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«Hay que desmitificar el trastorno alimentario»

«Qué sientes cuando no sientes nada», de Victor Panicello, es una novela cuyo objetivo es la prevención y comprensión de los trastornos de la conducta alimentaria (anorexia y bulimia, TCA). Surgió a modo de proyecto desde la Fundación ABB, que dirige Raquel Linares. Desde la misma, dedican grandes esfuerzos a apoyar a los enfermos de TCA y a sus familias.

Raquel Linares/ Presidenta Fundación ABB
Raquel Linares/ Presidenta Fundación ABBlarazon

«Qué sientes cuando no sientes nada», de Victor Panicello, es una novela cuyo objetivo es la prevención y comprensión de los trastornos de la conducta alimentaria (anorexia y bulimia, TCA). Surgió a modo de proyecto desde la Fundación ABB, que dirige Raquel Linares. Desde la misma, dedican grandes esfuerzos a apoyar a los enfermos de TCA y a sus familias.

-Lejos de los puntos de vista tradicionales de la anorexia y bulimia, ¿cómo surge la idea de realizar o encargar el libro «Qué sientes cuando no sientes nada» desde la Fundación ABB?

–Desde la fundación nos dedicamos a ver qué podemos hacer por la sociedad, dado que no la podemos cambiar. Pero nos pueden ir llegando mensajes de cómo ayudar a los jóvenes más vulnerables –entre un 4-6% de la población– frente a estos trastornos alimentarios. Por eso, siempre andamos pensando en acciones para llegar a quienes lo necesitan. Primero, creo está para desmitificar un poco el que no son enfermedades superficiales ni tonterías, que son patologías totalmente reversibles y que la mayoría de las veces se detectan tarde, cuando ya ha pasado un tiempo largo desde el primer síntoma. Todos los años desarrollamos un proyecto, y este empezamos a pensarlo hace un año y medio.

–¿Cómo han conseguido plasmar con tanta fidelidad, pero sin dramatismos la experiencia de los pacientes?

–La idea era crear una novela juvenil, pero no por ello deja de estar recomendada para el entorno de los pacientes, como las familias, en la que los coautores –el autor que recoge la historia es Víctor Panicello– fueran pacientes que estuvieran ya bien avanzados en su tratamiento. Escogimos de todos los que teníamos a aquellos que les gustaba más la narrativa. Al final fueron unos 14.

–¿Cómo y cuál ha sido el plan de trabajo?

–Durante un tiempo, un poquito largo, se puso a cada uno a elaborar una historia, que en conjunto es una suerte de experiencia compartida. Lo que más me gusta es que la idea era que consiguiesen una novela que les hubiese gustado leer cuando estaban tan perdidos y nadie les comprendía, ni ellos mismos sabían lo que les pasaba.

–Al final, ¿es una novela con un objetivo pedagógico?

–Pues sí. Decíamos «pensar en ese joven que pueda leer esta novela, para qué le puede servir». En muchos casos es para las familias, para comprender lo que le pasa a un amigo, y saber si «por ese camino no voy bien». Para poder pedir ayuda antes de que todo se complique. Un poco de sensibilización, de comprensión y prevención de estos trastornos alimentarios.

–El título alude a las emociones. ¿Es por aquí por donde hay que buscar el origen de todo?

–Detrás de ellos, siempre hay un componente emocional, que muchos pacientes no saben gestionar y lo manifiestan a través de la comida. Y de ahí su trastorno. Por eso, cada capítulo es una receta con una emoción. Y ahí va la trayectoria de la protagonista de lo que va pasando y va surgiendo a través de todas las emociones. Lo que se ve es que si éstas no se comparten, se las queda uno solo, por el miedo a lo que piensen los demás, por vergüenza... van generando problemas. Y cuando se recuperan del trastorno, es el momento en el que aceptan esa situación y esa realidad.