Moda
Ángel Nieto

LOEWE retoma el fervor de los «cut outs»

J.W. Anderson presenta en la Semana de la Moda de París una colección para la firma española donde el «look» safari con cierto toque árabe y el «patchwork» y los flecos son el hilo conductor.

Si ahora está de moda que todo maestro de la costura tenga su museo, ¿por qué las colecciones de J. W. Anderson no pueden hacer lo propio? Esto debió pensar el director creativo de Loewe, que transformó ayer la sede de la Unesco de París en una sala de exposiciones minimalista para presentar la nueva colección de primavera-verano de la casa española. Entre tapices con las sugerentes imágenes de la nueva campaña de Loewe –firmada por Steven Meisel–en las que la modelo italiana Vittoria Ceretti muerde de manera sugerente múltiples piezas de frutas exóticas, y otros no menos espectaculares utilizando como base fotografías históricas del siglo XIX y XXX, desfilaron las propuestas de este británico, que se ha puesto como meta no dejar indiferente al personal.

Si para elaborar esos maxi tapices recurrió a los artesanos de Limoges, para su nueva colección dejó volar el ingenio y así explorar en la masculinidad femenina. Un concepto sobre el que el joven diseñador lleva tiempo trabajando y que parte de la premisa del género, por así decirlo, no binario. En resumen, que lo masculino y lo femenino se cruzan para romper los esquemas trazados en lo que a la moda se refiere. Así que, sin perder de vista la silueta de la mujer, exploró en cortes y complementos inspirados en el «look» safari con ciertos toques árabes y el «patchwork» y los flecos como hilo conductor. Ahí radica su éxito, ya que sin caer en convencionalismos y arriesgando, consigue un producto digno de exposición. «A veces, lo más normal se convierte en algo perturbador», comenta Anderson. Sus sutiles diseños, marcados por suaves texturas y colores tierra y pastel, ponen sobre la mesa lo que será la tendencia del próximo verano. Al más puro estilo Meryl Streep en «Memorias de África», los sombreros de exploradora daban el punto de partida a estilismos en los que sobresalieron las gabardinas veraniegas de longitud variable, una de ellas con un acabado de flecos espectacular, o los vestidos largos con péplum, cuya estética bien podría remontarse al siglo XIX pero con el toque especial Anderson los devuelve al XXI.

Los caftanes son la debilidad del británico y lo quiso dejar claro. Así pudieron verse algunos en tono rosa palo con cuellos de cuero o en forma de «patchwork» multicolor de corte asimétrico. De los «looks» safari y los inspirados en la moda otomana saltó a prendas en las que retomó el fervor de los «cut outs», esos pequeños cortes que dejan entrever, con mesura y sin caer en lo ordinario, la piel de la mujer a la altura de la cintura.

Triunfó el vestido-chándal con el logo de la firma en el pecho, al igual que lo hicieron sus zapatillas-babucha donde la punta afilada sobresalía por la pasarela. También lo hicieron los botines cocodrilo. Un «mix» al que el creativo de Loewe sabe dar forma y que todas estas inspiraciones de diferentes puntos del planeta no choquen entre sí. Lo elogiable de Anderson es que sabe hacer de lo cotidiano la excepcionalidad y sin excesos de ego.

«La elaboración de estas zapatillas ha sido un proceso largo. Hasta que dimos con lo que realmente quería hacer tardamos más de seis meses», confiesa el diseñador ante los medios con esa mirada que denota su timidez. Su lugar está entre bambalinas, en el taller, no le van los focos. Para eso están sus diseños que brillan con luz propia.

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