Oriente Medio
La Razón

Arabia Saudí: La megapurga de los 100.000 millones

El fiscal general desvela las cifras astronómicas de la trama de corrupción que supera los 200 detenidos entre príncipes y cuadros militares, y los 100.000 millones de dólares defraudados (86.000 millones de euros). Una operación con la que el príncipe heredero destierra a sus posibles adversarios y toma el mando del aparato de seguridad.

La mayor purga anticorrupción de la historia de Arabia Saudí ha sacado a la luz los trapos sucios en la multimillonaria casa real Saúd. Más de 200 detenidos entre príncipes, jeques, ministros y altos cargos militares y más de 100.000 millones de dólares invertidos en fraude y corrupción han puesto en evidencia a la intocable monarquía saudí. Un total de 208 personas han sido interrogadas desde el sábado, cuando comenzó la operación anticorrupción, de las cuales solamente siete quedaron en libertad sin ser acusadas y las restantes 201 permanecen detenidas, informó ayer en un comunicado, el fiscal general saudí, Saud al Mojeb. «La escala potencial de las prácticas corruptas descubiertas es muy grande», dijo el procurador, que agregó que las investigaciones a lo largo de tres años han revelado la malversación de al menos «100.000 millones de dólares (86.000 millones de euros) a través de prácticas corruptas y fraudulentas en las últimas décadas».

El Gobierno se ha negado a identificar a los individuos que están siendo interrogados, para proteger su privacidad durante esta etapa del proceso, insistió Al Mojeb quien detalló que se han congelado unas 1.700 cuentas bancarias de individuos, aunque sin dar cifras. El Gobierno destacó que se trata solamente de cuentas de individuos, no de empresas o negocios. Analistas y detractores sospechan que las nuevas medidas impulsadas por el octogenario rey Salman son en realidad para despejarle el camino al trono al príncipe heredero Mohamed Bin Salman. Durante las últimas semanas, Bin Salman ha ordenado tantos arrestos de alto perfil entre empresarios, y miembros de la realeza que lo que queda de la clase dirigente podría estar lo suficientemente asustada para aceptar su voluntad.

Entre los detenidos por corrupción están todos los posibles rivales y críticos del favorito del rey. Bin Salman se ha quitado de en medio al multimillonario príncipe Al Waleed bin Talal y dos hijos del difunto rey Abdalá, uno de ellos es el príncipe Mutaib bin Abdalá. Mutaib fue retirado de su puesto como jefe de la poderosa Guardia Nacional horas antes de que los arrestos se anunciaran el sábado pasado. Con esta maniobra, Bin Salman ha dado el golpe de gracia al viejo sistema árabe y se ha hecho con el control de los tres servicios de seguridad saudíes: el Ejército, los Servicios de Seguridad interna y la Guardia Nacional. Con ello se rompen décadas de equilibrio de poder en Arabia Saudí, ya que durante décadas, los más altos cargos se habían distribuido entre las ramas del clan de la casa de Saúd.

La celeridad con la que Bin Salman quiere llevar el cambio al reino podría cobrarle un precio, a sus enérgicas medidas anticorrupción con seguridad irritará a los mismos inversores privados a los que espera atraer, incluyendo una oferta planeada de acciones de la enorme empresa petrolera estatal, Aramco. Los empresarios y la familia real de Arabia Saudí, preocupados por los planes del príncipe heredero, han movido activos fuera del país sin hacer ruido, incluso antes de los arrestos, indicó «The New York Times». No obstante, las medidas anticorrupción han sido celebradas por los saudíes que durante décadas han vivido bajo la corrupción rampante y la malversación de fondos públicos con la que se ha enriquecido la familia real y sus aliados más cercanos.

Los sobornos y los favores pagados generosamente han sido durante mucho tiempo una parte fundamental de los negocios en la nación productora de petróleo más rica del mundo y aliada de EE UU. Muchos de quienes ocupaban cargos clave acumularon riquezas astronómicas, que en algunos casos alcanzaban miles de millones de dólares, muy superiores a lo ganado con sus sueldos en el Gobierno.

Con la recesión económica por la caída de los precios del petróleo a nivel mundial, el Gobierno saudí se ha visto obligado a introducir medidas de austeridad, reduciendo los subsidios y elevando los costes para los ciudadanos. Parte de estas medidas radicales han sido ejecutados por Bin Salman, que se ha enfrentado a una élite empresarial acostumbrada al derroche. El príncipe heredero tiene planes arriesgados para rehacer por completo la economía saudí dependiente del petróleo y abrir el país a la inversión extranjera. Arabia Saudí tiene una población joven y de rápido crecimiento, y necesita encontrar empleos y financiar proyectos que les den trabajo.

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