Desaparición de Diana Quer
La Razón

Seguimientos a 150 kilómetros por hora

Desde que «El Chicle» se percató de que la Guardia Civil le tenía en el punto de mira empezó a actuar a la desesperada. «El control no podía ser permanente, es ilegal. Desde que se archivó el caso sólo podíamos darle sustos»

José Enrique Abuín Gey, conocido como «El Chicle», tiene más de una tendencia criminal. Y entre ellas está su afición desmedida por la velocidad. Desde que en noviembre de 2016 se percató de que era objeto de seguimientos por parte de la Guardia Civil, su mente empezó a carcomerse por la duda de si se trataba de algún asunto de drogas en el que andaba inmerso o si tenía que ver con la desaparición de Diana Quer, de la que ahora se sabe que ha sido su autor.

Conocedora la Guardia Civil de que «El Chicle» les había «mordido» –que les había detectado en términos policiales–, decidió utilizar esa vigilancia como un elemento de presión para ver si, como suele ocurrir, Abuín cometía un fallo que precipitase su detención. Lo que no sabía este individuo es que el Insituto Armado también barajaba otros candidatos además de él. La sospecha sobre los feriantes que estaban en las fiestas de A Pobra también tenia mucha fuerza, y además, entre ellos había uno que cada vez que era preguntado por los agentes mostraba un gran nerviosismo.

Probablemente, de haber sabido esto, «El Chicle» no hubiera actuado a la desesperada. Desde que supo que la Guardia Civil le seguía la pista comenzó a conducir a grandes velocidades, a veces cercanas a los 200 kilómetros por hora. Cuando se trataba de la autovía, no había mayores problemas para los agentes, ya que lo podían controlar a través de otras patrullas. Pero las dificultades surgían cuando se metía por «corredoiras» (caminos y carreteras secundarias) a150 kilómetros por hora. Él los conocía muy bien y convertía los seguimientos en auténticos rallys. Esos caminos eran los de mayor interés operativo para los guardias porque en una de esas zonas podía estar enterrado el cuerpo de Diana. «El Chicle», como delincuente con experiencia, hacía paradas inesperadas para, dada la velocidad con la que conducía, ver si aparecía algún coche y comprobar que en ese momento era objeto de vigilancia. Lo cierto es que los agentes pasaron por momentos de peligro porque bajo ningún concepto podían permitir que se les escabullera el objetivo.

Fuentes de la Investigación han señalado a LA RAZÓN que en los 12 meses que median entre noviembre de 2016 y el mismo mes del año pasado, no se han producido más «novedades» además de los rallys de Abuín. También se debe tener en cuenta que los agentes tenían que seguir varias líneas de pesquisas y no podían estar de vigilancia continua con el mismo sospechoso.

Pero en diciembre cometió el error que hizo que el cerco terminara de cerrarse. Con el intento de secuestro de la chica suramericana de Boiro los agentes ya no tuvieron duda de que él era el culpable de la muerte de Diana Quer. Aunque en un principio su mujer había permanecido férrea en su declaración, finalmente se derrumbó y reconoció que su marido no estuvo con ella la noche del 22 de agosto de 2016,como desde un principio había declarado a los agentes del Insituto Armado.

Lo cierto es que han surgido algunas críticas respecto a la actuación de la Benemérita. Muchas por desconociemiento. ¿Por qué a pesar de que la Guardia Civil sabía al 100% desde noviembre de 2017 que el que había secuestrado a Diana era «El Chicle», no pudieron realizarle un control permanente? ¿por qué no se le puso un vehículo las 24 horas? «No se le hizo un control permanente desde que se archivó provisionalmente el caso en abril de 2017 porque eso no lo permite la Ley si no se consigue una orden. Podemos tener un control, pero esporádico, porque de lo contrario sería ilegal. Lo que se hizo fue asustarle, dejándonos ver y ni aún así dejó de actuar», explicaron a este periódico fuentes próximas al caso.

«Las Fuerzas y Cuerpos de seguridad siempre pueden investigar al margen de jueces. Pueden vigilar a ciudadanos sospechosos de haber delinquido e investigar crímenes incluso después de que se hayan dictado sentencias absolutorias», explica el abogado Luis Romero. Ahora bien, debe ser un seguimiento puntual no permanente».

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