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Dietas grasas para ser más longevos

Dos estudios publicados en la revista «Cell Metabolism» confirman que una alimentación baja en carbohidratos y rica en grasas permite vivir más, pero los expertos lo ponen en duda porque crearía carencias nutricionales

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11 de septiembre de 2017. 17:53h

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Raquel Bonilla 11/9/2017

La clásica pirámide nutricional puede ponerse en entredicho. Al menos sus cimientos parecen tambalearse después de que esta semana se hayan publicación en la revista americana «Cell Metabolism» dos estudios realizados en ratones que confirman que las dietas ricas en grasa y con bajo contenido en hidratos de carbono, denominadas como cetogénicas, pueden aumentar la longevidad y mejorar las capacidades cognitivas y motoras durante el proceso de envejecimiento del organismo.

Los resultados de ambos ensayos, elaborados de manera independiente entre ellos por la Universidad de California Davis y por el Instituto de Investigaciones del Envejecimiento de Estados Unidos, han levantado polémica porque echan por tierra las bases de nuestra vanagloriada Dieta Mediterránea. «Como estudios básicos de laboratorio pueden estar bien, pero no hay que olvidar que sólo se han realizado en ratones y no tiene sentido extrapolarlo a humanos, pues una persona no puede vivir a base de una alimentación sólo rica en grasas y proteínas, no sólo por una cuestión metabólica, sino también práctica, porque significaría estar toda la vida sin comer frutas, cereales, legumbres, y eso se traduciría en la falta de fibra, de ciertas vitaminas como el fólico o de minerales como el magnesio, sin olvidar a los antioxidantes, que están ceñidos sobre todo al mundo vegetal», asegura Jesús Román, presidente del Comité Científico de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación.

En esta misma línea también se posiciona Clotilde Vázquez, jefa del departamento de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, quien recuerda que «las dietas que producen cetosis (la fase en la que el organismo cambia la glucosa por la grasa como combustible principal para generar energía) implican la bajada rápida de peso a costa de perder músculo, lo que se traduce en un peligroso efecto rebote, hasta el punto de que se pueden recuperan, incluso, más kilos de los que se pierden».

Sin embargo, tal y como recuerda Vázquez, estas dos nuevas investigaciones mantienen la línea del reciente estudio Predimed, que fue el primero en demostrar que una dieta rica en grasas saludables, tal y como ocurre con la Mediterránea, previene el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares. «El problema está en que habitualmente hablamos de las grasas como una única cosa y recomendamos reducir su consumo, cuando en realidad las hay muy diferentes y algunas son muy saludables, tal y como ocurre con el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos como las nueces o las grasas procedentes del pescado azul», matiza Vázquez, quien recuerda que, además, «las grasas buenas tienen otro aspecto muy interesante, y es que son muy positivas para mantener fuerte la flora intestinal».

«Carbohidratofobia»

Los nuevos estudios publicados esta semana reflejan la actual moda que la doctora Vázquez denomina como «carbohidratofobia». «Es cierto que existen algunos carbohidratos de mala calidad muy perjudiciales para la salud, porque son refinados y de absorción rápida, que están presentes fundamentalmente en los productos procesados. Pero también hay carbohidratos muy saludables, como los presentes en las verduras, en los cereales o en las legumbres, de los que sería un grave error prescindir, de ahí que tengan un papel destacado en nuestra actual pirámide nutricional», explica Vázquez, que aconseja «no tener miedo al pan, siempre y cuando éste sea de calidad, o a las legumbres, pues contienen unos hidratos de buenísima calidad y no aportan tantas calorías como se cree. Nunca debemos quitarlos de la dieta».

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