Toros
Patricia Navarro

Despedida a lo grande del ganadero más universal

Galapagar se queda pequeño en el funeral de Victorino Martín

Victorino se encargó de hacer historia en sus 88 años de edad y quiso volver a volver. Volver a las raíces antes de volar para siempre. Y lo hizo en su Galapagar natal, en las entrañas de la sierra madrileña, allí donde Candelas le dio a la luz y comenzaron las primeras andanzas con sus hermanos Adolfo y Venancio, su primer trabajo en la carnicería de su tío Mateo o los primeros festejos que organizaron juntos. Y allá se desplazó gran parte del toreo para despedir al ganadero capaz de convertirse en leyenda y convertir su ganadería, sus toros, en un icono de la tauromaquia y capaz también de traspasar todas las fronteras. Fue un desfile de amigos, de compañeros y de taurinos y de un gran número de toreros que no quisieron perderse la despedida en la iglesia del pueblo. Como fue el caso de El Niño de la Capea, acompañado de su inseparable mujer Carmen, tampoco Espartaco, ni Pepín Liria, El Fundi, Diego Urdiales, Manuel Jesús “El Cid”, César Rincón, Enrique Ponce, que entró a la iglesia con su suegro Victoriano Valencia, El Viti, Rafaelillo, Uceda Leal, Alberto Aguilar, Cristina Sánchez, Ortega Cano, Jiménez Fortes, Manuel Caballero, Raúl Gracia “El Tato”, Manuel Escribano, Vicente Ruiz “El Soro”, el torero colombiano Luis Bolívar, que además fue apoderado por Victorino, Roberto Domínguez, Gómez del Pilar, Tomás Campos, los banderilleros Rafael Amigo, José Antonio Carretero, el apoderado Fran Vázquez, y el también ganadero Juan Pedro Domecq, entre muchísimos asistentes.

El féretro, que entró a la iglesia pasadas las seis de la tarde, estuvo acompañado por su familia, su hijo Victorino, y también su hermano Adolfo. Manuel Ángel Fernández, de la comunidad de Madrid tampoco faltó al acto, tan multitudinario, que la iglesia se quedó pequeña para despedir al ganadero más importante de la tauromaquia y muchos de los asistentes presenciaron la misa desde el exterior.

Dejaba atrás Victorino 88 años de historia, de anécdotas, de perspicacias, que se agolpaban justo ahora a las puertas de la iglesia y entre la multitud. El toreo le homenajeaba, le recordaba y había ido hasta allí para despedirle entre honores. No merecía otra cosa el hombre que fue capaz de construir en vida su propia leyenda y universalizar los toros de la A coronada.

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