Reino Unido
La Razón

May prepara la factura de la UE ante el riesgo de colapso

El Gobierno británico, según «The Sunday Times», estaría dispuesto a pagar 54.500 millones por los compromisos pendientes con Bruselas.

Por primera vez desde que comenzó el proceso del Brexit, Reino Unido ha admitido que tendrá que pagar una «factura» por su salida de la Unión Europea. El gran problema que se plantea ahora es a cuánto asciende. Ayer, el rotativo británico «The Sunday Times» revelaba una cifra por primera vez: la primera ministra, Theresa May, estaría dispuesta a pagar hasta 54.500 millones de euros. Esta cantidad, que correspondería a los compromisos que Londres adquirió con Bruselas antes de que decidiese abandonar el bloque europeo, ya ha sido desmentida por el Gobierno británico, que sigue sin aclararla.

Según el «The Sunday Times», Reino Unido pagaría entre 7.630 a 18.530 millones de euros anuales durante los próximos tres años con el fin de terminar estos pagos antes de las siguientes elecciones generales británicas, previstas para 2022. David Davis, ministro británico para el Brexit, aseguró ayer que las negociaciones comerciales están previstas para octubre –una vez celebrado el congreso del Partido Conservador– y será ahí cuando se empiecen a manejar las cifras y calificó de «sinsentido» lo publicado por el periódico.

La tercera ronda de negociaciones sobre el Brexit finalizó la semana pasada y, aunque llena de reproches por la falta de progreso, ya se han empezado a ver algunos avances. Reino Unido ha sido muy criticado por parte de Bruselas por no llevar «los deberes hechos» a la mesa de negociaciones. Londres no ha dejado de chocar una y otra vez con la Unión Europea que, unida, está llevando las riendas de las conversaciones al mostrarse Reino Unido incapaz de dar una imagen de fortaleza y unión.

La paciencia europea se está agotando 14 meses después de que el Brexit fuese votado y cinco meses desde que el artículo 50 lo pusiera en marcha y la semana pasada Bruselas acusó a Londres de ser ambiguo y de tener «poca claridad». Por eso, ayer Davis se tomaba la revancha durante una entrevista en la televisión británica y tildaba estas criticas de «ridículas». «Francamente creo que resultó ridículo porque sencillamente hemos logrado cosas», apuntó el ministro británico para el Brexit. Davis aclaró que con «ridículo» no se refiere a Michel Barnier –negociador jefe de la UE– sino a la postura que está tomando la Comisión Europea.

Davis aseguró además que los abogados británicos están analizando estos días las «obligaciones económicas» que Bruselas demanda a Reino Unido «punto por punto». «Estamos haciendo esto de forma sistemática, de un modo muy británico y muy pragmático», aseguró el ministro, que recalcó además que no tienen prisa, puesto que tienen «dos años» para que este proceso sea exitoso.

El Parlamento británico vuelve al trabajo hoy después de las vacaciones estivales y por eso Davis aprovechó ayer también la entrevista con la BBC para instar a ambos partidos (conservadores y laboristas) a respaldar el proyecto de Ley de la Gran Derogación. Este texto trasladará la normativa legal de la Unión Europea al completo a la legislación de Reino Unido y, al mismo tiempo, derogará la supremacía de las regulaciones que provienen de Bruselas.

A los políticos británicos les está costando entender que en Bruselas han dejado de tener el papel clave que ocupaban hasta hace apenas un año para pasar a asumir uno secundario donde negociar con el bloque europeo no está siendo tan fácil como pensaban. La única conclusión que se puede tomar hasta ahora del proceso de divorcio con los Veintisiete es que el «Brexit duro» ha muerto. Por mucho que Londres dé imagen de seguridad, es Bruselas la que esta demostrando constantemente que es Europa la que tiene las cartas sobre la mesa.

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