Selección Española
La Razón

Paseo de España en Vaduz

España no encontró rival en la modestísima selección de Liechtenstein y al término del primer tiempo ganaba 0-4 sin despeinarse. Dueña absoluta del partido, lo rubricó con un 0-8.

A Sergio Ramos le sobraron 90 minutos para marcar de cabeza. Sacó la falta Silva y él remató sin que le molestaran. Cortesía del minúsculo Principado de Liech-tenstein, mucho más eficaz guardando el dinero ajeno que vigilando sus áreas. Aunque Julen Lopetegui alineó tres defensas e introdujo cambios con respecto a los verdugos de Italia, mantuvo en el once a Isco y otros titulares indiscutibles, con lo que al obtener tan temprano el 0-1, el aviso de una derrota sonrojante de Liechtenstein en su casa formaba parte del guión. Morata, Isco y Silva se sumaron a la fiesta en el primer tiempo, que terminó 0-4. Y quedaba el segundo, en un partido de estas características tan inconveniente como el primero, dada la abismal diferencia entre los dos equipos. Entraron Aspas y Deulofeu (chutó el 0-8, que rozó en Göppel) y el céltico marcó dos veces, como Morata. El recital español resultaba humillante, sin pretenderlo. Es la mecánica de la competición, donde actúan conjuntos que, como los malos toros, no tienen un pase.

En el Villarreal educan a los chavalines de las categorías inferiores para que a partir de un número determinado de goles, cuando el castigo infligido al contrario es exagerado, gratuito y sonrojante, jueguen con la pierna «mala». Cuestión de valores, de inculcar principios y respeto desde la más tierna infancia futbolística. En la legendaria e histórica final de la Eurocopa de 2012, en Kiev, el repaso que España estaba dando a Italia era de época, y de tal magnitud que con los 90 minutos consumidos y un inapelable 4-0 en el marcador, Casillas, capitán de la Roja, sugirió al árbitro que pitara el final para frenar la sangría. Todo ello es comprensible; pero qué hacer cuando en el primer cuarto de hora de partido el equipo superior gana 0-3 –además, en casa ajena– y el monólogo anuncia una goleada más escandalosa que el 12-1 a Malta.

El balón era propiedad de los españoles, dueños absolutos del partido, mientras que los animosos pupilos del atribulado René Pauritsch intentaban estorbar, y no siempre lo conseguían, o guarecerse en su área para que el chaparrón fuera menos pernicioso. Inútil aspiración. Ramos se colocó en el lateral derecho, como en sus años mozos; Piqué, central y Monreal lateral izquierdo. Thiago, Iniesta, Busquets, Isco y Silva, también Pedro, combinaban en la frontal del área contraria y Morata se entregaba al sencillo arte, en esta oportunidad, de la pesca, aunque el 0-2 lo marcó en fuera de juego –luego le anularon otro válido–; aprovechó también el error del meta Jehle, que le regaló la pelota cerca de la portería, y se la pasó a Isco para que hiciera el 0-3. Silva ejecutó magistralmente una falta y firmó el 0-4. Un baile.

Si en fútbol Liechtenstein fuera tan relevante como en la prestación de servicios financieros, en condiciones fiscales paradisíacas, estaría en las fases finales del Mundial, incluso. Pero en esto del balón es un fiasco, nada, tan poco como Malta, San Marino o Gibraltar. Un cero a la izquierda. Un mal «sparring», pero tiene un número de turno en las democráticas competiciones que organiza la UEFA, por desiguales que sean, y no renuncia al privilegio.

Con 100.000 millones de euros en depósitos bancarios y 75.000 fundaciones de opaca contabilidad, podría permitirse construir una selección a golpe de talonario, como hacen algunos países del Golfo Pérsico. Pero se contienen. El negocio es el negocio y con 83 polícías tiene suficiente para mantener a raya a sus 35.000 habitantes, repartidos en una superficie de160 kilómetros cuadrados –Hierro ocupa 264–. Ni siquiera tiene ejército. Lo disolvió en 1868. Eran 90 hombres.

Vuelvo al fútbol. Lopetegui metió en la segunda parte a Nacho por Ramos y a Iago Aspas por Silva. El céltico hizo el 0-5 (min 51) y Morata el 0-6 (min 54). Entonces España agotó los cambios al sustituir Deulofeu a Isco. Pero no alteró la película. Con una posesión del 75%, la Selección no arriesgaba atrás, controlaba en el centro y apretaba en vanguardia. Ni siquiera tenía que hacer faltas. Jugaba, combinaba, profundizaba y chutaba, para que Jehle enjugara el error de aquel tercer tanto y goleaba (0-8). Continuaba con la defensa de tres y Piqué subía al remate más que cuando el Barça le desespera. Y así, de gol en gol, España da otro pasito «p’alante» en la clasificación inmaculada hacia el Mundial de Rusia’2018.

0 - Liechtenstein: Jehle; Quintans (Yyldiz, m.60), Malin, Kaufmann, Goppel; Buchel, Salanovic, Hasler, Wieser, Burgmeier (Wolfinger, m.83); y Polverino (Sele, m.78).

8 - España: De Gea; Piqué, Sergio Ramos (Nacho, m.46), Monreal; Busquets, Iniesta, Thiago, Isco (Deulofeu, m.55); Pedro, Morata y Silva (Iago Aspas, m.46).

Goles: 0-1, m.3: Sergio Ramos. 0-2, m.15: Morata. 0-3, m.16: Isco. 0-4, m.39: Silva. 0-5, m.51: Aspas. 0-6, m.54: Morata 0-7, m.62: Aspas. 0-8, m.90: Göppel, en propia meta.

Árbitro: Ivaylo Stoyanov (Bulgaria). Amonestó a Wieser (55) por Liechtenstein; y a Busquets (80).

Incidencias: encuentro correspondiente a la octava jornada del Grupo G de clasificación al Mundial 2018, disputado en el estadio Rheinpark Vaduz.

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