Nobel de la Paz
Ángel Sastre

Un Nobel de la Paz sin paz

El comité noruego premia al presidente colombiano, Juan Manuel Santos, por el acuerdo con las FARC pese al rechazo popular del pacto. «Seguiré trabajando sin descanso por la paz», aseguró emocionado el mandatario

Puro oxigeno para el presidente Juan Manuel Santos, debilitado tras ajustado el triunfo del «no» por apenas 50.000 votos, el pasado domingo en el referéndum sobre el acuerdo de paz con las FARC. Sin embargo, aunque la concesión del Premio Nobel de la Paz le devuelve a los ruedos internacionales, en Colombia todavía tiene un largo camino de espinas por recorrer antes de que esos acuerdos de Paz se concreten. Es por tanto un galardón con sabor agridulce y cuestionado, ya que se trata de un Nobel de la Paz sin que la paz se haya alcanzado en Colombia. Santos, visiblemente emocionado, se comprometía ayer a seguir trabajando por la paz de su país tras haber sido premiado por la academia sueca. «Recibo este reconocimiento con gran humildad y como un mandato para seguir trabajando sin descanso por la paz de los colombianos. A esta causa dedicaré todos mis esfuerzos por el resto de mis días. Gracias a Dios, la paz está cerca. La paz es posible. Es la hora de la paz», declaró el gobernante.

El presidente fue reconocido por sus esfuerzos para acabar con una guerra civil de más de medio siglo que se cobró la vida de más de 200.000 colombianos. El reconocimiento fue hecho apenas cinco días después de que el pueblo colombiano rechazase en referéndum el acuerdo de paz forjado entre Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). La resolución del premio no cita a la contraparte de Santos en las negociaciones, el líder de la guerrilla, Rodrigo Londoño alias «Timochenko». En el grupo inicial considerado por la academia sueca, además del máximo mando de la guerrilla también había cinco víctimas. Finalmente, sólo el presidente colombiano fue premiado. «El único premio al que aspiramos es de la paz en Colombia sin paramilitarismo, sin venganzas ni mentiras», dijo «Timochenko».

Santos dedicó el galardón a todos los colombianos y a las víctimas del conflicto. «Colombianos, este premio es de ustedes», declaró desde la presidencial Casa de Nariño, donde compareció junto a su esposa. «Es por las víctimas y para que no haya una sola víctima más, un solo muerto más, que debemos reconciliarnos y unirnos», agregó tras agradecer el galardón y hacer mención especial a los negociadores de ambas partes. El revés en las urnas no supone el final del proceso de paz, informó el comité encargado de entregar los galardones ante la sorpresa del destinatario del reconocimiento. Tras el fracaso del proceso de paz, todas las miradas estaban puestas en los cascos blancos de Siria y en el acuerdo sobre el programa nuclear iraní auspiciado por el secretario de Estado de EE UU, John Kerry.

El ex presidente Álvaro Uribe (líder de la oposión al acuerdo de Santos) también se pronunció felicitando a su enemigo con estas palabras: «Decididos esfuerzos para llevar a su fin más de 50 años de guerra en el país». Pero recordando que los acuerdos deben ser renegociados. «Felicito el Nobel para el presidente Santos, deseo que conduzca a cambiar acuerdos dañinos para la democracia», indicó. Esta semana, el ex mandatario se reunió, junto a otros miembros de la campaña del «no», para establecer las propuestas que permitan destrabar el acuerdo de paz con las FARC. En ese encuentro, Uribe indicó que el presidente Santos «expresó su voluntad para modificar» lo pactado.

Más sorprendentes fueron las declaraciones de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt quien afirmó que «los que la secuestraron se merecían también haber recibido el Nobel de la Paz». «Para mí es muy duro decir que sí, pero creo que sí deberían haberlo recibido», agregó emocionada esta ex política secuestrada por las FARC en la selva colombiana entre 2002 y 2008.

Al tiempo que se conocía el premio Nobel de Paz 2016, en La Habana se pronunciaban sobre los avances que han tenido en esta nueva fase del proceso. Según el comunicado conjunto dado a conocer ayer, las partes acordaron descongelar algunos programas que se habían frenado como consecuencia del «no» en el plebiscito por la paz como el plan piloto de desminado humanitario o la sustitución de cultivos ilícitos, entre otros. «Continuaremos avanzando en la puesta en marcha de medidas de construcción de confianza de carácter humanitario, tales como, la búsqueda de personas desaparecidas, los planes pilotos de desminado, la sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito y los compromisos respecto a la salida de menores de los campamentos», indicaron. Asimismo, ambas delegaciones acordaron un protocolo para poner en marcha el decreto del 29 de agosto proferido por el Ministerio de Defensa en el que se prolonga el cese del fuego.

El jefe negociador de las FARC, «Iván Márquez», alias de Luciano Marín Arango, deseó que el Nobel a Santos dé «la fuerza necesaria» para sacar adelante el acuerdo de paz, que busca una «vida digna para todos los colombianos».

La «osadía» de un líder obsesionado con las FARC

El presidente Santos (Bogotá, 1951), siempre cuenta esta anécdota: «Cuando mi padre me preguntaba que quería ser de mayor siempre respondía: ‘‘Presidente’’». Nacido y educado en los círculos del poder, sus negociaciones con las FARC le llevaron a enemistarse con los ex presidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana. Participó en operaciones en las que murieron los que en su momento eran el número uno de las FARC, alias «Alfonso Cano» (2011); el número dos, alias «Raúl Reyes» (2008); el considerado jefe militar de esa guerrilla, alias «Mono Jojoy» (2010), así como 63 cabecillas de frentes rebeldes. Después de debilitar con golpes militares a las FARC, una guerrilla cuyos jefes parecían invulnerables hasta 2008, Santos consideró llegado el momento de plantear la negociación. Esa «osadía» provocó la ruptura con su mentor, Álvaro Uribe.

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