos, etc. «En Fiyi, la estación seca es ahora más larga, algo que está afectando al cultivo de caña de azúcar. Hay más ciclones que hace unos años. Los peces que se capturan cada vez son pequeños... mi madre contaba que cuando era pequeña durante la temporada de cangrejos sólo con caminar por la orilla se podían llenar cubos enteros de estos animales. La playa estaba cubierta de una capa amarilla de cangrejos. Ahora eres afortunado si encuentras una decena de ejemplares. En el mar se ve mucho más plástico y basura que antes» explica Kya Lal, de las islas Fiyi (Pacífico). Fiyi es la primera isla nación en dirigir las negociaciones de una Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Concretamente lo hará de la próxima COP23, que se celebrará en Alemania en noviembre.

Hace unos días, ellas y otros jóvenes provenientes de las islas más afectadas de estas tres áreas geográficas visitaban Barcelona para dar testimonio de sus vivencias en primera persona sobre lo que está ocurriendo con el clima. El grupo forma parte del primer «Programa de Jóvenes Embajadores para los Océanos y el Clima» impulsado por la ONG japonesa Peace Boat, organización que promueve los derechos humanos, la paz y el respeto por el medio ambiente, entre otros, y realiza una ruta anual alrededor del mundo para dar a conocer algún proyecto en la que trabajan. Su barco, que salió de Japón hace más de un mes, sigue estos días rumbo a Nueva York, donde el grupo dará testimonio en la ONU. Además, el programa cuenta con la Alianza de Pequeños Estados Insulares (Aosis). Según datos del Banco Mundial hasta el 73% de los estados insulares –donde viven 16 millones de personas– enfrentará condiciones de mayor sequía a mediados del siglo, al tiempo que los niveles del mar continuarán erosionando sus litorales.

Ashwa envidia los bosques y las zonas montañosas de otros islas porque ve en ellas una posibilidad de ganar tiempo frente a la subida del nivel del mar que Maldivas no tiene: «Aquí sólo tentemos playas y cocoteros», dice. Selina Leem procedente de las Islas Marshall (Pacífico) también añora los alturas, porque dice, ellos tampoco cuentan con mucha tierra y el lugar más alto de su territorio es un basurero.

Emigración digna

En Maldivas sí están teniendo suerte en un punto y es que, de momento, se han evitado reubicaciones de población, a pesar de que es una de las comunidades que mayor posibilidades tiene de ser realojada. «En Fiyi hemos tenido que recolocar unas 800 aldeas por las frecuentes inundaciones», explica Kya. Y es que el cambio climático y la frecuencia de los fenómenos extremos depara a los habitantes de estas islas un inevitable futuro como refugiados climáticos. Una certeza con la que convive Matea Nauto de las islas Kiribati (Pacífico). Él y su familia viven a sólo cinco metros de la orilla de la playa. Cada año observan cómo se acorta la distancia que les separa del mar. En su país, el término refugiado climático es palpable; su generación sabe desde que ha nacido que tendrá que emigrar irremediablemente. A pesar del miedo que les genera el futuro, los cambios, la reacción del país que les acoja, la misma idea de ser refugiados, el gobierno les prepara en el colegio y la universidad para que cuando llegue el momento de irse lo hagan preparados y dignamente.

Estos movimientos de población pueden también generar conflictos con otros países vecinos, incluso limítrofes y es que los eventos climáticos no sólo afectan a los estados insulares. «El territorio de Belize no sólo lo componen islas. Los huracanes se suceden con más frecuencia y las inundaciones en la península también son mayores. Esto puede provocar un movimiento de la población hacia el interior, hacia las montañas, con el consiguiente peligro ya que existe un conflicto territorial en la frontera con Guatemala», explica Zana Kristen, originaria de este país de Centroamérica.

Se acerca la fecha de la próxima COP23 y con su testimonio, estos jóvenes quieren llamar la atención sobre la necesidad de tomar medidas urgentes y de que los gobiernos se comprometan de forma decidida y urgente. «El cambio climático nos afecta en algo tan básico como los recursos para alimentarnos. El problema es que se trata de un fenómeno que sucede lentamente y, en el caso de Maldivas, somos un país en vías de desarrollo. El actual gobierno no está tomando ninguna medida respecto a él; sólo se preocupa por las necesidades más inmediatas como la salud y la educación. Es cierto que no tenemos refugiados pero las playas están desapareciendo y el mar arranca los árboles. Nos faltan científicos, compromiso y recursos. En los años 90 el gobierno de Japón donó unas barreras para proteger la isla donde está la capital. El problema es que hay otras 200 islas que también necesitan estas protecciones, pero no hay presupuesto», afirma Faheem al recordar que sus islas están las primeras en la lista de destinos en desaparición. Le parece que queda lejos el año 2009 cuando su presidente de entonces, Mohamed Nasheed, decidió convocar a su gabinete para una reunión bajo el mar. Era su manera de llamar la atención sobre lo que estaba ocurriendo en las islas.

La ONG japonesa Peace Boat lleva 30 años recorriendo el mundo en barco mientras trabaja en programas que van desde lo puramente medioambiental a lo social o las emergencias humanitarias. El barco con el que viajan actualmente, y que les sirve de universidad flotante ,es de los años 80. Por este motivo la organización quiere construir su propio buque ecológico para 2020 (coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Tokio) y ha decidido depositar su confianza en la firma de diseño española Oliver Design.

El nuevo barco, de 60.000 toneladas y equipado para 2.000 pasajeros contará en la parte superior de su cubierta con 10 grandes elementos retráctiles integrados por paneles solares que, al mismo tiempo, podrán operar como grandes velas. Sólo gracias a los 6.000 m. de paneles se contará con una potencia de 750 kW. El motor será híbrido diésel y gas natural licuado, con lo que se ahorrará hasta un 20% en el consumo de combustible y un 40% de emisiones de CO2.

El diseño está basado en la Biofilia, es decir, que propugna el máximo aprovechamiento de elementos naturales como el aire, la luz y el agua, así como el uso de materiales y diseños basados en la Naturaleza. De hecho, el primer boceto está inspirado en una ballena varada en una playa del País Vasco.

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