Salud
La Razón

¿Por qué es importante proteger nuestros ojos?

Los daños en los ojos son acumulativos y el riesgo de sufrir enfermedades oculares en la vida adulta es mayor si la exposición en la infancia ha sido alta y sin protección

En la sociedad actual, y cada vez más, está muy presente la necesidad de proteger nuestra piel de las radiaciones solares. Sin embargo, en nuestro cuerpo hay más partes que deben ser protegidas del sol y a cuyo cuidado no prestamos tanta atención, como son, por ejemplo, los ojos.

Aunque hay un sector de la población adulta que sí es consciente de la necesidad de emplear gafas de sol, es una costumbre que se debe inculcar desde la infancia. Hay que tener en cuenta que los daños en los ojos son acumulativos y el riesgo de sufrir enfermedades oculares en la vida adulta es mayor si la exposición en la infancia ha sido alta y sin protección. Es importante que a la hora de elegir unas gafas de sol, no nos fijemos tanto en la moda como en la calidad de los cristales y, sobre todo, no adquirir nunca nuestros productos en puntos de venta ambulantes, sino en sitios especializados: ópticas, farmacias, etc.

En la radiación solar podemos distinguir:

Radiación infrarroja (IR): potencia los efectos negativos de los rayos UV.

Radiación visible: la que capta el ojo humano.

Radiación ultravioleta (UV). Es la responsable de los efectos biológicos en la piel y los ojos. Se descompone en:

A) Ultravioleta B: son radiaciones con mucha energía, pero que penetran poco en la piel. Desencadenan el eritema o enrojecimiento, además de la formación de la verdadera melanina responsable del bronceado.

B) Ultravioleta A: tienen menos energía, pero su poder de penetración es mayor. Son responsables de manchas, envejecimiento de la piel, alergias y, a largo plazo, del cáncer.

La intensidad de la radiación, y con ella los riesgos, varían según las condiciones ambientales. Hay que diferenciar:

La altitud: a mayor altitud, menos atmósfera para protegernos y, por tanto, más radiación.

La latitud: en general, cuanto más cerca estamos del ecuador, mayor peligro. Sin embargo, el agujero en la capa de ozono incrementa considerablemente el riesgo en las regiones antárticas, a pesar de su distancia al ecuador.

La estación del año: en el hemisferio norte, los meses de junio y julio son los más peligrosos, mientras que en el sur el riesgo es mayor en diciembre y enero.

La hora: entre las 12 de la mañana y las 4 de la tarde se concentra el máximo de radiación.

El entorno: la radiación se refleja en las superficies, una superficie blanca refleja el 100%, y una negra la absorbe por completo. Debido a este reflejo, la radiación que recibimos se incrementa un 2% en el asfalto, un 20% en la arena, un 30% en el agua y un 90% en la nieve.

La nubosidad: las nubes no nos protegen, sino que dejan pasar el 90% de la radiación ultravioleta.

¿Qué daños puede provocar el sol en los ojos?

Eritema: una exposición excesiva varía el grosor de las distintas capas de la córnea y produce enrojecimiento de la conjuntiva.

Fotoqueratitis y Fotoconjuntivitis aguda: consiste en la inflamación de la córnea y de la conjuntiva después de una exposición extrema.

Cataratas: el cristalino del ojo se opacifica y, si no se opera, puede llegar a causar ceguera.

Degeneración macular asociada ala edad (DMAE): enfermedad degenerativa de la retina que suele ser más frecuente en ancianos. Las alteraciones que produce el sol en la mácula (zona de visión fina, de la perspectiva y el detalle) impide a la persona realizar tareas como conducir o leer, ya que disminuye la agudeza visual y produce distorsiones y perturbaciones en la visión de los colores, la forma y el tamaño de las imágenes.

Las gafas de sol deben estar homologadas y, para ello, las lentes deben cumplir las disposiciones y requisitos de seguridad definidas por las directivas 89/686/CEE y 93/95/CEE y la Norma UNE-EN 1836:2006+A1 (mayo 2008) -Protección individual del ojo. Gafas de sol y filtros de protección contra la radiación solar para uso general y filtros para la observación directa del sol. El cumplimiento de esta normativa garantiza que las gafas protegen 100 % frente a la radiación UV. El símbolo CE que llevan las gafas y la categoría del filtro garantizan este punto.

El color del cristal no determina la protección frente al UV, pero sí frente al espectro visible, por lo que en días oscuros, o para conducir, será más adecuado un cristal que altere menos la visión. Por otro lado, el tipo de lente va asociado a las situaciones de uso:

Lentes fotocromáticas: pueden usarse en ambientes abiertos y cerrados, pues con la distinta intensidad lumínica se oscurecen o se aclaran.

Lentes polarizadas: son muy útiles en ambientes como la playa o la nieve, porque son las que mejor eliminan los reflejos.

Lentes de espejo: son muy útiles en ambientes muy luminosos gracias a la capa externa metálica que cubre la lente unida a filtros de alta protección.

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