Reino Unido
Celia Maza

May intenta aplacar a Corbyn con una amplia agenda social

Varios incidentes convierten el discurso del «sueño» en una pesadilla.

Debía ser el discurso más importante de su carrera, aquel con el que unir de nuevo a sus filas y recuperar la autoridad perdida tras el fracaso electoral de las generales que ella misma adelantó. Su intención era «renovar el sueño británico», pero todo acabó convertido en su peor pesadilla. La intervención con la que la «premier» Theresa May clausuró ayer el congreso anual del Partido Conservador dejó la imagen de una líder a la deriva. Se quedó literalmente sin voz, no paró de toser, las letras del eslogan que protagonizaba el escenario comenzaron a caerse y, en un alarmante fallo de seguridad, un espontáneo fue capaz de acercarse hasta ella para entregarle en mano una carta de despido «firmada» por Boris Johnson, su enemigo acérrimo. Aunque el público se puso en pie varias veces para aplaudirla y darle tiempo a recuperarse tras los contratiempos, daba la sensación de que lo hacían más por compasión que por apoyo. En definitiva, la agónica intervención se convirtió en la metáfora de su preocupante debilidad política.

De manera extraoficial, los «tories» habían acordado dejar a May en el cargo hasta 2019, cuando está previsto salir oficialmente de la UE, y elegir nuevo líder de cara las generales de 2021. Pero tras la bochornosa actuación de ayer, en los corrillos del congreso se valoraba la posibilidad de adelantar el proceso. Sus aliados aseguraban que el calvario fue una demostración de sus mejores valores –su resiliencia y determinación–. Pero ningún líder quiere dar pena. Lo que busca es respeto y autoridad. Y a día de hoy, eso May no lo tiene.

Si la forma fue bochornosa, el fondo tampoco fue contundente. La «premier» empezó su intervención pidiendo perdón y responsabilizándose por el fracaso cosechado en las urnas, donde perdió la mayoría absoluta. En este sentido, reconoció que fue una campaña «demasiado encorsetada, demasiado presidencial», y advirtió de que «para demasiada gente en el país el sueño británico parece lejano, y la habilidad del Partido Conservador para proporcionarlo está cuestionada».

Lo cierto es que los laboristas lideran ahora las encuestas. De ahí que May quisiera centrar su discurso en políticas domésticas de cargado tinte social enfocadas, sobre todo, a los más jóvenes, a los que prometió congelar las matrículas universitarias. También anunció ayudas a la compra de vivienda.

Tardó hasta 20 minutos en pronunciar la palabra Brexit. Y tal como se esperaba, no dio titulares al respecto. Reconoció que «hay quienes encuentran las negociaciones frustrantes». De hecho, May ha dulcificado últimamente su tono en un intento por desbloquear las conversaciones con Bruselas. Se mostró «confiada» en que se alcanzará un acuerdo «que funcione para Reino Unido y también para Europa». De hecho, lanzó un mensaje tranquilizador a los comunitarios que viven en suelo británico: «Queremos que os quedéis». Con todo, Mayaseguró que es su obligación como Gobierno «prepararse para cualquier eventualidad». Según «The Times», la UE espera que la «premier» ceda tanto en la factura como en el papel del Tribunal europeo de Justicia tan pronto como termine el congreso «tory». Hacerlo antes le habría supuesto aún más malestar interno.

En un intento por acabar con la guerra civil en sus filas y su propio gabinete, May realizó una llamada a la unidad con una petición para dejar de lado sus ambiciones para «dar al país el Gobierno que necesita». Por último, apeló a la unidad del país. «Nuestra preciosa unión de naciones, cuatro naciones que son más fuertes que una, está amenazada por aquellos que, con sus estrechas agendas nacionalistas, quieren separarnos», dijo en referencia al Partido Nacional Escocés, que tras su fracaso en las generales de junio tuvo que enterrar su órdago con otro referéndum de independencia.

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