El desafío independentista
J.M.Zuloaga

Los independentistas buscan un «mártir» a manos de la Policía Nacional o la Guardia Civil

Tratan de provocar que algún agente, acorralado y para evitar un linchamiento, tenga que disparar su arma reglamentaria

Los escraches y concentraciones contra instalaciones y alojamientos de agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil tratan de llegar a un “hecho irreparable”, en el que, por alguna circunstancia, alguno de los atacantes se convierta en “mártir”, en el “icono” de la rebelión secesionista.

De lo que se trata es de generar una situación en la que un agente de la Guardia Civil o de la Policía, al verse aislado y con peligro de linchamiento o muerte, haga uso de su arma. Hasta el momento, pese a las continuas provocaciones, la profesionalidad de los funcionarios ha evitado males mayores.

Según han informado a LA RAZÓN expertos en la materia, no hay más que fijarse lo que ocurrió cuando los últimos guardias civiles abandonaron el hotel de Calella donde se alojaban, después de que su director recibiera “indicaciones” de la alcaldesa de CiU y sus familiares amenazas de muerte. Al final, tuvo que cerrar el establecimiento.

No contentos con su “triunfo”, algunos individuos golpeaban los últimos coches oficiales, trataban de meter la cabeza por las ventanillas para agredir en la cara a los agentes y que, por supuesto, estos respondieran. No lo lograron pero, como comenta a LA RAZÓN uno de ellos, estamos tragando “sapos y culebras”.

Los grupos extremistas que se mueven en el entorno de la CUP, que son los que protagonizan estos actos de intimidación, con el apoyo de los que se les suman en cada momento y la pasividad de la Generalitat y su policía autonómica, se han fijado un plan a medio plazo.

La finalidad es la expulsión de la Policía Nacional y de la Guardia Civil de Cataluña. Para ello, un “mártir” que hiciera de icono de la rebelión sería el mejor de los escenarios.

La intervención de los agentes de ambos cuerpos para cerrar colegios electorales que no habían sido clausurados por los Mossos degeneró en una serie de incidentes, planificados según las citadas fuentes, ante los que las Fuerzas de Seguridad tuvieron que intervenir para cumplimentar la orden que otros habían dejado sin hacer. De paso, tuvieron que evitar, entre otras cosas, situaciones de linchamiento.

Del “España nos roba”, al “España nos pega”. Este parece ser el lema de los extremistas que, por la publicidad conseguida, han logrado un primer paso en esta estrategia. El siguiente, sería: “España nos mata”.

A lo ocurrido el domingo, han seguido manifestaciones, escraches y el desalojo, por la fuerza de los hechos y ante el temor de los propietarios de los hoteles, de los agentes de Policía y Guardia Civil que residían en esos locales. Y otros muchos incidentes.

Todo esto –agregan las mismas fuentes- es el comienzo de una estrategia perfectamente planificada que precisa de eso hecho puntual, el “mártir”, con el fin de que toda la maquinaria para la expulsión de Policía y la Guardia Civil de Cataluña se ponga en marcha.

La profesionalidad de los agentes hace muy difícil que esto ocurra pero no se puede descartar que en algún momento logren acorralar a algún funcionario policial en medio de una masa violenta y éste tenga que hacer uso de su arma para evitar el linchamiento y salvar su propia vida. La situación es realmente delicada y, si los Mossos colaboraran con todo su potencial, no tendría por qué producirse.

La actuación de los extremistas es de “manual”. Ellos, los pacíficos, los amantes de la paz y la naturaleza, han de enfrentarse a los “invasores” de su “idílica patria”. No tienen, por supuesto, la suficiente inteligencia como para redactar manuales dignos de un “nóbel revolucionario”, por lo echan mano de los ya escritos. Lo primero y principal, es marcar esa diferencia entre quién es el pacífico (curiosamente los malos) y el violento (las Fuerzas de Seguridad del Estado).

A partir de ahí, aplicar una serie de puntos que no sólo conciernen a Policía y Guardia Civil, sino a todos los que se oponen a la secesión: “La lucha no violenta (la que, por lo visto practican los separatistas) es una técnica mucho más variada y compleja que la violencia. A diferencia de ésta, es una lucha que emplea armas políticas, económicas, sociales y sicológicas, aplicadas por la población y las instituciones de la sociedad. A estas armas se les ha conocido bajo diversos nombres, como protestas, huelgas, desobediencia o no cooperación, boicot, descontento y poder popular (...) El desafío político, a diferencia de la violencia, es el instrumento idóneo”.

Por lo que se refiere a las huelgas y manifestaciones., subraya el manual que “existe una multitud de procedimientos que les permiten a los estrategas de la resistencia tanto concentrar como dispersar la resistencia, según haga falta. Se han podido identificar hasta cerca de doscientos métodos de acción no violenta y, por supuesto, hay muchos más. Estos procedimientos se clasifican en tres grandes categorías: protesta y persuasión; no cooperación e intervención”.

En el colmo del engaño, admiten que en algunos casos (es decir que el manual sirve para una cosa y la contraria) · una violencia limitada puede ser inevitable. La frustración y el odio contra el régimen pueden explotar violentamente. O bien, ciertos grupos pueden utilizar medios violentos aún cuando reconozcan el importante papel de la lucha no violenta”.

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