El desafío independentista
La Razón

El presidente de la ANC en el asedio a la Guardia Civil: «Puedo hacer un pasillo a través de la multitud para que salga la comitiva judicial»

Un teniente de la Guardia Civil relata cómo la responsable de los Mossos se negó a desalojar a los manifestantes

“Soy el responsable de la Guardia Civil encargado de registrar, el pasado 20 de septiembre, la sede de la Secretaría General de la Vicepresidencia, Economía y Hacienda por orden del titular del juzgado número 13 de Barcelona”. Así comienza la declaración policial del teniente encargado de buscar pruebas de la organización del referéndum ilegal del 1 de octubre y a la que ha tenido acceso LA RAZÓN. Su testimonio es fundamental para entender las horas de tensión y crispación que se vivieron en La Rambla Cataluña con una multitud rodeando a la Guardia Civil. “Llegamos a la sede a las 8.00 de la mañana. En ese momento se preparó un dispositivo dirigido a dar seguridad a la comitiva judicial y a garantizar la orden del juez de registrar el edificio”. Todo parecía tranquilo. Se colocó a una pareja de guardias civiles en la puerta acompañando a dos Mossos d´Esquadra que ya estaban allí en labores de seguridad ciudadana. Poco más tarde se les unieron otros seis Mossos más.

Los medios de comunicación tardaron quince minutos en informar de la operación que se estaba desarrollando. Según el atestado de la Guardia Civil: “La difusión de la noticia originó una cascada de reacciones en cadena a través de las redes sociales entre las que destacan las de los líderes de dos organizaciones independentistas, Jordi Sánchez, de la ANC (Asamblea Nacional Catalana) y Jordi Cuixart, de Omnium Cultural. En estos mensajes se observa cómo hacen un llamamiento a la protección de sus gobernantes e instituciones mediante movilizaciones masivas frente a los lugar que se estaba registrando. Sobre las 10.00 de l mañana comenzó a congregarse una gran multitud de individuos junto a Consejería de Economía. Hubo que desviar la circulación y el ambiente se fue crispando poco a poco”.

Como el número de personas aumentaba cada vez más, el teniente pidió en dos ocasiones a la responsable de los Mossos, una intendente, que alejase de la entrada a los manifestantes. “Me contestó que no podía y que su intención era mantener la situación tal y como estaba. Decidí entonces cursar la solicitud por el conducto reglamentario puesto que no había medio metro entre mis agentes de la entrada y la multitud. A las 10.45 creció el número de manifestantes con actitud agresiva. Se subieron a los coches de la Guardia Civil y empezaron a lanzar objetos no contundentes. Volví a requerir a la intendente para que alejase a la masa de la entrada y estableciese un cordón que llegase hasta nuestros coches. Primero para facilitar la entrada de los tres detenidos que habíamos hecho y registrar con ellos sus despachos, tal y como establece la ley. Segundo, porque en el interior de los vehículos llevábamos armas largas y si los manifestantes accedían a su interior se incrementaba la amenaza de forma severa. Me respondió otra vez que no podía y que pensaba mantener la situación como estaba”.

El ambiente se fue caldeando y sobre las 12.30 la multitud asaltó los coches de la Guardia Civil. “Se lo comuniqué a la responsable de los Mossos. También que la actitud de la masa era cada vez más agresiva. Se limitó a responderme que estaba valorando cómo realizar una posible intervención. Poco después un inspector de los Mossos se me presentó dentro del edificio acompañado de Jordi Sánchez, presidiente de la ANC. Me informó de que él era un interlocutor válido para negociar en nombre de los manifestantes que se agolpaban a las puertas. Le dije que debía dejar pasar a los tres detenidos para poder registra sus despachos y que así lo ordenaba un juez. Me contestó: “No voy a permitir que accedan en coches de la Guardia Civil, ni con personal uniformado”. Por intentar salvar la situación, acepté usar vehículos camuflados y guardias de paisano, pero también lo rechazó. “Puedo dar instrucciones para que se cree un pasillo con voluntarios y que los detenidos puedan pasar caminando acompañados de los agentes”, me ofreció. No acepté porque no era seguro, pero como Jordi Sánchez mostraba capacidad para controlar a los manifestantes, le solicité que alejase a la gente cuatro metros de la puerta y así poder salir un momento a coger las armas que teníamos dentro de los vehículos. Se negó”, explicó el teniente. A las 14.00 un responsable policial informa de que en el exterior ya se han concentrado 10.000 personas. “Es a esa hora cuando la responsable de Mossos llama por teléfono e informa a sus superiores de mi petición sobre los vehículos y las armas”.

A las 22.00 el registro ordenado por el juez estaba a punto de acabar. “Se presentó de nuevo dentro del edificio Jordi Sánchez junto a la intendente de los Mossos. El señor Sánchez me comunicó que en el exterior se habían congregado 60.000 personas y que él podía hacer un pasillo de unos 200 metros a través de la multitud para que pudiera salir andando la comitiva judicial, pero nunca el personal de la Guardia Civil uniformado”. El teniente se negó. “Poco más tarde observé que uno de los organizadores de la concentración se dirigía a los manifestantes por megafonía alentándoles a continuar la protesta”.

A las 00.00 la intendente de los Mossos es relevada por un comisario. “Él se mostró partidario de evacuar a la gente en ese momento a través de una salida que atraviesa el edificio contiguo, ya que debido a la agresividad de la masa era imposible salir por la puerta principal”. Tampoco se hizo y todos, agentes y comitiva judicial, aguardaron dentro de la Consejería de Economía.

De madrugada, pasadas las 4.00, la concentración disminuyó notablemente: “Fue entonces cuando los Mossos realizaron un cerco que permitió la salida de todos los que habíamos participado en los registros. Entre ellos yo mismo. Estuvimos sitiados sin poder salir durante 18 horas. El ambiente en el exterior fue tenso y hostil. Nos arrojaron objetos y nos insultaban continuamente. Coreaban frases como “Esta noche dormiréis aquí”. Sobre las 3.00 de la madrugada los manifestantes cargaron con violencia contra las puertas del edificio en el que habíamos terminado ya el registro y hubo que sujetarlas con fuerza porque parecía que la masa podía tirarlas abajo y acceder”.

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