Violencia callejera
Laura L. Álvarez

Un policía fuera de servicio salva la vida a una mujer apuñalada

Un hombre asestó ayer a su mujer siete puñaladas y le golpeó su cabeza contra el suelo, en presencia de su hija de ocho años. La actuación del agente, que bajó de su casa alertado por los gritos, evitó la muerte de la agredida, ecuatoriana de 37 años, que sigue grave en el Puerta de Hierro.

2:45 horas. Calle San Roque, 52 de Majadahonda. En mitad del silencio de la noche, los gritos de una mujer y, de repente, el estruendo de unos cristales. Ya en la cama, un policía municipal de Madrid fuera de servicio se asoma a la ventana y observa cómo en la calle un hombre en calzoncillos, cuchillo en mano, apuñala varias veces a una mujer. La coge de la cabeza, la golpea contra el suelo, la arrastra de los pelos... Al lado, presenciando la dantesca escena, una niña de ocho años, hija de la pareja. El agente no se lo piensa dos veces y baja a toda velocidad por la escalera. Antes, desde la ventana trató de frenar la agresión a gritos pero no logró nada. Sólo se escuchaban los alaridos de dolor de ella y las amenazas de él. «Te voy a matar, es que te mato», le espetaba a su pareja mientras, a todas luces, trataba de llevar a término su propósito.

Apenas unos segundos después, el agente, que presta servicio en la Unidad Integral de Distrito de Fuencarral-El Pardo, se encontró con otro hombre y, entre los dos, lograron apartarle de la víctima y reducirle. Al ver cómo se abalanzaban sobre él, el agresor soltó el cuchillo. No llevaba los grilletes encima pero, en su condición de agente de la autoridad, le detuvo allí mismo y le leyó los derechos mientras el resto de testigos (la novia del agente) alertaban al 112 de lo ocurrido. Mientras llegaban los servicios sanitarios, el agente municipal y el otro hombre taponaron con sus manos las herida de la víctima para evitar que se desangrara y no dejaron de hablarla.

Enseguida llegaron al lugar una patrulla de la Guardia Civil, la Policía Municipal de Majadahonda, una ambulancia de la Cruz Roja y una del Summa. Fueron los facultativos de Emergencias-Comunidad de Madrid quienes asistieron a la mujer, de 37 años y origen ecuatoriano. Presentaba siete heridas por arma blanca, dos de ellas muy graves: en el hemitórax y en el omóplato. Perdía gran cantidad de sangre. Tras estabilizarla, fue trasladada al Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda, donde anoche permanecía ingresada y, según fuentes sanitarias, se encontraba estable dentro de la gravedad.

El agresor, de la misma nacionalidad y que rondaba los 40 años, se encontraba en estado de embriaguez. Al parecer, la agresión comenzó en el interior de la vivienda que esta pareja compartía en la calle San Roque. La mujer, al ver que él cogía el cuchillo, salió despavorida de casa y corrió escaleras abajo. Ahí, él la enganchó y la estampó contra la puerta del portal. El estruendo de cristales que se escuchó en el vecindario venía de ahí. Puede que alguna de la heridas que presentaba la mujer se las hiciera el cristal.

No obstante, las más graves las habría provocado su pareja (o ex pareja) con el arma blanca. La brutalidad de la agresión que este agente municipal evitó de una muerte segura, se ve reflejada en los golpes contra el suelo que le propinaba el individuo a la mujer. Fueron de tal intensidad que la víctima perdió, ahí mismo, al menos cuatro piezas dentales que la Policía señaló en el suelo con un círculo, así como el arma homicida. El traumatismo que presentaba en la cabeza también daba cuenta de ello.

Se ha hecho cargo de la investigación la unidad de Policía Judicial de la Guardia Civil. El agresor, también permanecía anoche en el mismo centro hospitalario, en calidad de detenido. Resultó herido en la refriega, posiblemente con los cristales de la puerta del portal pero su estado no es grave. Al parecer, el origen de su enfado estaría en una supuesta infidelidad cometida por parte de la víctima. «¿Si me pone los cuernos qué quieres que haga?», gritaba en la calle. Ahora, ella sigue luchando por salvar su vida y él, que saldrá pronto del hospital, será imputado por un delito de homicidio en grado de tentativa.

El agente municipal de Madrid, por su parte, orgulloso de haber evitado una muerte de violencia machista, lamenta la agresión y que fuera presenciada por la niña, que se encontraba en la calle asistiendo al grotesco espectáculo de cómo su padre apuñalaba a su madre y golpeaba su cabeza contra el suelo. Al parecer, la pareja también tenía otro niño más pequeño. Éste, afortunadamente, no presenció la escena porque estaba con un familiar.

Desde el bar situado al lado del escenario de la agresión, que se encontraban recogiendo cuando ocurrió el suceso, aseguraron ayer que, antes de que bajara el agente municipal, un cliente intentó parar la agresión lanzando una botella al agresor para que dejara de apuñalar a la mujer. Los vecinos aseguran que escucharon los gritos de la mujer: «¡Socorro! ¡Socorro! Que me matan».

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