Crítica de cine
La Razón

«La historia del amor»: El libro del buen amor

Radu Mihaileanu une a un anciano polaco y una joven a través de un manuscrito

En una época de crisis económica, financiera, política, social y medioambiental, para el cineasta Radu Mihaileanu existe otra cisis, tanto o más importante, que muchos pasan por alto, la crisis del amor. «Por un lado la gente tiene miedo a sufrir, que le hagan daño, y se aparta. Por otro lado, en esta época en que todo está al alcance de un click, sienten pánico de perderse algo, y todo se vuelve inmediato y, por tanto, banal», comenta el director. Por eso, ante este contexto, decidió reaccionar haciendo una película en que se mostrase sin ninguna gota de cinismo toda la belleza, alegría y también la tristeza que encierra una gran historia de amor.

Éste es el motor de «La historia del amor», adaptación de una célebre novela de Nicole Krauss. La película nos presenta a Leo, un viejo inmigrante judío en el Brooklyn contemporáneo, todavía obsesionado por su propia historia de amor que se rompió de golpe por el pronto estallido de la Segunda Guerra Mundial. Paralelamente, Alma, una adolescente descreída que intenta buscar la cura de la soledad de su madre, se tropieza con un libro que le demostrará que el AMOR, así, en mayúsculas, no es solamente un cuento de hadas. «Me enamoré del personaje de Leo, un hombre que, a pesar de todas las tragedias que sufrió en su vida conservaba la alegría y el entusiasmo», afirma Mihaileanu.

En realidad, asegura el director, Leo le recuerda a su propio padre, un hombre que tuvo que refugiarse en París ante el acoso del nazismo, que vivió todo tipo de odiseas, incluso un encierro en un campo de concentración, pero que aún así conservó la alegría de vivir. «Siempre me fascinó cómo se puede seguir siendo utópico y romántico después de experimentar el horror, y lo que queda claro en el libro y, espero, que también en la película, es que la cultura, la educación y el arte son el único vehículo», asegura Mihaileanu.

Derek Jacobi es aquí Leo, mientras Elliot Gould interpreta a su misterioso y eufórico amigo. Por su parte, la joven Sophie Nèlisse da vida a Alma. «Cuando pensaba en Leo siempre me venía a la cabeza Charles Chaplin, alguien que podía pasar de la tragedia a la comedia con una única mirada, y Jacobi me permitió eso. Cuando interactuaba con Gould les decía que no eran viejos, sino niños discutiendo, quería mostrar esa vitalidad en contraste con su edad», añade el director.

El libro que lee Alma y mueve la acción de la película visualiza a la perfección la capacidad del arte de sacudirnos y devolvernos el camino hacia el amor. «Necesitamos de la educación y la cultura para ayudarnos a adaptarnos mejor a las complejidades de la actual vida moderna. El arte es ese empujón para hacernos más humanos», concluye el director.

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