Crítica
La Razón

Propinas en vez de obertura

Obras de Shostakovich y Tschaikovsky. Piano: Bertrand Chamayou. Trompeta: Manuel Blanco. Orquesta Nacional de España. Director: Semyon Bychkov. Auditorio Nacional, Madrid. 1-X-2017

El tercer concierto de la temporada de la OCNE traía un programa completamente ruso: Taneyev, Shostakovich y Tschaikovsky. Una lúgrebe locución nos advirtió de que no se interpretaría la obertura del primero de ellos, «Oresteia», sin especificar la razón. Ello inducía al curioso a buscar una razón, dado que las partituras habían sido distribuidas a la orquesta. Al parecer, con las reservas oportunas, Semyon Bychkov decidió suprimirla en los ensayos al comprobar que la orquesta, en especial las cuerdas, no la llevaban convenientemente preparada. No es la primera vez, ni probablemente será la última, que algo así sucede en una agrupación con unos músicos en cuya remuneración está el estudio en casa. Bueno es que pase con un director de la talla del ruso y no con un español, al que sería fácil culpar. El caso es que Bychkov prefirió centrarse en las otras dos obras, ninguna de ellas de repertorio habitual. Por cierto, los derechos de autor no, pero ¿se paga el uso de los materiales en estos casos? La «Primera sinfonía» de Tschaikovsky se encuentra lejos en calidad de las tres célebres, si bien contiene en su primer movimiento claros gérmenes de la «Cuarta», un tema del segundo sería reutilizado en «La tempestad» y el final resulta enérgico y hasta apoteósico por la relevancia de los metales, aunque deje la sensación de demasiada superficialidad estruendosa. Sonó bien la orquesta y el maestro supo extraer toda su externa brillantez. Otro tanto puede decirse del acompañamiento al «Concierto para piano y trompeta n.1» de Shostakovich, en el que se brindaba la oportunidad solista a Manuel Blanco, quien ha sido noticia esta semana por la presentación de su primer disco, hecho bien raro en nuestros días y más para un trompetista español. Los tiempos de los conciertos de Haydn, Telemann o Haendel para este instrumento parecen no estar en la mente de los programadores desde que se nos fue Maurice André. La lástima es que Shostakovich planeó la obra para el lucimiento del viento, pero al añadir un piano fue éste el que se convirtió en auténtico protagonista, dejando bastante infrautilizado a Manuel Blanco, quien supo reaccionar. Dada la brevedad de la cita tras la eliminación de la citada obertura, fue generoso y pianista y trompetista concedieron tres propinas, una rusa y dos tan españolas como la «Nana» de Falla y el «Adiós Granada» de la zarzuela «Los emigrantes» de Calleja y Barrera, aunque Blanco se la adjudicase a Shostakovich, quien solo realizó un arreglo en sus «Canciones españolas» de 1956. El caso es que entonces sí que el solista pudo demostrar su calidad, siendo ovacionadísimo por los asistentes.

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