Cibeles Fashion Week
La Razón

De Hawái a Las Vegas: hagan juego, señoras

Juan Vidal, que se inspiró en la isla estadounidense para su colección, y Teresa Helbig, que hizo referencia a los casinos, reinaron ayer en la pasarela

Ya hemos desvelado el misterio de por qué Marta Sánchez y Lindsay Lohan se sientan en la primera fila de los desfiles de la Mercedes Benz Fashion Week Madrid con gafas oscuras de atravesar aeropuertos. No lo hacen por imitar a Anna Wintour, que también tiene esa costumbre, sino porque, una vez que se apagan las luces, alguien les podría sacar una foto en mala postura o por su lado malo. Así que cuanta más superficie facial se tapan, con menos arrugas se exponen. Gracias a Maribel Yébenes, que ha puesto por primera vez consulta en el Cibelespacio de la MBFWM, supimos que esa era la razón por la que ven los desfiles con maxi gafas negras. Yébenes, líder de los tratamientos de belleza en el país, ve en su consulta a todas las celebridades nacionales, como Cari Lapique o el cañón de Pepe Barroso Jr., que se pasan por los desfiles de la semana de la moda madrileña en Ifema. Han puesto un espacio estético para unir belleza y moda con un tratamiento alisante facial de 50 minutos que estará disponible en su salón madrileño hasta noviembre. Como lo descubra Lindsay Lohan se queda a vivir con las Yébenes. «Yo no hago planes, vivo al día», me comenta Lohan.

A Marcos Luengo no le ha dado tiempo a pasarse por el salón de belleza porque ayer domingo abría la jornada con «una colección atemporal, porque lo que está muy de moda envejece fatal. Por eso no sigo tendencias». Pero sí que se deja influir por lo que ve o le gusta, por ejemplo, el uso de las pieles exóticas, dado que su pasado estuvo ligado a la marroquinería. Ahí empezó Marcos Luengo para pasarse a la industria textil en 2015. Sus ventas son en el mercado interior, pero con esta colección de 59 piezas pretende comenzar la internacionalización. «De momento, la próxima semana abrimos tienda en el callejón de Jorge Juan en Madrid», anticipa.

«I am luxury» se puede leer en el jersey que abre el desfile de María Escoté. Pobre Lady Di, con lo que sufrió ella con el lujo. A la princesa del pueblo le dedica Escoté su colección, en la que emplea el nido de abeja para ceñir el torso, la gabardina la convierte en un mono pantalón, una tira de tela en un top cruzado al pecho al que le añade unas mangas abullonadas «king size». Las argollas, doradas y enormes, las emplea para unir el top y la falda de un vestido. Recupera la lazada para algunas camisas, los pantalones los abre por delante con una botonadura dorada y hace un traje fruncido de arriba abajo visionario, para camuflar las pequeñas lorzas que las paellas del verano ocasionan en nuestros cuerpos. Decir que no le tiene miedo al color, ni al flúor, y que algunos estampados de flores me recordaban a las margaritas de Murakami.

Sin complicaciones

Escoté compartía escena con Maya Hansen, que ha comprendido que hay vida más allá de la armadura corsé y se ha decidido por dar más protagonismo a la ropa del día a día, sin abandonar esa pieza clave suya que esta vez pierde la armadura y se hace más ponible. Hansen no se complica, utiliza la tela vaquera desgastada para todo: cazadoras ajustadas, minis, pantalones pitillo o campana y con el neopreno y el plumeti con los topos en tamaño gigante. Se trabaja el resto de la colección, que tiene un estampado con un barco infantil como tema principal. Por su parte, Juan Vidal nos cuenta que le vendió a la Reina Letizia un traje por 400 euros para su cita de verano en el palacio de la Almudaina y que, de momento, nunca más. «Después de Doña Letizia tuve que hacer 17 trajes más, hasta gastar el stock que tenía de ese tejido. No lo repetiré porque ya me he cansado de ese traje», afirmaba ayer antes de su desfile. Lo que sí hará es irse de viaje a Hawái el próximo año, y de ahí que le haya dedicado a su plan vacacional la colección primavera verano. Una propuesta que tiene a la rafia como hilo conductor, «y el vestido, que nace de la idea del pareo», añade. El riesgo de inspirarse en Hawái es que el resultado puede ser un poco «aloha»; pues descártenlo. Vidal hace una propuesta exquisita, aunque parezca de otoño más que de verano, con sus pantalones piratas, las faldas lápiz cruzadas o los vestidos de gasa vaporosa con vivos negros para marcar la forma. La rafia se repite en toda la colección y los trajes bordados de lentejuelas entran en el «top ten»; los artesanos de la India se han pasado cinco meses cosiendo piececitas en un trabajo de costura con un resultado bellísimo.

Por otra parte, para el primer desfile de Juana Martín en la antigua Cibeles estaban sus padres sentados en primera fila. La diseñadora cordobesa acaba de perder al patriarca y a él le dedica una colección austera y artesana inspirada en los años treinta de Norteamérica, sin olvidar sus raíces gitanas (aunque ella prefiere el término «gipsy»). Y qué decir de Teresa Helbig, pues que es un lujo para la MBFWM. La catalana coge un rancio trozo de tul, cual patito feo, y comienza a bordarle picas y corazones hasta convertirlo, cinco meses más tarde, en un cisne. «Hemos venido a divertirnos en un casino de Las Vegas. Aquí juegan la arruinada, la china loca, la rica petrolera y la coleccionista de arte». En la propuesta de Helbig cada una tiene su prenda. Por ejemplo, el traje más costoso, con cientos de tiras de cadenas lacadas que han estado cinco semanas cosiendo, es para la coleccionista de arte (por cierto, según acababa el desfile, ya se lo habían comprado). Y para la despistada que disfruta del casino de Mónaco, el vestido de tul con miles de puntitos de «glitter». Y ese vestido largo con las cartas de la baraja francesa bordadas con micro lentejuelas es para ponerle un piso a Helbig y casarse con él después de reventar la banca de Las Vegas.

custo, desde nueva york

Custo Dalmau cerraba el tercer día con la colección presentada en Nueva York la semana pasada. «De aquí a que termine el año aún me quedan siete desfiles», afirmaba el también catalán antes de su «show». Su desfile posiblemente ha sido el más largo hasta la fecha en las 66 ediciones que lleva celebrándose la pasarela, por encima incluso de los de Montesinos, y eso ya es un récor difícil de superar. Pues Custo quiere que en su país también se pueda conocer la colección que ha presentado hace unos días en los muelles del puerto de Nueva York, a la que añadió además una serie de nuevos «looks». Mezcla todo tipo de telas, el lurex no tiene secretos para él. Las cazadoras son tipo bomber con brillos, los vestidos son cortos y ajustados en un «collage» de telas y colores. Los colores inevitablemente fuertes y los hombres, quizá para trabajar en un banco se vean extraños, pero en una agencia de publicidad o en el cine serán felices con ese derroche de color, texturas y patrones.

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