El desafío independentista
J.M.Zuloaga

Trapero: que el trabajo sucio lo hagan los «pikos»

El mayor de los Mossos, José Luis Trapero, ha jugado, y cree que ha ganado, una baza peligrosa. Ha ofrecido en bandeja oxidada a sus jefes la intervención de la Policía y de la Guardia Civil para cerrar determinados colegios electorales que sus agentes no habían podido clausurar. Tiene a sus órdenes más de 17.000 hombres y no acertaba a cumplir una orden de la Justicia. Él sabrá porque ha hecho lo que ha hecho pero que, no lo dude, tendrá consecuencias.

Es probable que Trapero, se sienta ufano por los «objetivos conseguidos». Además, tendrá siempre tras sus espaldas el haber contribuido a acrecentar la división interna en el cuerpo de la seguridad que dirige. La estrategia de poner una vela a Dios y otra al diablo; de estar contigo y, si conviene, con el otro; asistir o no asistir, según las conveniencias, carece de importancia cuando se incumplen las órdenes que le llegan de la Justicia, en concreto de la Fiscalía y del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Los puntos de votación de la consulta tenían que haber sido cerrados a partir de la tarde del viernes, en concreto de las 15 horas, y los agentes a sus órdenes no lo hicieron. Malo, porque ahora vendrán las consecuencias y la lista de presuntos delitos, empezando por el de desobediencia, es de examen final de la asignatura de derecho penal.

Trapero, que va de sobrado y que dictó una larga orden para sus funcionarios, en que se decía una cosa y la contraria, parecía tener la intención de quedarse al margen de todo lo que implica la aplicación, con todas las consecuencias, de las órdenes que emanan de la Justicia. Eso sí, les dejó muy claro que de violencia, de usar las defensas reglamentarias, nada de nada.

Resultado: lograron cerrar 196 colegios pero, atención al dato, solicitaron la colaboración de la Policía y de la Guardia Civil en 233 ocasiones. Ya tenían garantizada la fotografía de las UIP policiales y GRS de la Benemérita actuando con la resolución que requería el caso, similar a la que unidades de otros países europeos utilizan. Pero una foto es una foto, y cuando el referéndum se les ha ido por la taza del wáter bien vale. Ya que no cuela lo de que España nos roba, pues lo de que España nos pega.

Trapero, le guste o no le guste, está en el centro de esta perversa estrategia, que no apoyan todos sus policías, ni mucho menos. Ha quedado muy bien con sus jefes (¡qué papelón!) y la vez, si se da el caso, es la víctima propiciatoria, que, por lo visto, recibe los palos de todos los sitios. No hay quien se crea ese argumentario. Sus conocidos desplantes al coronel Pérez de los Cobos; al general Gozalo y al comisario principal Trapote, marcaban el comienzo de lo que iba a ocurrir. Mientras, los agentes de la Policía y la Guardia Civil venidos de toda España, a los que no se ha dejado intervenir, incluso cuando sus compañeros se hablaban en peligro, estaban sometidos a un control y a unas normas de actuación para comentar otro día. Pero viene al caso porque el «director» en la sombra, que no se moleste nadie, era Trapero y los que están por encima de él. Y esto no se puede quedar así bajo ningún concepto, según comentan agentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado. La Justicia tiene que actuar porque las denuncias están presentadas o se van a presentar. Trapero, sus inmediatos colaboradores, sus jefes, deben responder de lo que han hecho. No son las víctimas, son los presuntos culpables. Trapero, cuando acabe esto como Dios quiera que acabe, no verá su nombre en una placa con letras de oro; a lo sumo, si se hace justicia, será la de su perfil sobre un bloque granítico. Ha hecho un flaco favor al cuerpo que dirige. Se le ha llenado la boca de que está al frente una policía integral, que poco menos que se tenía que sentar en la misma mesa que los jefes de la CIA en Langley, pero cuando se trata de actuar en el plano de la Policía Judicial y la Seguridad Ciudadana, porque en esos terrenos a veces pueden surgir problemas, mejor el perfil.

Lo de mandar a una pareja a ver qué pasa en un colegio cuando se sabe perfectamente lo que pasa, para tomar nota y ser despedidos con entusiastas aplausos, no corresponde al jefe de una policía integral. Que el trabajo «sucio» lo hagan los «pikos» (guardias civiles) o los «chapas» (policías nacionales), que se retraten, debió pensar y así ha sido. Algún error se ha cometido y lo cierto es queTrapero se ha salido con la suya, cual Rasputín de turno.

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