Consumo

Detox: No es sano todo lo que reluce

Riesgos para el riñón, el hígado... la dieta tampoco se libra del «efecto rebote».

Detox: No es sano todo lo que reluce
Detox: No es sano todo lo que relucelarazon

Riesgos para el riñón, el hígado... la dieta tampoco se libra del «efecto rebote».

Si hay un régimen que ha conseguido escapar de la mala prensa que persiguen a las «dietas milagro» ése es el detox. Y es que, en principio, cuenta con todos los ingredientes necesarios para cumplir unos estándares saludables: consumo diario y masivo de frutas y verduras, sobre todo en «formato» de zumo, que pueden ser hechos a mano –o adquiridos a precios «hinchados–; ingesta de alimentos que «purifican» nuestro organismo, eliminando así a esas escurridizas toxinas que se «cuelan» diariamente en nuestro cuerpo, y absorción de antioxidantes, con todas las propiedades «antiaging» que atesoran. Por si fuera poco, también se pierde peso: es la dieta «estrella» tras los excesos navideños y/o veraniegos y, sí, es posible eliminar de dos a cuatro kilos en menos de una semana. Como colofón, cuenta además con el «sello» de aprobación de un nutrido grupo de «celebrities»: Gwyneth Paltrow, Kate Moss, Beyoncé y un larguísimo etcétera. Ahora bien, no es sano todo lo que reluce, por más que sea de color verde. Como cualquier dieta, el hecho de llevarla al extremo acarrea bastantes más perjuicios que beneficios.

Para empezar, el hecho de beber tanto líquido no es recomendable. «Los riñones sufren una sobrecarga. Están constantemente liberando líquido», explica a LA RAZÓN Miguel Aganzo, nutricionista de la Fundación Jiménez Díaz. «Nuestra capacidad de eliminar líquidos está limitada por el tamaño del riñón. Hay gente que puede beber tres litros de agua y gente que no. Beber dos litros y medio al día puede provocar que se infarte el riñón o insuficiencia renal», añade el especialista.

Además, el consumo excesivo de fructosa, es decir, el azúcar que contiene la fruta, también puede ser perjudicial a la larga. «Ese azúcar sólo lo puede metabolizar nuestro hígado, ninguna otra célula», asegura Aganzo. De ahí que un «superávit» de fructosa puede provocar «que se desarrolle un hígado graso. Si la persona que sigue la dieta tiene grasa abdominal, puede que parte de esa grasa se infiltre en el hígado, lo que puede dañarlo».

No hay que olvidar tampoco la carencia de determinadas vitaminas. Como apunta el nutricionista de la Fundación Jiménez Díaz, las vitaminas, aunque se llamen igual, no tienen las mismas propiedades en vegetales que en animales. Es el caso del hierro y la vitamina B12. «La biodisponibilidad del hierro en los vegetales es baja: lo absorbemos poco, lo almacenamos mal y el provecho que le sacamos es muy bajo. Sin embargo, el de los animales lo metabolizamos más. Alguien que sólo tome vegetales, nunca va a conseguir subir los niveles de hierro», dice Aganzo. En lo que respecta a la vitamina B12, sólo se encuentra en alimentos de origen animal –como son las carnes, lácteos, huevos, etc– y, entre sus propiedades, ayuda a formar glóbulos rojos, fortalece el sistema inmunitario e incluso se ha visto cómo su carencia está asociada a altos niveles de demencia y Alzhéimer en ancianos. «La ausencia de la vitamina B12 y de hierro puede desembocar en una anemia. Sin estos dos componentes, no podemos vivir», explica.

«Es una dieta de moda, de choque, violenta, que intenta expulsar una supuesta intoxicación a través de vitaminas y antioxidantes. Frutas naturales, espinacas, alcachofas... El objetivo es volver a una comida más primaria», describe Adelardo Caballero, director y coordinador del Instituto de Obesidad. Caballero no cree que puedan llegar a ser perjudiciales, aunque es cierto que los contrarios a la dieta argumentan que «ya contamos con un sistema autónomo, nuestro hígado y riñones, que ya saben cómo desintoxicarse y purificarse». Pero, debido a que este régimen es «un poco desequilibrado y carente de los oligoelementos necesarios, no debe mantenerse un tiempo prolongado». En este caso, no más de 10 o 15 días. En todo caso, recuerda que «todas las dietas deben estar supervisadas por un nutriocionista y un médico».

Como decíamos al principio del artículo, es cierto que la detox promete perder peso rápido... y cumple su palabra. Ahora bien, no está exenta del «efecto rebote» que acompaña a la inmensa mayoría de las «dietas milagro». «Cuentas más veces hacemos dietas más restrictivas en energía, el cuerpo aprende a hacer las funciones vitales con un gasto mínimo», explica Aganzo. «Al adelgazar, el cuerpo libera energía que tenemos acumulada en forma de grasa. Cuando recibe una ingesta limitada, nuestro organismo no se puede permitir el lujo de gastar energía: entra en modo ahorro. ¿La consecuencia? «Podemos perder 10 kilos en un mes, pero en tres meses nos sobrarán 20. Aparte de recuperar el peso muy fácilmente, volver a perderlo va a ser más difícil, porque nuestro organismo ya sabe lo que tiene que hacer para ahorrar esa energía», concluye el nutricionista.