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Patricia Navarro

Adrián Lastra: «No puede ser que por sacar una bandera de España te tachen de fascista»

Además de interpretar a Pedro en «Velvet», esta semana estrena el jueves el musical «Billy Elliot» y el viernes la película «Toc Toc». De pequeño quiso ser futbolista, pero era mal estudiante. Ahora, para aprenderse los guiones, improvisa: «Quedarme en blanco no me asusta, siempre he sabido salir».

Se coló en nuestras casas con el personaje de Pedro en «Velvet», con el que tocó el cielo, pese a lo secundario del papel que él elevó a la categoría de uno de los favoritos. Tanto éxito tuvo su interpretación que Adrián Lastra ha mutado en el actor del momento y acapara esta semana cine, teatro y televisión, cual don de la ubicuidad, con tres papeles de tinte cómico- dramático. A la espera mañana de la emisión del segundo capítulo de «Velvet colección», los nervios volverán a su estómago con el debut el jueves del musical de «Billy Elliot», en el que interpreta al hermano del protagonista, y de nuevo el viernes con el estreno de la película «Toc Toc». Trabajo no le falta a este Adrián Lastra que iba para futbolista. Hizo terapia de niño porque le costaba memorizar y ahora se hace con los guiones a su manera. Una vida de película que ponemos a prueba en el hotel Emperador, donde quedamos para esta entrevista.

–¿Qué tiene «Billy Elliot»?

–Es una historia que a la gente le va a tocar mucho, a todo aquel que luche por sus sueños. Si quieres algo, hazlo. Yo lo llevo diciendo toda la vida. El que vas a vivir eres tú, ni tus amigos, ni tus padres ni quien tienes enfrente.

–¿Usted hace lo que quiere?

–Hago lo que más me gusta, que es actuar, cantar y bailar. Cuando ves las tripas del teatro... Esto es vida, es muy bonito, cómo huele, cómo sientes el «feedback» del público... Percibimos la predisposición del público desde el momento en que se abre el telón: sentimos y padecemos quién ha ido obligado porque le ha tocado por la empresa y quién ha pagado su entrada y está esperando ver la recompensa.

–¿El mayor miedo ante el estreno?

–Que los niños estén tranquilos, que salgan seguros y con ganas de comerse el escenario. Se enfrentan a una presión muy fuerte. El personaje de Billy es brutal. El otro día les decía que si no sale una pirueta, no pasa nada, no hay que sacar el látigo y castigarse. La vida es equivocarse y hay que aprender por el camino. Hay que disfrutar y ser niños.

–¿Qué consejo les da?

–Que se olviden del público, que se miren entre ellos a los ojos, se sientan y se entiendan y todo fluirá. Son salvajes. Hay un elenco de 60 niños con un talento fuera de lo común. Se enfrentan a dificultades tremendas como que de pronto en el proceso del crecimiento les cambie la voz. Y tiene que ser durísimo. Algunos están viviendo de verdad la vida de Billy y eso se transmite en la emoción que hay en el escenario.

–En la obra se habla de la homosexualidad.

–Sí y de una manera muy bonita. Va a dar mucho que hablar y habrá gente que salga tocada por la reivindicación que se hace de los sueños.

–¿Cómo es su relación con los niños del musical?

–Verles a ellos fue lo que me empujó a hacerlo. Cuando me lo ofrecieron no estaba convencido, y no porque fuera un papel secundario. No era cuestión de ego absurdo, sino porque había visto el musical en Londres y no entendí nunca el personaje del hermano, no entendía esa agresividad, qué le pasaba.

–¿Y lo ha entendido?

–No lo sé, pero el «feedback» que estoy teniendo es bueno. Hace un año, cuando hablamos de este proyecto, vi a los niños ensayar y pensé: yo quiero hacer esto. Habían creado comunidad, teatro, porque el problema de uno es el problema de todos y eso me enamoró.

–¿Diversión asegurada en «Toc Toc»?

–Es una comedia muy divertida e ingeniosa. Son seis personajes con un trastorno obsesivo compulsivo esperando en la consulta e intentando ayudarse entre ellos. Hemos tenido un pase y me ha dado muy buenas sensaciones. Creo que puede gustar mucho.

–¿Cómo ha sido el reencuentro con «Velvet»?

–Muy bonito. Todos contábamos con que la serie se había acabado. Nunca hicimos la pantomima de que había acabado y lloramos. Se terminó. Eso era verdad. Cuando nos llamó Teresa y nos devolvió «Velvet» fue un regalo. Pedro, para mí, es el personaje que me cambió la vida tanto profesional como personalmente.

–¿Han vuelto los fans de Pedro?

–Sí, pero ya no tanto. No tiene nada que ver una cadena generalista con una plataforma digital y la repercusión a pie de calle no es la misma, pero es maravilloso que hayan decidido apostar por continuar una de las series más vistas.

–¿Cuántas veces le llaman Adrián y cuántas Pedro?

–Antes me llamaban muchas Pedro, pero ya se escucha más Adrián. Tengo un gran amigo, que es Canco, que hasta que no entró en «Tu cara me suena» no hubo manera de que le dejaran de llamar «el Barajas».

–¿Se coge manía a personajes así?

–Es imposible odiar a un personaje que te ha dado tanto.

–¿Qué le ha parecido la defensa de España de Antonio Banderas en el Festival de San Sebastián?

