Ferias taurinas
La Razón

Cuchara de palo

Juan Manuel Munera triunfa en el escaparate de los novilleros

Algemesí, 29 de septiembre. Séptima de feria. Lleno. Cuatro novillos de Lagunajanda y uno de Los Bayones para rejones, bien presentados y de buen juego, destacando el de rejones y el tercero de lidia a pie.

Leo Valadez (de pavo y oro), entera, oreja; tres pinchazos y estocada, silencio.

Daniel García Navarrete (de verde hoja y oro), entera, vuelta al ruedo; tres pinchazos, aviso media, silencio.

Juan Manuel Munera, pinchazo, rejonazo y dos descabellos pie a tierra, dos orejas.

De las cuadrillas destacaron Ángel Otero y Rafael González.

Casi tres horas llevó consumir la séptima entrega del abono algemesinense, en buen parte por el lío que se originó cuando tuvo que salir el tercer novillo de la tarde, un astado de Los Bayones preparado para rejones que no salía, no salía... y no salió. Al parecer se inutilizó en los chiqueros y hubo que echar mano del sobrero, también de Los Bayones, para que actuase Juan Manuel Munera. Que se las vio con un animal feo y desgarbado, altón y como desproporcionando pero que embestía a todo lo que se movía. Acometió con celo a los caballos del jinete de Villarrobledo, que no se descompuso ni se vio apurado en ningún momento, ni por la fiereza del novillo ni por las complicadas características del escenario. Muy sereno, muy puesto, fue atemperando las acometidas de su oponente, evidenciando temple y una excelente monta y doma de sus cabalgaduras, con las que hasta ensayó llevar a dos pistas al novillo. Procuró clavar siempre arriba, dejando llegar mucho y cuajando una actuación de conjunto que, pese a que tuvo que descabellar pie a tierra, fue recompensada justamente -Algemesí no es Bilbao, obviamente- y se ganó no sólo una muy merecida puerta grande sino la consideración de ser ya uno de los tenidos como más destacados de este serial del que quedan sólo dos entregas.

En un certamen de novilleros, hasta la fecha, el más sobresaliente ha sido un rejoneador. En casa del herrero, cuchara de palo, ya se sabe.

Sus compañeros de a pie y luces se las vieron con un conjunto de Lagunajanda que fue de menso a más en cuanto a presencia pero que, en juego y comportamiento, fue muy parejo y notable, destacando el lidiado en tercer lugar. Serio, bien armado, con cuajo y hechuras de toro, con pies... Desarmó de salida a Leo Valadez, que no acertó a templarse con él, muleteando a mucha velocidad y sin someterle, hasta que el novillo se desentendió y buscó acomodo en las tablas. Antes se había llevado una oreja de su primero, al que sacó otro trasteo de poca templanza y menos sintonía entre las partes.

La primera faena de García Navarrete fue de más a menos, sin coger la distancia precisa y sin entenderse con el utrero. Su segunda faena, en cambio, comenzó titubeante pero se fue asentando poco a poco ante un novillo que exigía firmeza e ideas claras, mando y sometimiento. Y a base de ir bajando la mano logró ir haciéndose con el hasta completar una labor a más, en las que destacó su toreo al natural. De haber matado con prontitud y eficacia hubiese tocado pelo.

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