Cultura
La Razón

«El último traje»: A ninguna parte

Dirección y guión: Pablo Solarz.

Intérpretes: Miguel Ángel Solá, Ángela Molina, Julia Beerhold, Olga Bolard, Natalia Verbeke.

España-Argentina, 2017.

Duración: 86 minutos.

Drama

En Abraham Bursztein, el viejo sastre judío-argentino que decide viajar a Polonia para reencontrarse con quien le salvó la vida al escapar de los campos, se concentran varias dimensiones del Holocausto: la de la culpa del superviviente, que tan certeramente describió Primo Levi; la del odio del humillado, que no quiere pisar tierra alemana y que se marea de rabia cuando escucha el idioma de las SS; y la del que no olvida, la viva imagen de la memoria histórica. Abraham es un símbolo andante al que la ficción empuja fuera de su zona de confort en un viaje improbable hacia el abrazo y la reconciliación. Se le impone un carácter hosco, de anciano cascarrabias, pero se le supone la lucidez de la edad provecta y la experiencia traumática, y Pablo Solarz, acostumbrado a escribir comedias ligeras de probado éxito gaucho («Me casé con un boludo», «Un novio para mi mujer»), es incapaz de separar a su personaje del estereotipo. Lo cierto es que el trabajo de Miguel Ángel Solá no ayuda mucho: artificiosa y declamatoria, su interpretación falsea la intuida humanidad de Bursztein, que, supuestamente, tiene que salir a la luz con sus sucesivos encuentros con mujeres que le enfrentan con sus puntos débiles y sus mezquindades. Sorprende que el guión sea descuidado con ellas cuando le dan un peso moral tan definitivo al arco dramático del protagonista. Ángela Molina consigue disfrazar la anemia de su personaje con su singular carisma, pero las demás –sobre todo la pobre Verbeke, que solo tiene una escena para que entendamos el conflicto que la separa de su padre en la ficción– son poco más que mujeres florero.

LO MEJOR

La naturalidad de Ángela Molina en pantalla siempre refresca los ojos

LO PEOR

Que la afectada interpretación de Miguel Ángel Solá es una mochila demasiado pesada

Outbrain