–Cada uno puede tener la idea que quiera de España, pero para mí en España entra Cataluña, Andalucía, Valencia... Entramos todos. Yo no me puedo meter en la cabeza de los que quieren la independencia, pero tampoco entiendo que se estigmatice a quienes piensan que todos somos España.

–Como español, ¿qué le parece el referéndum?

–Creo que se puede armar muy gorda. Me da muy mal rollo todo. Siento que hay bastante agresividad. Si tú quieres ser independentista, por mucho que yo esté en contra, no me atrevería a decir que no votes, pero habrá que seguir las vías legales. Hablo desde el que no sabe. Son debates para sentarse, dialogar y ver cuál es la manera de que todo el mundo esté a gusto, aunque eso es imposible. Pero no puede ser que alguien saque una bandera española y le tachen de fascista.

–¿Le gusta arriesgar o tiende a ser conservador?

–Uy, no. A mí me gusta el riesgo, me tiro a la piscina aunque esté vacía.

–¿Y cuál es el mayor reto al que se ha enfrentado?

–Para mí todo es un reto porque siempre que empiezo un trabajo pienso que por qué me lo han dado si yo no valgo... Siempre siento que me van a echar en la primera semana de trabajo.

–¿De dónde le viene esto?

–La primera vez que trabajé en este mundillo fue en el musical de «Queen», cuando tenía 18 años, y me echaron por mal actor.

–¿Y le queda un odio visceral a las lecturas de guión?

–Así es. Un odio absoluto. Quieres intentar estar a la altura del rodaje y es imposible.

–¿Cómo se lucha contra la inseguridad?

–Echándole narices. Si eres honesto el trabajo va a estar bien realizado. Y se lo dice un inseguro. Cuando dicen «¡Acción!» soy otra persona, como un animal al que le abren la jaula.

–¿Con qué soñaba de niño?

–Con ser futbolista.

–¿Qué pasó?

–Era bueno y tenía velocidad, pero en el colegio no era buen estudiante y cuando hacía pruebas para los clubes me decían que había que serlo. Ahora me doy cuenta de que no enseñaban bien porque me estudio parrafadas que antes sería incapaz de aprender.

–¿Cómo estudia los guiones?

–Improviso mucho. Me los leo una vez, los entiendo y después los voy hilando.

–¿Qué es lo que más le asusta cuando está en el escenario?

–Que me quede en blanco no me ha asustado nunca, siempre he sabido continuar. Me ha pasado cantando «Aire», de Mecano, y sales como puedes. Otra cosa es que estés haciendo un «Hamlet». En verso, no sé si sería capaz. Quizá ese sería el reto, saber hasta dónde puedo llegar con mi cuerpo y mi voz.

–¿Obsesionado por el deporte?

–No, me gusta, pero sin obsesión.

–¿Y con la alimentación?

–Me tuve que cuidar para un trabajo y bajar mucho peso. Se cómo comer bien, pero no siempre lo hago.

–¿Qué le pierde?

–De repente estar en casa y abrir una lata de fabada y media barra de pan. Hace tiempo que no lo hago, pero me puedo comer dos hamburguesas aunque al día siguiente me duela el estómago.

–¿A qué no se resiste?

–A una cerveza bien fría.

–¿Solo a una?

–Es que me voy haciendo mayor y si me tomo más de una... No soy de emborracharme y perder el control.

–¿Canta bajo la ducha?

–Mucho. Y soy una locura. Ópera, musical, rock and roll, lo que no me sale es pop. Lo único que canto es Morat y por un trabajo que hice con un amigo.

–¿Qué le cantaría a los políticos?

–«Déjame, no vuelvas más conmigo...». Y «Adiós», de Nino Bravo, también. (Y las entona).

–¿Qué le gusta y qué no le gusta de España?

–Todo. Me gusta el cambio del tipo de gente. Caemos en los tópicos y me encanta ver cómo se rompen. Por ejemplo, se dice que en el Norte la gente es más cerrada... Qué va.

–¿Se necesita equilibrio mental para interpretar?

–Sí, lo que más.

–¿Algún personaje le desequilibró?

–A mí no, el único que me tocó un poco más, físicamente, fue en el «Discurso del rey», que tartamudeé durante cuatro horas y cuando salí tuve un bloqueo mental que me duró una hora y media en la que no dejé de tartamudear. He interpretado a yonquis y heroinómanos y en ningún momento me ha desestabilizado. Y mire que eso me toca en una raíz familiar, que es bastante jodida, pero sé que es un juego y que de ahí no puedes pasar.

–¿Se siente satisfecho el niño futbolista con la carrera de actor?

–Nadie se esperaba que yo pudiera estar currando de esto.

–¿Mamá qué dice?

–Mamá es muy bruja, aunque ella fue la primera que me dijo: «No dejes la canción porque eres muy mal actor», y con toda la razón. Hice una prueba para un personaje y no sé por qué me dio por hablar con acento mexicano. Obviamente no me cogieron. Después me echaron de «Queen». En el musical de Mecano no me sabía las canciones y ella me decía: «¿En serio, Adri?». Yo escuchaba flamenco, el rock de mi madre, Emilio Aragón.

–¿Cuándo vino ese punto de inflexión?

–Creo que les impresionó mucho Mecano. Vieron la primera función y fliparon. Luego con la brujería mi madre decía: «Yo te veo en un cartel en la Gran Vía y luego en los Goya».

–¿Y ahora qué dice?

–Que me ve en los Oscar.

–Y...

–Pues que a mí me gusta soñar, pero soy más realista.

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