Brexit
La Razón

La UE da un ultimátum de dos semanas a Reino Unido

Para pasar a la segunda etapa de la negociación en diciembre.

Como muchos divorcios, el de la Unión Europea y Reino Unido genera otras tantas complicaciones añadidas. El progreso en las negociaciones para un acuerdo en la factura del Brexit, los derechos de los ciudadanos y la frontera en el Ulster es crucial para empezar a hablar de las relaciones comerciales futuras entre las dos partes, y que tanto interesa a los británicos. Pero aún no ha habido avances sustanciales en la negociación de salida para ir más allá en las conversaciones. El reloj sigue avanzando y los británicos tienen dos semanas para salvar o no el impasse.

Ése es el plazo que Bruselas fijó ayer para que el Gobierno británico dé una aclaración «vital» sobre los compromisos financieros que está dispuesto a cumplir, según explicó ayer en rueda de prensa el negociador de la UE para el Brexit, Michel Barnier, al término de la sexta ronda de trabajo. El objetivo es pasar a la segunda etapa de negociación en diciembre, y para ello, Reino Unido deberá ser más claro en la cuestión de la factura del divorcio que dentro de los círculos europeos se ha llegado a cifrar en 60.000 millones de euros.

Al ser preguntado sobre si necesitaba esas aclaraciones en los próximos catorce días para recomendar a los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete el inicio de las conversaciones sobre la futura relación con Londres, Barnier se mostró tajante: «Mi respuesta es sí». «Es absolutamente vital si se quiere lograr suficientes progresos en diciembre», aseguró Barnier que reiteró la demanda de un «progreso real y sincero». «Si ese no es el caso –añadió el negociador de la Unión Europea– entonces seguiremos y pospondremos el inicio de las negociaciones sobre el futuro».

En la cumbre europea de Jefes de Estado y de Gobierno del pasado 19 y 20 de octubre los Veintisiete acordaron pasar a los preparativos de la segunda fase. Pero en esa reunión los mandatarios del club comunitario constataron que no había habido avances suficientes que les permitieran pasar a las conversaciones sobre una futura relación comercial. Y es que a pesar de la oferta de la primera ministra británica, Theresa May, de facilitar los trámites a los residentes comunitarios permanentes en su país tras el Brexit, la factura del divorcio sigue sin resolverse. Durante una conferencia de prensa conjunta con el secretario del Brexit, David Davis, hubo pocos indicios de que se hubiera dado algún paso concreto desde la cumbre de octubre. Davis pidió a Barnier y a los socios europeos flexibilidad para avanzar sobre la relación futura y advirtió de que se necesita «constuir una confianza» mutua.

La UE, sin embargo, acusa un cansancio derivado del inmovilismo británico y exige claridad sobre estos compromisos antes de iniciar conversaciones sobre un período transitorio o los principios de un futuro acuerdo comercial con Londres. Por su parte, Davis reivindicó una vez más que desde que arrancaron las conversaciones, se han logrado «progresos significativos» en las tres cuestiones prioritarias, en las que se sigue trabajando y «explorando opciones para lograr un acuerdo». El objetivo es comenzar a abordar la futura relación comercial en la próxima reunión de líderes de la UE del 14 y 15 de diciembre en Bruselas. Barnier insistió: «Tengo que presentar un progreso sincero y real al Consejo Europeo y al Parlamento Europeo».

La frontera de la discordia

Una de las cuestiones pendientes que ha emergido como un problema para la parte británica es la frontera irlandesa. Desde Bruselas se baraja la idea de permitir que la provincia británica permanezca dentro de la unión aduanera. Pero el negociador británico ha dejado claro que esto no puede implicar la creación de otro muro, éste dentro de Reino Unido. «Reconocemos la necesidad de soluciones específicas para las circunstancias únicas de Irlanda del Norte. Pero déjenme ser claro. Eso no puede dar lugar a la creación de una nueva frontera dentro de Reino Unido», subrayó el político británico.

A este respecto, Davis constató el compromiso de paz del Viernes Santo y, por ello, sostiene que para poder avanzar en los desafíos de la isla irlandesa hace falta «pragmatismo, creatividad y un alto nivel de responsabilidad política». El ministro del Brexit admitió respetar el «deseo» del club comunitario de proteger su orden legal, el mercado único y la unión aduanera, pero recalcó que ello no puede realizarse «a costa de la integridad constitucional y económica de Reino Unido». La incompatibilidad de las posiciones europea y británica se desveló ayer con la revelación del diario británico «The Telegraph» de un documento de la Comisión Europea en el que la República de Irlanda solicita que Irlanda del Norte permanezca en la Unión Aduanera. Para la UE y especialmente Irlanda, ésta es la única forma de evitar la creación de una frontera entre la República, en el sur de la isla, e Irlanda del Norte. Para los británicos las soluciones pasan por evitar que surja una frontera «dura» entre Irlanda e Irlanda del Norte.

Otra opción que recoge el documento elaborado por el grupo de trabajo de Barnier plantea que Reino Unido permanezca en el mercado único y la unión aduanera. El texto fue distribuido el miércoles a los países miembros y presentado el jueves a la delegación del Gobierno de Londres. Asimismo, Irlanda del Norte va camino de convertirse en la frontera de la discordia.

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