El desafío independentista
Ángel Nieto

En el feudo independentista: «España nonos interesa. Son monstruos, psicópatas»

En la primera localidad en convocar un referéndum en 2009 no hubo presencia policial: «Teníamos que estar preparados. Esto es o nosotros o la dictadura española».

Un cartel de «No pasarán» recibe a los visitantes de Arenys de Munt a la altura de la Rambla San Martí, la principal vía de esta localidad de 9.000 habitantes que ayer «declaró» de manera unilateral su independencia. O eso aseguran sus lugareños. Los bares cerraron antes de la hora. Estaban de fiesta y los camareros también querían unirse al jolgorio. En esta localidad a 45 kilómetros de Barcelona no cabía un alfiler y en una pantalla proyectaban en directo el canal autonómico TV3 que en ese momento conectaban en directo con el pueblo. La periodista dirigía a la audiencia: «Ahora», indicaba al tiempo que se desencadenaba un júbilo desenfrenado. Aquí el el castellano brilla por su ausencia y sospechan de todo aquel que no les habla en catalán. Se burlan de Mariano Rajoy mientras comparece en directo desde La Moncloa. Arenys de Munt es la cara más radical del fervor separatista. Ellos, aseguran, no sienten ninguna conexión con España. «Hemos votado, hemos votado», gritaba la multitud.

Este enclave catalán ya está acostumbrado a las consultas soberanistas. De hecho se convirtió en 2009 en la primera localidad en convocar a sus habitantes a un referéndum. «España no nos interesa, son monstruos, psicópatas. No les vamos a perdonar jamás lo que nos han hecho. Yo estoy harta de que nos tomen por tontos. ¿Por qué yo pago aquí tanto dinero por una casa mientras en Extremadura se paga la mitad? Estoy harta de que me miren raro en España por hablar catalán. Es mi lengua, mi cultura. Cataluña es un país y tienen que respetarlo», dice tranquila Meritxel, de 43 años. Su esposo, Miguel, dice que sus padres no son independentistas y que no por ello les ha dejado de hablar pero se siente dolido porque no les quieran dejar decidir su futuro. «Checoslovaquia, los países balcánicos se independizaron y no pasó nada. Nadie les llevó la contraria. Aquí no nos quieren dejar votar, pero que no nos metan miedo, porque cuantas más amenazas recibamos más fuerte va a ser su respuesta. Eso no quita que hoy me haya sentido violento al votar», añade él.

En Arenys no hay ni Policía Nacional ni Guardia Civil. Tampoco se ve a Mossos. «No se atreven con nosotros. Han ido a por pueblos pequeños, pero aquí ni se les ha visto. Que se preparen si quieren hacerlo», dice Carlos, de 25 años, mientras se lía un cigarrillo. María y Andreu explican que durante toda la jornada, a través de mensajes de texto se han ido comunicando con vecinos de otros pueblos y avisaban si veían a algún coche de Policía en localidades cercanas. «Teníamos que estar preparados. Esto es o nosotros o la dictadura de España», dice el matrimonio. «Sé que hoy no hemos decidido nada realmente, ha sido un aviso de que se nos escuche, porque el año que viene lo conseguiremos», añade Carlos, mientras los presentes empiezan a corear el nombre de Puigdemont. Él es su héroe.

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