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A Tu Salud
A Tu Salud / 19/10/2016 06:18 Marta Lorenzo (T21).  | Madrid.
El placebo funciona incluso si el paciente sabe que le engañan

Un sorprendente estudio revela que no hace falta ocultar que las medicinas son falsas para que hagan efecto

Un nuevo estudio profundiza en los efectos del placebo en el cerebro
Un nuevo estudio profundiza en los efectos del placebo en el cerebro
Jesús G. Feria

La sabiduría médica convencional ha sostenido durante mucho tiempo que los efectos del placebo dependen de la creencia de los pacientes en que están recibiendo medicación farmacológicamente activa.

Ahora, un estudio cuestiona esta idea, pues ha demostrado que pacientes que tomaron un placebo a sabiendas de que era un placebo, además del tratamiento real que ya tomaban para el dolor de espalda, mejoraron su estado, en comparación con otros pacientes que siguieron tomando solo las medicinas de siempre.

«Estos resultados le dan la vuelta a nuestra comprensión del efecto placebo «, afirma Ted Kaptchuk, autor de la investigación y director del Programa de Estudios de placebo del Beth Israel Deaconess Medical Center; además de profesor asociado de medicina de la Facultad de Medicina de Harvard, informa Tendencias 21.

Según Kaptchuk, su estudio demuestra que el efecto placebo no es provocado necesariamente por la expectativa consciente de los pacientes sobre un medicamento supuestamente activo, sino que tomar una píldora en el contexto de la relación médico-paciente, incluso cuando se sabe que esa píldora es un placebo, constituye todo un ritual que cambia los síntomas, pues activa regiones del cerebro que los modulan.

Características del estudio

Kaptchuk y sus colaboradores del Instituto Superior de Psicología Aplicada (ISPA) de Lisboa estudiaron a un total de 97 pacientes con dolor lumbar crónico, un trastorno que provoca en todo el mundo más discapacidad que cualquier otra condición médica.

Tras un examen médico de todos los participantes, realizado por una enfermera especialista en este trastorno, los investigadores dieron a los pacientes una explicación de 15 minutos sobre el efecto placebo.

A continuación, los dividieron al azar en dos grupos. En uno de ellos, los pacientes siguieron su tratamiento acostumbrado; y en el otro se suministró a los pacientes un placebo, además del tratamiento que ya seguían. El frasco de píldoras de placebo llevaba una etiqueta que especificaba claramente lo que eran. Los participantes debían tomar dos de estas pastillas al día.

La gran mayoría de los participantes de ambos grupos (entre un 85 y un 88%) ya estaban tomando medicamentos (antiinflamatorios no esteroideos) para el dolor. Aquellos pacientes que tomaban medicamentos opioides fueron excluidos de la investigación.

A los participantes de ambos grupos se les obligó a no cambiar de dosis en sus medicamentos tradicionales ni hacer cualquier otro cambio de estilo de vida, como iniciar un plan de ejercicios o tomar un nuevo medicamento, con el fin de determinar el verdadero efecto del placebo ‘consciente’ sobre su dolor crónico.

Las estadísticas del alivio

Después de tres semanas de tratamiento con el placebo, el grupo que lo tomó informó de una reducción global del 30% tanto en su dolor habitual como en sus máximos de dolor, en comparación con el 9% y el 16% respectivamente de reducción que informó el otro grupo.

Asimismo, en los participantes que tomaron el placebo también se redujo en un 29% la discapacidad relacionada con el dolor. Los que recibieron el tratamiento habitual, en cambio, no informaron de ninguna mejoría en este sentido.

Creencias, rituales y relaciones humanas

«Esta es la ventaja de estar inmerso en un tratamiento: El cuerpo responde a la interacción con un médico o una enfermera, con el hecho de tomar píldoras; con todos los rituales y símbolos del sistema sanitario», señala Kaptchuk. «Nuestros resultados demuestran que el efecto placebo puede aprovecharse sin engaño», afirma por su parte la autora principal de la investigación, Claudia Carvalho, del ISPA.

Kaptchuk especula que otras afecciones y tipos de dolor, como la fatiga, la depresión, los problemas digestivos comunes, etc. también podrían ser modulados por un tratamiento de placebo con etiqueta abierta.

«El placebo nunca va a reducir un tumor o a destaponar una arteria. No es la panacea, pero hace que las personas se sientan mejor”. Por tanto, el placebo “tiene significado clínico, es estadísticamente significativo, y alivia a los pacientes. Es esencial para la medicina», añade Kaptchuk.

El factor humano también sería muy importante para el alivio del dolor pues, según Carvalho, “tomar píldoras de placebo para aliviar los síntomas si no existe una relación cálida y empática con un profesional de la salud probablemente no funcionaría».

Cómo funciona el placebo y otros misterios

A nivel cerebral, se sabe que el placebo funciona porque, cuando una persona cree que va a tomar una medicina real, en su cerebro se activa una región llamada ‘núcleo accumbens’, que está vinculada al beneficio o la recompensa. Entonces, el cerebro segrega dopamina, una sustancia que alivia al dolor.

El presente estudio parece sugerir, por tanto, que el cerebro puede generar esa respuesta, incluso a sabiendas de que se está tomando un placebo, simplemente por el contexto en que lo toma.

En definitiva, los estudios sobre el placebo son cada vez más interesantes. Recientemente, se ha demostrado también que es posible convertir una neurona que no haya respondido a placebos, «no-respondedora», en una que sí lo haga, «respondedora», condicionando previamente a los pacientes con un fármaco de verdad.

Asimismo, se ha constatado que el efecto placebo se está convirtiendo en un problema para los ensayos clínicos, pues cada vez es mayor, lo que condiciona la determinación fiable del verdadero funcionamiento de los medicamentos.

Más información en Tendencias 21

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