Energía
La Razón

Brenda Boardman: «Para combatir la pobreza energética basta con invertir en casas que sean eficientes»

Catedrática de Oxford, experta en energía, creadora del concepto de «pobreza energética» y una de las ponentes en el seminario organizado por la Fundación Gas Natural Fenosa bajo el título «Eficiencia energética, renovables y protagonismo del consumidor»

–¿Qué es la pobreza energética? Y ¿qué parámetros se usan para identificarla?

–La pobreza energética es cuando alguien no se puede permitir el lujo de pagar los servicios energéticos que necesita, ya sea para luchar contra el frío en invierno o contra el calor en verano, por ejemplo, y entonces se usa el nivel de renta de la persona para ver si se puede permitir estos servicios y si sus equipamientos son suficientemente eficientes desde el punto de vista energético. Cuando una casa es energéticamente ineficiente, quien allí vive tiene que pagar muy caro el calor que necesita y a veces les pedimos a las personas más pobres que compren el tipo de calor más caro que hay. Les pedimos, por ejemplo, que compren un pan o una carne barata pero le pedimos que compre el calor al precio más alto que existe.

-¿Es posible identificar las causas de esta pobreza energética?

-La primera causa es que la casa es ineficiente desde el punto de vista energético porque no ha recibido las inversiones necesarias; normalmente consigue el certificado energético más bajo posible en relación con el nivel de renta de la persona que allí vive y, por lo tanto, esta persona ha de pagar muy caro tanto el agua caliente, como el calor y la luz.

-Entonces, ¿hay que entender que la pobreza energética, en una casa eficiente, no existe? ¿Si todas las casas fueran eficientes a nivel energético no habría pobreza de este tipo?

-No habría pobreza energética si la casa fuera súper eficiente, con certificado de tipo A o B, para una familia de las más pobres, con el nivel de renta más bajo.

–¿Está ya tan extendida esta pobreza energética que se ha convertido en un problema de urgente solución, en un problema social real?

– Estoy completamente segura de que es un problema social real. Ahora se ha conseguido que en España la gente se interese más por ello porque el Gobierno tiene que reportar a la Comisión Europea. Es un problema que existe desde hace mucho tiempo, pero ahora ha conseguido más visibilidad y reconocimiento desde el punto de vista político. Otra de las razones por las que digo que es un problema social real es que, en el contexto de la lucha contra el cambio climático y el acuerdo de París, las casas tienen que ser a la fuerza más eficientes porque hemos de reducir las emisiones de CO2. Creo que el problema se ha agravado porque desde 2008 hay menos dinero, menos inversiones, tanto en industria como a nivel doméstico, y hay una diferencia creciente entre, por una parte, el precio de la energía y, por otra parte, el nivel de renta de las personas. Con lo cual, la situación se ha deteriorado.

– ¿Cuáles son las consecuencias de esta pobreza energética? ¿Cómo afecta a la vida de las personas?

–Tiene un montón de efectos, sobre todo en la salud, tanto física como mental, como por ejemplo el estrés de vivir con un presupuesto limitado y no saber si se va a conseguir pagar la factura o el riesgo de sufrir un resfriado por el frío que hace en su casa, o puede agravar los problemas respiratorios de un paciente por el aumento de humedad... En este sentido, por ejemplo, en algunas familias en las que, hay un bebé, éstas prefieren endeudarse para no poner en riesgo la salud de la criatura

-¿De qué manera puede repercutir en la economía de un país?

–La pobreza energética tiene un coste para la sanidad de un país, ya que la gente enferma con más facilidad, y también tiene un coste para la empresa de suministro porque la gente se endeuda mucho y luego no consigue pagar sus deudas, sus facturas

–¿Cómo se combate la pobreza energética?

– Basta con invertir en casas que sean eficientes porque, si la casa es eficiente, la gente tiene un calor barato, no se pone enferma, no se endeuda, es más productiva, los niños pueden ir al colegio y..., en fin, todo va mejor.

–En este sentido, ¿qué pueden hacer los consumidores y qué deben hacer los gobiernos?

– Los más pobres en realidad tienen poca elección, porque no pueden invertir en su casa para hacerla más eficiente y muchas veces se han de endeudar a la fuerza para pagar la energía que consumen. Por lo tanto, éstos necesitan ayuda, que debería proceder del Gobierno, el cual tendría que tener series históricas para ver cómo las casas van progresando y cómo progresa el nivel de los certificados energéticos que se dan. Y por parte de las empresas de suministros, soy totalmente opuesta a la política que consiste en cerrar el grifo, cortar el suministro de las personas que no pueden pagar. Si las personas no se pueden permitir el pagar por los servicios energéticos, hay que inventar nuevos métodos, como por ejemplo el prepago: igual que cuando se compra una tarjeta prepago para el móvil, se podría tener contadores inteligentes con sistema de prepago que permita a la gente gestionar su puesto y no endeudarse y si no se endeudan, no se les corta el servicio.

–¿Las energías renovables pueden ser una solución a esta situación o no hacen más que prorrogarla?

– Las renovables pueden ayudar. Por ejemplo, si se pone un panel fotovoltaico en el tejado de una vivienda de una familia pobre, ésta puede conseguir luz barata o incluso gratis, o bien conseguir una renta al vender la electricidad que puede producir

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