Selección Española
La Razón

Exhibición de España ante Italia con Isco como protagonista

Con Silva de falso 9, el malagueño marcó dos goles sensacionales y jugó magistral. Morata entró por Iniesta y materializó el 3-0. Colosal.

La colocación de las lonas para ocultar sus planes descubrió indicios de alguna novedad, como la del falso 9. Y así obró Lopetegui contra Italia. Morata, que se lo olía, y Villa, en el banquillo. En el campo, Asensio, dispuesto para esa demarcación que finalmente ocupó Silva más tiempo que nadie durante el primer tiempo. Sin embargo, los goles los marcó Isco; el primero, de falta y el segundo, con la zurda tras un recorte con la diestra. La Roja se imponía 2-0 a la «Azzurra». La nueva España, no tan lejos de la anterior, avanza firme y brillante. Y es versátil. Hizo el 3-0 con un 9 en liza, precisamente Morata. Tiene pie y medio en Rusia’2018.

Cantaba Cecilia «mi querida España, esa España mía, esa España nuestra» que algunos espectadores del Bernabéu, quizá por su juventud, acaso por su falta de sensibilidad, desconocían. O si habían escuchado la canción, preferían ignorarla. Tocó el primer balón Piqué y arreciaron los pitos. Había advertido el día anterior Lopetegui que la Selección necesitaba el apoyo de todo el Bernabéu sin distinción. Algunos no lo entienden. Cuando Piqué mete la pata hasta el corvejón lo hace enfundado en la camiseta del Barcelona, y es con esa zamarra cuando hay que pedirle cuentas o protestarle. Con la Roja sobran los silbidos que, por otra parte, ni distraen al central azulgrana ni al resto de compañeros. De ahí el 2-0 de la primera parte.

Fue un triunfo muy trabajado porque tanto Lopetegui como Ventura salieron a ganar, pero con el freno táctico echado. Presionaban las dos selecciones arriba, según donde estuviera la pelota, pero combinaba mejor y durante más tiempo la española. Jugaba en casa, sin descuidarse, atentos todos sus jugadores al detalle que podía inclinar la balanza.

A los cuatro minutos Verratti vio la primera tarjeta. Partido duro y disputado. A los 12 se la mostró Kuypers a Bonuncci, que hizo falta en la frontal. El primer golpe franco lo lanzó alto Sergio Ramos; en esta ocasión fue Isco quien se situó en la rampa de lanzamiento. Apenas tres pasos detrás del balón. Suficientes. Lo elevó por encima de la barrera y sorprendió a Buffon, aunque no lo alojó en «toda» la escuadra.

Ganaba España 1-0 a los 13 minutos. Serenidad, calma en las combinaciones, nada de rifas, que la tómbola huelga cuando la clasificación para el Mundial está en juego. Y llevaba ventaja, suficiente; pero quería más y persistió en el esquema y con la táctica. Intercambio constante de posiciones, que despistaba a los italianos y no sabían a quién marcar, y Silva, rapado y con barba, ejercía como ese falso 9 que ideó Lopetegui, con Asensio detrás de él, muy cerca de Iniesta, de Koke, de Isco y de Busquets, donde se cocía el fútbol.

Sin apretar a Buffon, que sólo tocó el balón cuando lo sacó de la red, España atacaba con orden y contenía por principios; pero se llevó un susto morrocotudo cuando Belotti, en el minuto 22, cabeceó a bocajarro un centro de Candreva que De Gea despejó con una suerte de reflejos que sólo exhiben las figuras. La seguridad en la portería apuntalaba la idea española de mejorar el resultado. Y así llegó el 2-0. El balón en la frontal del área, en las botas de Isco, a la derecha, su pierna natural, pero recortó y disparó con la izquierda, tan ajustado al palo y tan bien que Buffon volvió a acordarse de las meretrices.

Con el marcador favorable y el control del partido, surgieron gritos de aliento a Piqué cuando remató alto el que pudo ser 3-0 y en otra ocasión en que defendió desde la posición de Carvajal, adelantado. Eso es lo normal. También lo era la victoria. Ganaba el mejor, pero Italia, con cuatro hombres en vanguardia cuando podía estirarse, no se rendía. La furia de De Rossi, la habilidad de Verratti, la profundidad de Insigne y de Immobile y la contundencia de Belotti aconsejaba no bajar los brazos. Y así se llegó al descanso.

Comparecieron las dos selecciones sin cambios en las alineaciones ni en el sistema, aunque ahora Silva jugaba más pegado a la banda, a la derecha, pero sin olvidar que era el punta. No obstante, el que disparó, desde lejos, fue Insigne y De Gea respondió con un buen despeje.

En el otro área, Buffon vio cómo salía fuera por poco un zurdazo de Asensio y despejaba con apuros el centro de Carvajal, después de una jugada majestuosa de Isco, que hizo un «caño» a Verratti que le dejó pasmado, literal. Fue entonces cuando Éder sustituyó a Belotti y Bernardeschi a Candreva. Entonces Morata relevó a Iniesta, despedido con aplausos. España jugaba con un 9 de verdad. Y el 9 hizo gol. Combinó con Ramos, como si todavía estuviera en el Madrid, se desmarcó y cuando el central le devolvió el balón lo clavó en la red. 3-0 inapelable.

Mucho mejor y más eficiente España que Italia. Busquets, imperial, el mejor cierre posible; el resto, a tono; Asensio, como un veterano, e Isco, magistral. Lopetegui, que no es inmovilista, que improvisa si es preciso sobre la marcha, ganó sin 9 y con 9, pero siempre con el equipo templado, concentrado, preciso, ambicioso, disciplinado, sin complejos. La España que viene se parece mucho a la que ganó dos Eusocopas y un Mundial, y eso son palabras mayores. Da para soñar, incluso cuando Villa calienta en la banda como un juvenil. Entró por Isco. Alegrón testimonial.

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