Ayuntamiento de Madrid
Marta Palacio

Carmena rectifica su plan para Gran Vía: cerrará definitivamente en junio

El Ayuntamiento dice ahora que tras la limitación navideña reabrirá con «cortes parciales» por obras

Los planes del Ayuntamiento de Madrid para la calle más emblemática de la ciudad siguen cambiando de la noche a la mañana. Sucedió la pasada Navidad, cuando el Gobierno de Manuela Carmena anunció con sólo unos días de antelación el cierre de la calle al tráfico privado durante los días centrales de las fiestas. Y ahora vuelve a pasar con su clausura definitiva. El miércoles, el delegado de Desarrollo Urbano Sostenible, José Manuel Calvo, afirmó que la arteria se cerraría al tráfico privado de nuevo esta Navidad y ya no se volvería abrir. Calvo explicó que tras el cierre navideños se iniciarán las obras para ampliar aceras y en junio se incluirá dentro del Área de Prioridad Residencial (APR) de centro, que supondrá la prohibición del paso a los coches de los no residentes.

Lo que Calvo adelantaba así es que el «cerrojazo» a la calle no iba a llegar en junio, como se creía hasta ahora, sino en diciembre. En sus palabras exactas: «No tendría sentido volver a abrir la Gran Vía para iniciar las obras después. Lo que haremos será mantener esa estructura para que puedan a empezar a operar las empresas que harán la obra», señaló el edil de Podemos.

La noticia fue recogida durante el miércoles en telediarios y boletines de radio, y ayer se hizo eco de ella toda la prensa nacional y regional sin que el Ayuntamiento matizara una coma. Sin embargo, a mitad de mañana el mismo delegado de Desarrollo Urbano Sostenible se desdijo: ahora sostiene que la calle se cerrará al tráfico privado en Navidad, pero que volverá a abrir en enero. Así, según la nueva versión, durante el tiempo que esté en obras la calle y hasta que entre en funcionamiento la APR, la Gran Vía estará abierta al tráfico para todo tipo de vehículos, eso sí, habrá cortes puntuales y por tramos por las obras.

Tanto José Manuel Calvo, como la portavoz municipal , Rita Maestre, negaron la rectificación y el cambio de planes. En su lugar, acusaron a todos los medios de comunicación de haber entendido mal o de haber tergiversado sus palabras.

El cierre por tanto se hará en diciembre, con el mismo formato que el pasado año (la calle fue cortada el día 2 y no se abrió definitivamente hasta el 8 de enero) porque según el delegado de Urbanismo «funcionó» y «la mayoría estaba encantada». La arteria volverá a abrir en enero tal y como está actualmente y se someterá unas semanas después a las obras de ampliación de aceras y reducción de carriles. Durarán diez meses y provocarán cortes parciales en diferentes carriles, según vayan avanzando estos trabajos. En este tiempo todos los vehículos podrán pasar. Las restricciones sólo tendrán que ver con las obras.

Si se cumplen los plazos previstos actualmente por el Gobierno de Carmena, en junio, con las obras aún sin terminar, entrará en funcionamiento la gran Área de Prioridad Residencial que abarcará los barrios de Universidad, Justicia, Cortes, Ópera, Letras y Embajadores. Aquí es donde llegarán las restricciones a los vehículos: sólo los coches de los residentes en estos barrios podrán pasar por las calles de la APR. Según los cálculos municipales, de los 50.000 que cruzan habitualmente por la Gran Vía, 40.000 se quedarán fuera. El paso estará cortado para los que quieran atravesar la APR, no así para los que quieran aparcar en un parking. Así, aquél que no sea residente y pase por la nueva zona acotada se enfrentará a una multa de 90 euros. Si el coche que pasa aparca en un aparcamiento se librará de la sanción.

Precisamente, de la semipeatonalización de la arteria y de la improvisación habló ayer el arquitecto Norman Foster que calificó el cierre parcial al tráfico de «excelente». Sin embargo, también añadió que la actuación municipal «plantea preguntas», al tiempo que subrayó que «si se hace hay que hacerlo bien». «Algunas de las formas de separar a los peatones de los coches de forma temporal se ha hecho con barreras estándar que me parecen hostiles», opinó sobre el cierre temporal de la pasada Navidad, que este año el consistorio quiere repetir con el mismo formato.

El anuncio del cierre al tráfico de Gran Vía, primero previsto para diciembre y luego para junio, ha dividido a los comercios de la calle. Por un lado se encuentran los que apuestan por el «sí», como la zapatería Wlanka, que ya vivió el año pasado este proceso y al situarse justo en la esquina del metro de Callao reconoce que sintieron «un gran alivio» al ver que las pasadas navidades la gente estaba más dispersa y «no se amontonaba» a las puertas del comercio impidiendo el paso a los clientes». «Además, notamos a los clientes contentos con el cambio», añaden.

Pero son también muchos los que apuestan por el «no».

Y lo hacen de una forma rotunda. La Asociación Empresarial de Hoteleros en Madrid, expresó ayer su «desacuerdo» y negó las palabras del delegado de Urbanismo de Carmena, que aseguró ayer que se había pactado con los empresarios: «No deberían haber consultado porque nos afecta de forma negativa y directa». Critican que los clientes no puedan acceder al hotel en su propio vehículo y sobre todo la incertidumbre sobre cómo pueden llegar: «Genera cierta angustia a los que deciden pasar unos días en la capital».

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