Selección Española
Domingo García

Gritos e insultos contra Piqué en el primer entrenamiento de la Roja en Las Rozas

El jugador fue recibido con pitos e insultos por la afición en el único entrenamiento de la Roja abierto al público.

Veintitrés minutos de entrenamiento. No hacían falta más después del recibimiento de la grada a Gerard Piqué para que los futbolistas de la Roja regresaran al vestuario. Apenas cinco se quedaron sobre el césped ensayando disparos a puerta. «Sólo quiero que te vayas, sólo quiero que te echen. Eres vomitivo», era la pancarta que recibía al central de la Selección a la llegada a la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Era sólo el calentamiento para lo que le esperaba a su salida al campo de entrenamiento.

«Piqué, fora» era la otra pancarta que recibía al central azulgrana. «Fuera, fuera», se escuchaba antes de que asomara por el césped. Nunca hubo tantos periodistas para un entrenamiento de la Selección –se triplicaba el número habitual– ni tanta presencia de la Guardia Civil. Doce efectivos identificados y agentes de paisano vigilaban que no hubiera problemas de orden público. Los gritos de «Viva la Guardia Civil», «Viva la Policía Nacional» y «Viva España» se mezclaban con el «Julen, échale», el «Piqué, cabrón, España es tu nación» y «Piqué, cabrón, fuera de la Selección». Los ritmos de las rimas no tienen por qué ser perfectos cuando nacen de las tripas y el odio. Y había mucho de eso en las aproximadamente mil personas que presenciaban los ejercicios de los internacionales en la «casa» de la Selección. Los aplausos, que los hubo, eran escasos. Los gritos se repitieron cuando los jugadores abandonaron el campo. No había nadie preocupado por coleccionar autógrafos ni hacerse fotos. Las ganas de insultar podían más. Los aficionados esgrimían la bandera de España y la camiseta de la Roja como un arma contra el defensa. La Federación no se planteó cerrar el entrenamiento al público a pesar de que el recibimiento no se esperaba que fuera mucho más amable. Los de hoy y mañana serán a puerta cerrada, como es costumbre. El entrenamiento de exhibición que suele conceder el seleccionador para los hinchas quedó en nada.

«No se debe dudar de Gerard Piqué», decía Jonathan Viera, uno de los nuevos, a su llegada a la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. «Está comprometido con la Selección», añadía. «Lo normal es que se le trate como un jugador más. El compromiso que siempre ha demostrado con la Selección es intachable, incontestable, siempre ha respondido de la mejor manera posible. Es un jugador muy importante para el equipo», afirmaba Pedro antes de viajar a Madrid. «Tiene estas ideas, estos ideales, estos valores, los defiende y es valiente sabiendo que se puede poner a mucha gente en contra. Pero dentro del campo no se le puede decir nada», añadía. Se esperaban también las declaraciones de Sergio Ramos, pero la Federación recomendó al capitán que no hablara. El madridista ya comentó la semana pasada que los tuits de Piqué no ayudan a que no se le pite.

Gerard Piqué llegó pronto a la concentración de la Selección en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Los jugadores estaban convocados entre las cinco y las seis y eran poco más de las cinco y veinte cuando llegaba el defensa acompañado de Bartra, Jordi Alba y Sergi Busquets y sin hacer declaraciones. Ya había dicho todo el domingo, después del partido del Barcelona contra Las Palmas. «Si el seleccionador o cualquier persona de la Federación cree que soy un problema o que molesto no tengo ningún problema en dar un paso al lado y dejar la selección antes de 2018», decía tras asegurar que no veía ningún problema en seguir defendiendo la camiseta de España hasta la Copa del Mundo del próximo verano. La misma con la que ha ganado un Mundial y una Eurocopa y la misma con la que se vio jugar a su hijo mayor, Milan, sobre el césped del Bernabéu después de ganar a Italia el mes pasado. Sus palabras reafirmaban también su deseo de abandonar la Selección después de la Copa del Mundo, algo que ya anunció hace un año después del partido contra Albania, el mismo rival del viernes.

El partido en Alicante contra Israel puede servir para medir la paciencia de Piqué con los gritos de su propia afición. Ya ha comprobado que su nivel de tolerancia es alto, pero nunca el grado de hostilidad había sido tan elevado. La tensión en el ambiente era grande y puede trasladarse al vestuario, donde no siempre han caído bien los comentarios públicos del azulgrana. Después, España jugará en Israel el lunes el último partido de clasificación para el Mundial, pero aún quedarán tres partidos más en suelo español antes de Rusia. Amistosos en noviembre, en marzo y en junio que podría ahorrarse incluso si mantiene su idea de abandonar la Roja después de la Copa del Mundo.

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