Internacional
Celia Maza

May encara el congreso «tory» tocada por las batallas internas y el Brexit

La primera ministra acude a la cita anual en Manchester y promete ser candidata en 2022.

La «premier» Theresa May nunca habría imaginado que pudiera llegar a tener envidia del líder de la oposición, Jeremy Corbyn, quien durante el congreso anual de los laboristas la semana pasada tuvo que esperar hasta tres minutos para dar su discurso debido a las ovaciones que recibió. Los conservadores, que desde ayer se dan cita en Manchester para su congreso anual, viven una auténtica guerra civil después de que May perdiera la mayoría absoluta en las elecciones de junio.

La primera ministra no tiene ningún tipo de autoridad y la única razón por la aún sigue en Downing Street es porque ninguno de sus ministros se atreve a llamar a una revuelta interna que pudiera terminar con Corbyn en el número 10. Al fin y al cabo, las encuestas revelan que, de celebrarse ahora otros comicios, los laboristas ganarían con un 42%, el peor regalo posible para May, que ayer cumplió 61 años.

Vapuleada dentro de su partido, la primera ministra trató de llevar ayer el debate más allá del Brexit al proponer una serie de medidas para atraer a los votantes jóvenes.
Entre ellas, anunció la congelación del precio máximo de las matrículas universitarias y 11.300 millones de libras adicionales a programas de ayuda a la compra de una primera vivienda.

La marcha de las negociaciones con Bruselas por el Brexit continuó, sin embargo, acaparando protagonismo en el congreso conservador después de que el ministro de Exteriores, Boris Johnson, alertara de que un periodo de transición tras la ruptura con la UE debe durar dos años «y ni un segundo más». Preguntada en una entrevista con la BBC sobre la posibilidad de apartar a Johnson de su equipo por alejarse de la hoja de ruta oficial, May aseguró que el ministro apoya «absolutamente» sus planes para el Brexit. «Lo que tengo es un Gabinete unido en torno a la misión que cumple este Gobierno, y eso es lo que van a ver esta semana» en Manchester.

Coincidiendo precisamente con el congreso anual de los «tories», los partidos de la Eurocámara votarán mañana una resolución en la que determinan que las conversaciones no han progresado lo suficiente. En este sentido, según «The Times», la UE espera que la «premier» ceda tanto en la factura como en el papel del Tribunal Europeo de Justicia tan pronto como termine el congreso «tory». El rotativo asegura que antes no puede mover ficha porque eso provocaría aún más malestar entre los suyos.

Sin embargo, la tensión que se respira dentro del Gobierno es ya innegable. El díscolo Boris Johnson ya publicó a mediados de septiembre un polémico artículo donde apostaba por un «Brexit duro» e incluso coqueteó con la idea de dimisión si May dulcificaba su postura con Bruselas. En definitiva, es obvio que estaría preparado para la guerra por el liderazgo porque, aunque May sigue siendo hoy por hoy la líder del partido, es muy poco probable que la formación le permita estar en su puesto de cara a las próximas elecciones generales, aunque la jefa de Gobierno dijo en una entrevisgta en «The Sunday Telegraph» que tiene intención de presentarse a las próximas elecciones, previstas para 2022. El ministro de Comunidades y Gobierno Local, Sajid Javid, rehusó ayer brindarle su apoyo de forma pública para un nuevo mandato.

Según una encuesta elaborada por YouGov, el jefe de la diplomacia británica es el favorito para suceder a la actual líder conservadora. Los rumores sobre tramas internas se intensificaron la semana pasada cuando, durante un viaje a Escocia, el ministro del Tesoro, Philip Hammond, se negó hasta en cuatro ocasiones a apoyar públicamente a May como candidata «tory» para la cita con las urnas prevista en 2022.

Por si no fueran suficientes los frentes abiertos, May también se ha visto obligada a endurecer su postura con Washington después de la polémica surgida entre la empresa estadounidense Boeing y la compañía canadiense Bombardier, cuyos aviones se fabrican en parte en Belfast. La Administración de Donald Trump quiere imponer un arancel de 220% a un avión de la canadiense porque Boeing ha denunciado que Bombardier se estaba beneficiando de ayudas públicas para fabricar la aeronave. La disputa pone en peligro la fábrica de Irlanda del Norte, donde trabajan 4.200 personas.

La «premier» se ha enfrentado a Washington para proteger estos empleos por la presión que está ejerciendo el Partido Democrático Unionista (DUP), al que May se vio obligada a pedir el apoyo de sus diez diputados para poder gobernar en minoría. May instó personalmente a Trump al menos tres veces a intervenir en la disputa y el hecho de que no haya escuchado sus peticiones ha crispado más los ánimos en su partido, ya que los expertos aseguran que esta situación socava las afirmaciones de que el Brexit traerá un impulso de libre comercio para Reino Unido.

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