El desafío independentista
Ángel Nieto

En el feudo constitucionalista: «Puigdemont ha hundido a Cataluña en el caos»

La mayoría de los vecinos de la localidad no son secesionistas y temen que el odio que se está sembrando rompa del todo la sociedad: «Son demasiados y nos bloquean».

Las banderas de España decoran las fachadas de las viviendas de Badía del Vallés. En algunos conviven en calma con la Senyera. Y es que en este municipio de poco más de 13.000 habitantes de la provincia de Barcelona se sienten catalanes, pero catalanes españoles y quieren dejarlo claro. Frente a la tensión de la capital, aquí se respira tranquilidad, como si lo del referéndum no fuera con ellos. Se han abierto dos centros de votación, un centro cívico de la Generalitat y el instituto del pueblo. Pero no hay colas, apenas una decena de jóvenes se agolpa en sus alrededores y los Mossos les ponen como excusa para no cerrar el centro. «Son demasiados y nos bloquean», dice un agente con cierta vergüenza al darse cuenta de lo inconsistente de su argumento.

«Aquí no somos independentistas. Algunos quieren meter follón y no se dan cuenta de que lo que hacen no tiene ningún valor. Es un pitorreo, sinceramente. No he ido a votar, pero he pasado por el colegio y estaba vacío. Que no digan que ha sido un éxito», expresa Esperanza, nacida en Córdoba pero que lleva viviendo en Badía del Vallés más de 40 años. «Mis hijos y mis nietos han nacido en Cataluña y temo que esto que hacen los independentistas genere odio en la sociedad», reconoce. Esta funcionaria de 59 años ya ha notado ciertos roces. «La gente habla con segundas intenciones, malos gestos... Lo que han hecho los políticos actuales es que no haya términos medios. O estás con ellos o contra ellos. Falta diálogo. También por parte del Gobierno central», añade Esperanza mientras su esposo Rodolfo asiente. «Aquí siempre ha habido muy buen rollo entre los vecinos. Ahora, uno pone una bandera y algunos le miran raro y al día siguiente ponen la estelada», añade Rodolfo. En el Ayuntamiento de esta localidad, el PSOE es incombustible y los partidos independentistas, por mucho que algunos insistan, residuales. Este municipio fue construido en los coletazos del franquismo y creó en él una especie de ciudad dormitorio de Barcelona. Un nicho de trabajadores que todavía siguen viviendo en edificios de protección oficial y donde el nivel económico es notablemente más bajo de la media catalana. Por eso, muchos como Javier, de 26 años, aseguran que «a mí esto del referéndum ni me va ni me viene, yo a trabajar, que es lo que hay que hacer». No quiere perder ni un minuto en un «asunto que no va a ningún sitio». De su opinión es Juan, de origen granadino, que teme que independizarse llevaría a Cataluña a la ruina. «Sería el caos, subirían los precios... Que nos dejen tranquilos», dice enfadado. «Esto es una vergüenza, Puigdemont no va a sacar nada de esto más que un pueblo dividido y violencia. Este hombre ha hundido Cataluña en el caos», dice sin tapujos César, que se dirige al centro de jubilados a bailar. «Tengo una pensión muy humilde y el Gobierno de Cataluña en vez de invertir en políticas sociales para ayudar a los que hemos trabajado toda la vida, se dedica a gastar el dinero en consultas independentistas. ¿En qué mundo vivimos?», sentencia.

Outbrain