Atentado en Barcelona
Ángel Nieto

La última llamada de Pau: «Mamá, papá, estoy bien»

El cooperante fue reconocido como la víctima número 15. Younes le apuñaló en su huida

La Basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès se quedó ayer pequeña para acoger a todos los que quisieron dar el último adiós a Pau Pérez Villán, la víctima número 15 de los atentados de Cataluña. Hasta ayer por la mañana no se le reconoció como tal. El jefe de los Mossos, Josep Lluís Trapero, confirmó ayer que Pau era el propietario del Ford Focus blanco que se saltó un control policial en la avenida Diagonal poco después del atentado de las Ramblas. Su autor, Younes Abouyaaqoub, tras perpetrar el terrible atropello que acabó con la vida de 13 personas, salió huyendo Ramblas abajo y en la zona universitaria asaltó al joven de Vilafranca cuando se encontraba aparcando su coche, a escasos 100 metros del Camp Nou. Tras apuñalarlo, el terrorista dejó el cuerpo en los asientos traseros y huyó conduciendo dirección Sant Just Desvern. En el polígono industrial de la localidad, los Mossos encontraron aparcado el coche con el cadáver de Pau dentro.

El fatídico 17A, Pau viajó alrededor de las 17:30 horas desde Vilafranca a Barcelona para visitar a su abuela. Ya se había enterado de lo ocurrido en las Ramblas y avisó a sus padres de que se encontraba bien. Pero una hora después, cuando buscaba aparcamiento, Younes Abouyaaaqoub le quitó la vida para huir con su coche, convirtiéndose en la víctima número 15.

Tenía 34 años y trabajaba como ingeniero en la fábrica de Seat en Martorell. Sus amigos hablan de él como «una persona afable, simpática, que nunca levantaba la voz. Estar con él era siempre alegría». Pero si algo destaca de Pau era su altruismo y su espíritu de ayuda a los demás. En la parroquía de Vilafranca fue catequista de los grupos de confirmación, pero su inquietud y espíritu viajero le llevaron a pasar largas temporadas lejos de su tierra. El último curso de universidad lo pasó de Erasmus en Argentina y allí no dudó en realizar trabajos de cooperación en El Charco, una de las localidades más pobres del país. Allí le recuerdan como «una gran persona». «El mundo brilla menos sin vos, se te extraña», escribió una de sus amigas argentinas en Twitter. Más tarde, en 2012, tras el terremoto de Haití, se trasladó a la isla con la ONG Pasaporte para la Cooperación para realizar tareas de reconstrucción. «Le sobraba humanidad y humildad, era una persona que lo dejaba todo por amor y que construyó sueños y techos para que otros pudieran refugiarse de la lluvia», recordaron los voluntarios que trabajaron junto a él en una carta.

Sus familiares se han quejado de su falta de reconocimiento, pues en el embrollo de las informaciones iniciales se le confundió con un terrorista. Ayer, finalmente, se le hizo justicia. Sobre todo en su Vilafranca natal, donde se le despidió con una emotiva ceremonia a la que acudieron familiares, amigos y decenas de vecinos. Entre ellos, sus compañeros del colegio Sant Ramon de Penyafort, muchos integrantes de los Castellers de Vilafranca y de Els Falcons, «collas» en las que colaboraba frecuentemente, y también de los tres equipos de fútbol donde Pau jugó, el FC Vilafranca, la Agrupación Esportiva Moja y la Fundació Atlètic Vilafranca. Fueron ellos los que llevaron el ataúd a hombros desde el coche fúnebre hasta el templo.

El joven participaba activamente en la vida asociativa y deportiva de su pueblo, por lo que era muy querido. Y eso quedó patente en su entierro. En la basílica de Santa María no había sitio para tanta gente que se acercó a despedirse, así que muchos esperaron fuera. A la salida del féretro, el interminable y conmovedor aplauso con el que su pueblo despidió a Pau y el pilar que los castellers de la localidad formaron en su honor, reconfortó la familia y a todos los que le querían, enfadados por la tardanza en su reconocimiento como víctima del terrorismo.

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