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España, ante la peor sequía desde la década de los 90

Si no llueve en las próximas semanas se iniciará el tercer año hidrológico consecutivo de escasas precipitaciones. Los episodios torrenciales como los de agosto no son la solución y son consecuencia de las altas temperaturas de un verano que vuelve a marcar récords

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11 de septiembre de 2017. 17:52h

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Eva Martínez Rull 11/9/2017

Si no llueve lo suficiente este otoño, cuando comience el nuevo año hidrológico, España se enfrentará a la peor sequía desde los años 90. Las reservas de agua se encuentran en un 42% (cuando en años no secos suelen estar en un 60%) y la Federación Nacional de Comunidades de Regantes de España (Fenacore) reconocían esta semana a la agencia Efe que si las cosas no cambian en 2018 habrá restricciones en casi todas las cuencas y el conjunto de la Península entrará en situación de sequía extrema. Un proceso paulatino que se verifica desde el año 2015 y que se agravó sobre todo en 2016 por la ausencia de precipitaciones. La situación de falta de agua es más grave en las cuencas del Segura (los embalses están al 17,1% de capacidad) y el Júcar (embalses al 27,6%), aunque lo preocupante es que la escasez de lluvia también afecta a otras cuencas como las del Duero (34,6%) o el Tajo (al 42,2%), o el Guadalquivir (con un promedio de agua del 35,2%.

Para contrarrestar esta peligrosa situación tendría que llover por encima de la media en los próximos meses; se podría sufragar así el déficit que se registra desde el otoño de 2016 y que no ha hecho sino agravarse desde entonces. Sin embargo, «las previsiones europeas marcan un otoño de lluvias normales y no abundantes. Lo preocupantes son las estimaciones que realiza la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) americana que señala que los próximos meses van a ser bastante secos en este lado del Atlántico. La situación de sequía no tiene muchas posibilidades de mejorar en los próximos meses. Para hacerse a la idea de lo que tendría que suceder para paliar esta situación hay que pensar que la de los años 90 se terminó con un mes entero de lluvias», explica Jorge Olcina, director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante.

Este tipo de ciclos de sequía se deben a una mayor potencia del anticiclón de las Azores, es decir, aumenta su presencia durante más días al año, evitando que las borrascas traigan lluvias. Algo que ya ha ocurrido entre los años 1991-1995 y el periodo 1980-1984. «Normalmente hay un ciclo de estas características cada 10-15 años. Este de ahora se estaba retrasando», continúa Olcina. Como él mismo explica este tipo de ciclos son naturales y no hay nada que demuestre que están relacionados con el cambio climático. Sin embargo, sí lo están la estacionalidad de las lluvias y que éstas sean de carácter más intenso y concentrado, algo que explica que se den fenómenos de gota fría en pleno agosto.

El investigador considera que «hay evidencias de que el mar Mediterráneo se ha calentado mucho en los últimos años y que lo hace durante más tiempo. Es decir, que la temperatura elevada del agua del mar, por encima de 25º C, podemos tenerla desde junio a septiembre frente a las costas de la península Ibérica. Y esto genera dos efectos. Por un lado, aumenta las noches tropicales, porque el agua cálida impide que la temperatura del aire baje por las noches. Cada vez tenemos más noches ‘‘tropicales’’ (temperaturas mínimas por encima de 20º C) en nuestro país especialmente en el sur y el área mediterránea. Esto es un indicio claro de que el clima está cambiando. Se está haciendo menos confortable. No es que se batan récords de temperatura máxima, sino que las noches están siendo cada vez más calurosas. Y esto es también un signo de cambio climático. Por otro lado, eleva el riesgo potencial de tormentas e inundaciones en el área del mediterráneo, porque el agua del mar es el “combustible” principal de las situaciones de gota fría mediterránea, para que se generen lluvias torrenciales. El Mediterráneo se comporta como un mar tropical desde hace unos años. Por eso las tormentas son cada vez más intensas. Llueve en cada vez menos tiempo y lo hace torrencialmente».

