Moto GP
José Manuel Martín

«Va por el de los recambios»

Márquez se dispara en el Mundial arriesgando. Es el que más gana y también el que más se cae

Ha ganado más carreras que nadie (5) y al mismo tiempo tiene más ceros que cualquier otro (3). Márquez se siente cómodo en los extremos y le pone una sonrisa a los problemas. Se ha caído 22 veces esta temporada y por eso quiso subir al podio ayer con el encargado de los recambios del equipo. «Va por él, que le estoy obligando a terminar muy tarde de trabajar muchos días», bromeaba Marc, que va a hacer las maletas para Asia como líder en solitario del Mundial. El campeonato se empieza a definir y todos los caminos van hacia otro título para el «93».

Las sensaciones no eran las mejores en Motorland, pero qué problema hay cuando estás en un circuito de tus favoritos, la afición ha venido a verte y te estás jugando un Mundial... «Cuando corro en casa me hierve la sangre», reconocía Marc, al que se le volvió a apagar el interruptor que activa el dispositivo de su cerebro para ser conservador. Volvió a arriesgar porque es lo que le sale natural, su estilo es así y de esta forma ha ganado todo lo que ha ganado hasta ahora. No va a cambiar porque no puede y no hay mucho más que hablar. Tan sencillo y a la vez tan complicado. «Si no hubiera arriesgado habría terminado tercero», admitía. Y lo hizo desde el principio hasta el final. Primero, para coger ritmo e ir subiendo posiciones tras un arranque frío y, después, para adelantar a Rossi y Jorge Lorenzo, que encabezaban la prueba.

La curva 12

Allí estuvo a punto de volver a probar el asfalto, pero decidió irse largo para evitar el accidente, tal y como había advertido el sábado. Se había caído en entrenamientos buscando el límite, pero en carrera las reglas son otras y está prohibido irse al suelo. «Una vez más, los errores anteriores me han ayudado», desvelaba, como si tuviese programados hasta los fallos a cometer.

Fue de menos a más, en una remontada que es al mismo tiempo un punto de inflexión en el campeonato. Nada volverá a ser lo mismo después de Alcañiz y antes del viaje a Japón, Malasia, Australia y al cierre en Valencia. Este campeonato es indescifrable, con mil cambios de guión y tramas inesperadas, pero el golpe que le pegó ayer el «93» al Mundial fue considerable. Y no sólo por su victoria, también por el naufragio de los otros dos candidatos. Fue un mal día para Dovizioso y Maverick. No había más que ver sus caras para darse cuenta. El italiano sabía que iba a sufrir en un circuito que no se adapta a su pilotaje y en el que entre el agua y la niebla se quedó sin tiempo suficiente para probar cosas. Sufrió en la última parte de la carrera, acabó séptimo y se dejó 16 puntos con Marc. Muchos, no sólo por la cantidad, sino también por las sensaciones que transmitieron.

Maverick, al límite

En lo de las sensaciones también anda mal Viñales, que sigue enredado en una espiral a la que no encuentra salida. Se decidió por el neumático duro y no le funcionó en ningún momento. «Visto lo de hoy ya no se puede pensar en el campeonato», decía con cara de enfado. Luego matizó un poco estas declaraciones: «Uno nunca tira la toalla. No lo he hecho en mi vida. No soy una persona que lo haga, pero es difícil creer que se puede recuperar esto viendo lo fuertes que están los rivales». No encuentra el «feeling» de comienzos de curso y se le está escapando la oportunidad de debutar en Yamaha con el título mundial. Necesita remontar 28 puntos y no da con los argumentos para creer en ello, cuando en las primeras seis carreras era él quien dominaba con una buena renta respecto al segundo. El que manda ahora es Marc sin ninguna discusión, por mucho que en el equipo traten de poner tranquilidad y recordar que hay que seguir trabajando «partido a partido». Si la moto no va, es Márquez el que pone lo que falta, como sucedió ayer, y ya empieza a oler la sangre de su cuarta corona de MotoGP en cinco años en la máxima categoría. Casi nada.

Choque Rossi-Dani

A Pedrosa le molestó que el italiano le llevase casi hasta el límite de la pista cuando lo adelantó a más de 300 kilómetros por hora. «No ha sido bonito, luego que no se queje cuando sea al revés», decía. Valentino no tardó en responder: «Si se enfada, que corra solo. Así tendrá todo el espacio para él».

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