Crisis económica
La Razón

El crecimiento del empleo avala la gestión política del Gobierno

La Encuesta de Población Activa (EPA) referida al segundo semestre del año reduce el número de desempleados por debajo de los 4 millones y deja la tasa de paro en el 17,22 por ciento. Son los mejores datos del mercado laboral español desde 2008, que, además, convierten en perfectamente realizable el objetivo de conseguir 20 millones de empleos que se marcó el presidente del Gobierno para esta legislatura. En efecto, a finales del pasado mes de junio, el número de ocupados en España era de 18.813.300 personas, con un incremento interanual de 660.000 empleos, la inmensa mayoría generados por el sector privado. Ciertamente, la tasa de temporalidad ha subido un punto, hasta el 26,81 por ciento, un hecho normal dado el período del año examinado, que coincide con el comienzo de la temporada turística, pero no conviene dejarse confundir por los habituales análisis pesimistas de las centrales sindicales: la evolución del mercado laboral español en los dos últimos años indica que muchos de los nuevos puestos de trabajo se consolidarán, al menos, mientras la economía continúe por la senda del crecimiento. Incluso las cifras desnudas son esperanzadoras. Así, desciende el número de hogares con todos sus integrantes en paro, se reduce el número de desempleados de larga duración, crecen los contratos entre los trabajadores mayores de 55 años –más de 181.000 encontraron empleo en el último año– y, aunque tímidamente, baja el paro juvenil. El sector servicios es, por supuesto, el motor que impulsa el mercado laboral español, pero también crecen los empleos en la Industria –más de 65.700–, gracias a la pujanza exportadora, y aumentan en la Construcción –52.100 empleos más–, sector que empieza a dar señales de recuperación. Los resultados de la EPA tienen una lectura económica, indisociable de la evolución del PIB, pero también política, como demuestra el hecho de que, salvo los socialistas de Andalucía –región en la que ha crecido notablemente el empleo, aunque mantiene la mayor tasa de paro de España–, todos los portavoces de la oposición de izquierda se han apresurado a menospreciar unos datos de crecimiento del mercado laboral que no tienen precedente desde 1964, año en que comenzó la serie estadística. En este sentido, es cierto que nuestro país mantiene una de las tasas de desempleo más altas de la Unión Europea y que persiste una grave brecha territorial entre las comunidades del norte de España, y las de sur, pero esa parte de la realidad no es óbice para negar el éxito que supone la recuperación de la economía española y, por ende, del mercado de trabajo. Frente a la estrategia de la catástrofe y la foto fija de la crisis que marca el discurso de la izquierda populista, la gestión del Gobierno de Mariano Rajoy se ha demostrado eficaz. No sólo por lo que supone de crecimiento, sino porque las reformas llevadas a cabo han conseguido que nuestra economía dejara de ser esa máquina de destrucción de empleo que se ponía en marcha con cada cambio de ciclo. España crece hoy sobre bases más sólidas y, sobre todo, impulsada por un sector privado que ha ganado en competitividad y en excelencia y que ha sabido buscar nuevos mercados en el exterior ante la contracción de la demanda interna. Aún queda mucho por hacer en la creación de empleo y no se dan, precisamente, en las mejores circunstancias. Las restricciones presupuestarias asociadas a la reducción del déficit, el Brexit y el riesgo de ralentización de las economías francesa e italiana representan dificultades añadidas a la recuperación. Pero el camino está bien marcado y es preciso perseverar en las mismas políticas que han dado resultado.

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