Cambios de tiempo

Este verano que está concluyendo se vuelve a colocar entre los más calurosos desde que se tienen registros. Según los últimos datos publicados esta semana por el programa Europeo de Observación de la Tierra, Copérnico, este mes de agosto la temperatura terrestre es la segunda más alta registrada desde 1981. También julio, y siguiendo los datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE UU, ha sido el mes más caluroso en la superficie del planeta desde 1880 con 1,2 grados más que el promedio del mismo mes en el siglo XX. Hay que recordar que por delante sólo está el mes del año anterior, julio de 2016, cuando se registraron +0,88 grados.

En la Península este verano se ha caracterizado por los cambios de tiempo, con un ejemplo claro en la extrema bajada de temperaturas de finales de agosto. La posible causa se encuentra en los niveles altos de la atmósfera; concretamente, dice la Agencia Estatal de Meteorología, en la corriente en chorro que hace de barrera entre las masas de aire polar (frío) y tropical (cálido). «No todos los veranos se producen ondulaciones tan marcadas del chorro polar que provoquen descensos tan acusados de la temperatura, pero no es excepcional. No son pocos los veranos en los que la Península se ve afectada por la llegada de vaguadas o danas (Depresión Aislada de Niveles Altos) que provocan tiempo revuelto y descensos térmicos, lo que ocurre es que este año dichos descensos han sido muy acusados, especialmente en zonas del norte peninsular», explican desde la Aemet.

Hay que esperar a los datos globales de este verano (que no se harán públicos, lógicamente, hasta que termine la estación, aunque la Agencia Española de Meteorología afirma que el mes de agosto ha tenido en conjunto un carácter muy cálido, con una temperatura media sobre España de 24,9 ºC, valor que queda 1,0 ºC por encima de la media de este mes (periodo de referencia: 1981-2010). El mes de julio también ha quedado a 0,9ºC por encima de la medida de este mes y el mes de junio hasta tres grados por encima de lo normal para dicho periodo.

Sin «el niño»

«Las mayores variaciones en otros lugares se encuentran en el Pacífico oriental tropical, donde ocurren eventos ocasionales de “El Niño”, especialmente en 1982/83, 1997/98 y 2015/16. Estos eventos actúan para calentar la atmósfera durante un período de un año aproximadamente, y uno de esos eventos fue responsable de gran parte de la calidez mundial récord del año 2016», explican desde el programa Copérnico. Olcina matiza: «Este verano caluroso se suma a los dos anteriores 2015 y 2016 con una diferencia. En 2015 y 2016 se estaba desarrollando un episodio fuerte de El Niño y en estos años es normal que suba la temperatura en todo el hemisferio norte. Pero en 2017 ya no hemos tenido episodio de Niño y por tanto el calor registrado tiene que ver directamente con el proceso de calentamiento térmico planetario que se está viviendo en las últimas décadas y que parece que sigue su tendencia ascendente. La cuestión comienza a ser preocupante, porque se ve que sin ningún incentivo externo (como lo es el fenómeno de ‘‘El Niño’’), la temperatura no deja de crecer».

Temperaturas muy altas

La temperatura del aire de superficie promedio global ha aumentado 1,05 °C desde el siglo XVIII, con una incertidumbre en esta estimación de ± 0,15°C, mientras que la temperatura promedio global ha subido desde 1979 a una tasa promedio de alrededor de 0,17-0,18°C por década. En Europa las temperaturas se han incrementado incluso más rápido. Hay que tener en cuenta que las variaciones naturales pueden ser de incluso 0,5°C para los promedios mensuales , y 0,3°C para los promedios anuales, y que las variaciones locales pueden ser mucho más grandes: los promedios mensuales pueden estar por encima de

10° C, según datos de Copérnico .

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