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La Razón

Los malqueridos de la India

La escritora Arundhati Roy vuelve con «El ministerio de la felicidad suprema», una segunda novela valiente y magnífica

En «El Dios de las pequeñas cosas», su impresionante primera novela publicada hace 20 años, Arundhati Roy escribió que, en la India, la desesperanza personal nunca podría ser lo suficientemente desesperada porque peores cosas habían sucedido y seguirían ocurriendo. Se refería a las barbaridades de la historia: la sangrienta política del colonialismo, los choques violentos de los conflictos religiosos, las castas paralizantes, los prejuicios de clase o lo que Naipaul llamó «la pobreza y una abyección demasiado temerosa de imaginar». Por todo ello, Roy hizo un intermedio en su carrera de novelista para tomar parte activa contra depredaciones ecológicas, causas en nombre de la independencia de Cachemira, el nacionalismo hindú o involucrarse en la lucha contra los cargos de sedición impuesta por el gobierno. Estos libros han convertido a la autora en una reputada pensadora y autora de no ficción. Pero quizá porque «la novela lleva su tiempo y forma parte de mi esencia más íntima», dos décadas han sido el plazo que se marcó para volver a la narrativa y regalarnos su segunda maravillosa ficción. Si en su primer bombazo literario se centró en las pérdidas personales y privadas usando su «verbo mágico» y su prosa mercurial para sumergirnos en los ritmos diarios de la vida en una aldea de Kerala –creando un retrato faulkneriana o de una familia que tenía la inevitabilidad de una tragedia clásica–, ahora nos llega una nueva entrega con momentos de intensidad similar... pero distintos. O desde otro prisma. Aquí se ocupa menos de lo personal y más del «vasto, violento, circundante, ridículo, insano e inviable mundo de la turbulencia pública de una nación». Las presentes 500 páginas ponen el foco en personajes despedazados por la realidad pero que no se rinden; que siguen adelante a pesar de su fragilidad gracias a gestos de amor y de esperanza en una India marcada por miles de contradicciones.

La portada elegida por Roy, en la que se reproduce una lápida, será la misma en todo el mundo... y leída la novela tiene todo el sentido. La acción arranca en un cementerio de la vieja Delhi. Allí, uno de sus protagonistas se presenta desenrollando una gastada alfombra persa a la que llama hogar. Su nombre es Anjum –hijra, palabra hindú que significa hermafrodita– y su historia entronca con la enigmática Tilottama, de quien están enamorados dos hombres, entre ellos, el guerrillero Musa, cuyo destino se halla entrelazado al suyo.

La lucha por el sueño

A partir de ese instante se iniciará un viaje por la India desde los barrios angostos de la vieja Delhi y los relucientes centros comerciales de la nueva metrópolis,hasta los valles y las cimas nevadas de Cachemira, donde la guerra es paz, la paz es guerra, y solo en pocas ocasiones se vive en «estado de normalidad». La escritora india nos introduce en un mundo donde los héroes son los marginados y sus personajes luchan por sus sueños.

Conoceremos todo de Tilo y los hombres que la amaron; también sabremos de su casero, un antiguo pretendiente en la actualidad oficial de inteligencia destinado en Kabul, y las dos Mis Yebin. Personajes y actores secundarios que nos duelen y emocionan. Una narrativa deslumbrante –a veces deliberadamente parca, pero efectiva– al servicio de unos personajes que nos guían a través de temas como el nacionalismo hindú o el separatismo de Cachemira, al tiempo que nos enseñan los márgenes de la sociedad que sirven para el propósito de la autora: que conozcamos la realidad de los fugitivos, los malqueridos y las deficiencias de su país y del mundo.

«El ministerio de la felicidad suprema» es una novela de límites enloquecidos. Pero su mosaico de narraciones dolorosas, divertidas, eróticas, violentas, así como sus imágenes de niños perdidos y recuperados, del sacrificio individual y de la abnegación o su representación de la constante batalla hacia la autoafirmación en una sociedad aún sostenida en esclavitud de casta y de clase, hacen que la obra sea un regreso memorable. La autora da pasos valientes y aunque exige atención y reflexión, las almas delicadas se verán recompensadas.

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