Internacional
Pedro G. Poyatos

Un fiscal estrella para encontrar al asesino de Olof Palme

Krister Petersson tratará a partir de febrero de arrojar luz sobre el asesinato del ex primer ministro sueco tras treinta años de infructuosa investigación

Acostumbrado con bregar con asuntos difíciles, el fiscal Krister Petersson se hará cargo a partir de febrero del crimen sin resolver más importante de Suecia, el asesinato en 1986 del dos veces primer ministro Olof Palme. Las 90.000 páginas de informes y los 10.000 interrogatorios llevados a cabo en treinta años no han logrado arrojar luz sobre quién portaba el arma que acabó con la vida del líder socialdemócrata de 59 años aquella noche del 28 de febrero en la que Palme y su esposa Lisbet regresaban andando a casa sin escolta tras salir del cine en el centro de Estocolmo.

Pese al escepticismo de la opinión pública y del Gobierno, Petersson promete poner toda su energía para arrojar luz sobre el único magnicidio ocurrido en Suecia desde el asesinato del rey Gustavo III en 1792 en un baile de máscaras. “Me siento honrado y acepto la misión con la mayor de las energías. Es una tarea interesante e importante”, aseguró en declaraciones al diario “Expressen”. En su veinte años de carrera, Pettersson se ha encargado de casos tan destacados como el asesinato de la ministra de Asuntos Exteriores Anna Lindh en 2003 en un centro comercial de Estocolmo o del “asesino del láser”, que durante los años noventa aterrorizó a los inmigrantes.

Propio de un argumento creado por la imaginación de uno de los famosos escritores suecos de novela negra, el caso Palme representa el mayor fracaso de la historia policial del país nórdico. Los errores cometidos en la escena del crimen en los momentos inmediatamente posteriores al asesinato y los bandazos de la investigación permitieron huir con impunidad al autor. Por si fuera poco, la propia figura del primer ministro, muy comprometido internacionalmente con el pacifismo y la democracia, han abonado incontables teorías que apuntan a la CIA, el KGB, el Mosad, el terrorismo kurdo o los servicios secretos de la Suráfrica del “apartheid”. Sin olvidar tampoco la pista de la extrema derecha sueca, que veía a Palme como un peligroso comunista que quería entregar el país a la URSS. Lo cierto es que el líder sueco no dejaba indiferente a nadie. Mientras que en casa era visto como el arquitecto del actual Estado de Bienestar, en el exterior se creó incontables enemigos por su activismo.

Paradójicamente, el fiscal comparte nombre con el único sospecho juzgado por el magnicidio, Crister Petterson, que fue condenando en primera instancia en 1989 y luego puesto en libertad por falta de pruebas por el Supremo. Politoxicómano y delincuente habitual, Petterson, que murió en 2004, es visto por la mayoría de los suecos como el verdadero asesino de su carismático primer ministro. Él mismo habría reconocido que confundió a Palme con un camello que vestía de forma parecida.

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