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Un desayuno «pobre» duplica el riesgo cardiovascular

Un estudio subraya que incluir menos del 5% de las calorías diarias recomendadas es tan peligroso como el tabaquismo, el sedentarismo y la obesidad

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    / Gtres

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09 de octubre de 2017. 17:55h

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Pilar Pérez 9/10/2017

Ya lo recoge el dicho popular: «Desayuna como un rey, como un príncipe y cena como un mendigo». Esto viene a refutar la importancia de la primera comida del día con un estudio recientemente publicado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), que subraya que desayunar bien no sólo es importante, sino que si éste es escaso o no se practica, puede considerarse un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares como lo son el tabaco, el colesterol o el sedentarismo.

Además, el 70% de los españoles no hace las cinco comidas recomendadas por los expertos y el 90% no desayuna o lo hace forma incompleta, como recoge el segundo Observatorio Nestlé de Hábitos Nutricionales y Estilo de Vida de las Familias. El trabajo, que recoge «The Journal of American College of Cardiology», titulado «Progression and Early Detection of Atherosclerosis» (PESA) explica que desayunar unas cien calorías, es decir, menos del 5% de las 2.000 calorías diarias recomendadas para una dieta completa, duplica el riesgo de lesiones ateroscleróticas. La investigación, liderada por el director general del CNIC, Valentín Fuster, hizo un seguimiento a largo plazo de la salud de 4.000 personas de mediana edad que fueron controladas para determinar la prevalencia y progresión de las lesiones ateroscleróticas latentes (llamadas «subclínicas» porque no muestran síntomas). Los investigadores estudiaron la asociación de dichas lesiones con factores moleculares y ambientales, como los hábitos alimentarios, la actividad física, los biorritmos, las características psicosociales y la exposición a contaminantes ambientales.

Un punto clave es conocer que a edades tempranas, las placas ateroscleróticas (acumulación de grasas en las paredes de las arterias dentro del proceso llamado aterosclerosis) ya empiezan a desarrollarse, aunque no haya síntomas (aterosclerosis subclínica). En este trabajo, el 20% de los participantes tomaba un desayuno con alto valor energético (20% de las calorías diarias), el 70% un desayuno de bajo valor energético (entre 5 y 20% de las calorías diarias), y el 3% desayunaba muy poco o nada (5% de las calorías diarias) y apenas invertía cinco minutos en desayunar: tan solo tomaban un café o zumo de naranja o incluso nada. Además, apuntan los investigadores del CNIC, este último grupo se caracterizada por seguir una dieta menos saludable y mayor prevalencia de factores de riesgo cardiovascular.

Con estudios de tecnología de ultrasonido (ecografía) vascular, los investigadores observaron que los que se saltaban el desayuno tenían 1,5 veces más placas ateroscleróticas y una afectación en varias regiones de hasta 2,5 veces mayor que los del grupo que tomaba un desayuno energético. Y todo ello, independientemente de otros factores de riesgo y hábitos de vida nocivos, explica la doctora Irina Uzhova, investigadora del CNIC y primera autora del trabajo. Saltarse el desayuno, concluye José Luis Peñalvo (coautor), constituye un comportamiento alimenticio global poco saludable, asociado a una mayor prevalencia de una aterosclerosis generalizada.

Peñalvo cuenta que es el primer estudio que evidencia de forma directa la asociación entre diferentes patrones de desayuno con la presencia de lesiones ateroscleróticas visualizadas por métodos no invasivos como la tecnología de ultrasonido vascular. Según el también autor de este estudio y experto en nutrigenómica del CNIC, José María Ordovás, los análisis sugieren que «saltarse» el desayuno podría ser un verdadero marcador o incluso un factor de riesgo para estas fases iniciales de la enfermedad aterosclerótica, cuyo mecanismo de acción habrá que investigar.

«Necesitamos marcadores de riesgo más precoces y precisos en las fases iniciales de la enfermedad aterosclerótica que nos permitan mejorar la prevención en el riesgo de sufrir un infarto, un ictus o muerte súbita. Y los resultados de este trabajo contribuyen definitivamente a ello», comenta Antonio Fernández-Ortiz, investigador del CNIC y coordinador científico del estudio PESA.

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