Teatro
La Razón

«Billy Elliot» vuela alto

No quiso ser como el resto de sus vecinos. Prefirió el ballet al boxeo y la mina, pesase a quien le pesase, y consiguió imponer su sueño. Llega a Madrid la versión musical del largometraje que ya triunfó en Londres y Nueva York, esta vez capitaneada por Carlos Hipólito, Natalia Millán y Adrián Lastra.

Esto es imposible de hacer en España». Fue la idéntica reacción que tuvieron, por separado, Carlos Hipólito y Adrián Lastra al ver «Billy Elliot» en Londres y Broadway. Lo que allí respiraron correspondía a un nivel que entendían muy lejos de lo que, por norma, visita o se monta en España. «Recuerdo que salí emocionado, pero con sensación de pena por no poder hacer algo así. ‘‘Entre otras, no tenemos niños con esa preparación’’, pensé. Pues mira, la vida me ha regalado la ocasión de reconocer que me había equivocado», apunta el primero. Años después de aquello y con el montaje casi listo en el Nuevo Alcalá –estreno el 5 de octubre– hacen bueno eso de «donde dije digo, digo Diego». «Me he comido las palabras –confirma Lastra–. Lo que ahora tenemos es una animalada, una monstruosidad. Es otra liga diferente a la que hemos estado viendo hasta ahora en Madrid». Y no lo dice por él ni por su compañero, ni por el resto del elenco sénior –que también tendrán algo de culpa–, sino por «los chavales», dicen. «Con lo que te vas a quedar, por encima de todo, es con los niños –habla Lastra–. Su trabajo es espectacular. Lo digo de corazón. No se van a ver los números de un videoclip con un grupo de personas y ya. Cada una de las niñas tiene su propio personaje y su propia forma de ser». Un elenco juvenil que se multiplica, seis conjuntos de bailarinas, seis Michael, seis Kevin y, por supuesto, seis Billy –Pablo Bravo; Pau Gimeno; Cristian López; Miguel Millán; Óscar Pérez y Diego Rey–. Reparto infantil que va rotando y que se ha creado casi a medida en la Escuela Billy Elliot, donde Carmen Roche y Víctor Ullate han empapado a los jóvenes de claqué, danza clásica, jazz, acrobacias, canto... durante año y medio. A petición de David Serrano –responsable del montaje–, el coreógrafo levantó un centro que ahora relata así: «Lo tenían muy claro desde el principio, querían contar con una formación profesional muy rigurosa como la de nuestra escuela para darle al proyecto una calidad superior. Cuando mencionaron el título del espectáculo captaron mi completa atención».

Es la esencia de «Billy Elliot», los niños –que irán renovándose a medida que avancen los meses y, naturalmente, vayan creciendo–, y ahí es cuando Adrián Lastra saca pecho: «Vamos a hacer historia», y si no es así, desafía con invitar a «una caña». «Parece que me vengo muy arriba, aunque creo que no –continúa–. Estamos con las previas y solo hay que ver a la gente. Está claro que te vas a reír porque es una comedia musical, pero también te vas a emocionar. Ves las caras a la salida y la gente tiene los ojos hinchados de llorar, algo que no ocurre en otro lado. Da igual que lo hayas visto fuera, que eso es algo más. Será el carácter latino», zanja un Lastra que se meterá en la piel de Tony, el hermano mayor de Billy: «Era un personaje que me caía mal, muy mal –sigue–. Parece que, como siempre está gritando, es una sin corazón. Y lo que yo he intentado ver es por qué sufre».

Dramaturgia de peso

Más cauteloso se muestra Hipólito, que tampoco se despega del discurso de «espectáculo especial que cuenta con el añadido de que para ser un musical cuenta con un texto dramático impresionante. Normalmente, el guión de este tipo de obras es un pretexto para enlazar una serie de números y queda algo endeble. Aquí no». Consecuencia directa de que el texto sea de Lee Hall, responsable del «script» de la película, al igual que el montaje original de Londres estuvo dirigido por Stephen Daldry –a quienes se les sumó Elton John–. «Que los creadores de la idea primigenia fueran los del cine ha mantenido el espíritu intacto –expone Hipólito–. Han cambiado cosas, pero al ser el mismo equipo ha mejorado la historia. Creo que en esta versión teatral se entiende mejor la vida de Billy y del pueblo. Se alcanza una mayor profundidad por el simple hecho de ser un trabajo posterior en el que pudieron comprobar qué funcionaba y qué les faltaba».

Es lo que se pondrá sobre las tablas del Nuevo Alcalá, una «historia de superación individual», como la define David Serrano: Billy tiene el futuro marcado porque lo que se estila en la Inglaterra donde vive es el boxeo o la mina para ellos y el ballet para ellas. No se contempla más. Pero a Billy lo que le llena es el baile y, contra la oposición de su familia, se lanza a por ello. Enfrente tendrá a Tony y a su padre (Hipólito), «un hombre que, viudo, está emocionalmente seco porque su vida ha dado la vuelta. Del principio al final vemos un arco dramático enorme: de un hombre rudo e incomprensible con el sueño de Billy a otro que es capaz de hacer cualquier cosa por su hijo cuando entiende que tiene un don especial en algo que no entiende», explica el actor, que repite junto a Natalia Millán (Señorita Wilkinson), con la que acaba de girar con «La Mentira».

Son los avales de «Billy Elliot» en su desembarco en Madrid, «una función necesaria porque habla más allá de la peripecia argumental. Nos pone en alerta en otros asuntos sociales. Va a ayudar a ver lo importante que es dejar a los niños su futuro», cierra Hipólito.

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