Atentado en Barcelona
Ángel Nieto

«My boy, my boy!»

Los Mossos confirmaron ayer la muerte de Julian Cadman, de 7 años, al que su madre llamaba desconsolada tras el ataque

Su rostro inundó las redes sociales la trágica tarde del 17A. Los familiares del pequeño Julian Cadman no le encontraban. Tenía siete años e iba con su madre por las Ramblas cuando una furgoneta les arrolló a ambos. Del golpe cada uno fue lanzado a un lado del bulevar en la mitad de esa trayectoria letal que comenzó en la plaza de Cataluña y terminó a los pies del Liceo. Ayer, después de tres días de informaciones contradictorias, los Mossos confirmaron que este niño de doble nacionalidad (australiana y británica) era la víctima número 9 de los 13 que fallecieron en el ataque, al tiempo indicaban que habían identificado a otros dos fallecidos: uno italiano y otro belga.

Pese a que el sábado todo parecía haber sido una pesadilla y que el niño se encontraba ingresado en el Hospital de Sant Pau, las esperanzas se desvanecían. Fue el padre del menor, Andrew Cadman, quien se trasladó de urgencia a Barcelona e identificó el cuerpo sin vida de Julian en las instalaciones de la Ciudad de la Justicia, que se ha convertido en una morgue improvisada. Era él. Los Mossos no habían querido dar ninguna información acerca del pequeño hasta que su padre no estuviera en la Ciudad Condal.

Los Cadman se habían separado hace unos días cuando Jumarie, conocida entre sus amigos por el apelativo Jom, acudió con su hijo a Barcelona desde Sidney, donde vivían desde hace tres años, para asistir a la boda de una amiga. Querían aprovechar su estancia para hacer turismo y las Ramblas no podían faltar en su recorrido. Allí se rompieron sus sueños. El niño quedó tendido en el suelo tras el impacto de la furgoneta que arrasó al filo de las cinco de la tarde este punto emblemático de la capital catalana. Su madre estaba herida de gravedad y los Mossos la trasladaron de inmediato a una farmacia que estaba a diez metros de la avenida. «Estaba llena de sangre, tenía las piernas rotas, un hematoma enorme en la cara y el ojo destrozado», explican a LA RAZÓN los trabajadores que atendieron a Jom y a otra mujer que también estaba malherida. «Estaba consciente, pero no podía moverse. No paraba de decir: ‘‘My boy, my boy’’ (mi hijo, mi hijo). Le dijimos que nos contara cómo era. Ella nos dio todos los datos, su nombre, cómo iba vestido, su estatura... Pero claro, no podamos salir de la Farmacia porque la habíamos cerrado para protegernos», aseguran estos trabajadores que prefieren permanecer en el anonimato y que huyen de ser definidos como héroes y que no son capaces de borrar una imagen de sus cabezas: los cuerpos tendidos en la Rambla, tapados con mantas, que vieron más de cinco horas después del atentado. Sólo entonces les dejaron salir.

Tampoco pueden olvidarse de la madre de Julian. «Aquí había unas 50 personas. Fue una situación muy complicada. Jom quería buscar su móvil, el cual tenía guardado en sus leggins negros, pero no lo encontraba y estaba nerviosa. Era consciente de todo lo que ocurría, pero no podía hacer nada. También nos decía que no sentía la pierna, así que le dimos toda la ayuda que pudimos, toallas para contener la sangre, gasas...», añaden. En menos de 30 minutos vino una ambulancia a desalojarla. Primero se llevaron a la otra mujer que no paraba de sangrar y a continuación a la madre de Julian. Se fue sola. Pero su preocupación por que el pequeño no se quedara solo se cumplió. Mientras ella permanecía inmóvil en la botica, un ciudadano británico que se encontraba de vacaciones en Barcelona, Harry Athwal, vio lo que ocurría desde la ventana del restaurante donde comía con su familia, entre ellos su hijo de ocho años. Fue corriendo donde estaba el pequeño Julian y le cogió la mano. «Estaba inconsciente, tenía la pierna rota y salía sangre de su cabeza. Vi que no tenía pulso. Así que puse mi mano en su espalda y su pelo mientras me caían las lágrimas. No iba a dejar que este niño estuviera solo en medio de la calle pese a que así me lo pidieron los policías. Vi en él a mi hijo», relata este hombre natural de Birmingham a «The Mirror», que ha decidido huir del hotel en el que se alojaba tras sentirse desbordado por la presión de los medios. Su instinto, sin embargo, está sirviendo de calmante para los padres del pequeño que ahora viven su duelo en el Hospital Vall D’Hebron, donde Jom se recupera de las graves heridas.

Outbrain