Ciencias humanas
La Razón

Los niños que no se contagian de risa

Un estudio demuestra que los menores con riesgo de desarrollar una psicopatía son menos proclives a la risa contagiosa de los demás cuando son adultos

Para la mayoría de la gente, la risa es altamente contagiosa, de forma que resulta casi imposible escuchar o ver a alguien riendo y no sentir la necesidad de participar. Sin embargo, investigadores informan en un artículo publicado este jueves en ‘Current Biology’ que tienen nuevas pruebas para demostrar que los niños en riesgo de desarrollar psicopatía cuando se convierten en adultos no tienen ese mismo impulso, informa Europa Press.

Los individuos en riesgo de psicopatía muestran comportamientos disruptivos persistentes junto con rasgos insensibles y no emocionales. Cuando se les preguntó en el estudio, los chicos que encajaban en esa descripción informaron que no querían unirse a situaciones de risa tanto como sus compañeros. Las imágenes de su cerebro también mostraron una respuesta reducida al sonido de la risa. Esas diferencias se observaron en las áreas cerebrales que promueven la unión con otros y con las emociones de otras personas, no en las áreas cerebrales auditivas.

«La mayoría de los estudios se han centrado en cómo las personas con rasgos psicopáticos procesan emociones negativas y cómo su falta de respuesta a ellas podría explicar su capacidad de agresión contra otras personas», dice la autora principal, Essi Viding, de la Universidad de Londres, en Reino Unido. «Este trabajo previo es importante, pero no ha abordado por completo por qué estos individuos no se unen con los demás. Queríamos investigar cómo procesan los niños en riesgo de desarrollar psicopatía las emociones que promueven la afiliación social, como la risa», describe.

Viding y sus colegas reclutaron a 62 niños de 11 a 16 años con comportamientos disruptivos con o sin rasgos insensibles y no emocionales y 30 controles con comportamiento normal. Se emparejaron los grupos en función de la habilidad, el fondo socioeconómico, la pertenencia étnica y la destreza.

«No es apropiado etiquetar a los niños psicópatas», explica Viding. «La psicopatía es un trastorno de la personalidad adulta, sin embargo, sabemos de investigaciones longitudinales que hay ciertos niños que tienen un mayor riesgo de desarrollar psicopatía, y hemos examinado las características que indican ese riesgo».

Los investigadores capturaron la actividad cerebral de los niños utilizando la resonancia magnética funcional mientras escuchaban una risa genuina intercalada con risas y sonidos llorosos. A los chicos que participaron se les preguntó, en una escala de 1 a 7, cuánto les invitaba a unirse o sentir la emoción el hecho de oír un sonido y cuánto reflejaba el sonido una emoción genuinamente sentida.

Los chicos que mostraban un comportamiento disruptivo junto con altos niveles de rasgos insensibles-no emocionales reportaron menos deseo de unirse a la risa que los niños que se comportaban normalmente o aquellos que presentaban comportamientos disruptivos sin mostrar rasgos insensibles o de falta de emoción.

Todos los chicos mostraron actividad cerebral a la risa genuina en muchas partes del cerebro, incluyendo la corteza auditiva, donde se procesan los sonidos. Sin embargo, también surgieron algunas diferencias interesantes y fueron particularmente pronunciadas en los chicos cuyo comportamiento disruptivo se vinculó con rasgos insensibles-no emocionales.

Estos chicos mostraban una actividad cerebral reducida en la ínsula anterior y el área motora suplementaria, regiones cerebrales que se cree que facilitan la consonancia con las emociones de otras personas y les hace unirse a sus risas. Los muchachos que tenían comportamientos disruptivos pero niveles bajos de los rasgos insensibles-no emocionales demostraron algunas diferencias también, pero no tan pronunciadas como el grupo con altos niveles de rasgos insensibles-no emocionales.

Viding dice que es difícil saber si la respuesta reducida a la risa es una causa o una consecuencia de los comportamientos disruptivos de los chicos, pero cree que los hallazgos deberían motivar claramente un mayor estudio de cómo se procesan las señales de afiliación social en niños con riesgo de desarrollar psicopatía y trastorno de personalidad antisocial. Esta experta y sus colegas esperan explorar preguntas relacionadas, incluyendo si estos niños también responden de manera diferente a caras sonrientes dinámicamente, palabras de estímulo o muestras de amor. También quieren aprender a qué edad surgen esas diferencias.

Los resultados muestran que los niños que son vulnerables a desarrollar psicopatía no experimentan el mundo como el resto de nosotros, según Viding. «Esas señales sociales que automáticamente nos dan placer o nos alertan de la angustia de alguien no se registran de la misma manera para estos niños», afirma.

«Esto no significa que estos niños están destinados a convertirse en antisociales o peligrosos, sino que estos hallazgos arrojan nueva luz sobre por qué a menudo toman opciones diferentes que sus compañeros. Hemos empezado a entender cómo los procesos subyacentes del comportamiento prosocial pueden ser diferentes en estos niños. Esta información es esencial si queremos mejorar los actuales enfoques de tratamiento para los niños afectados y sus familias, que necesitan nuestra ayuda y apoyo», concluye. EP

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