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Formentera limitará el fondeo de yates para proteger la Posidonia

La isla pitiusa quiere abanderar la lucha por la protección de esta planta marina, el ser vivo más longevo del mundo

  • La posidonia filtra los sedimentos y mantiene la oxigenación del mar. De ella se alimentan mil especies marinas y sirve de forraje para ganado. Sus bermas evitan también la erosión en las playas
    La posidonia filtra los sedimentos y mantiene la oxigenación del mar. De ella se alimentan mil especies marinas y sirve de forraje para ganado. Sus bermas evitan también la erosión en las playas / Manu San Felix

Tiempo de lectura 5 min.

23 de octubre de 2017. 17:56h

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Eva Martínez Rull 23/10/2017

La Posidonia Oceánica de Baleares (que no es un alga, sino una planta marina con tallos, raíces y flores) es el organismo vivo más longevo, con sus 100.000 años, del planeta. «Es la bendita culpable de que tengamos las mejores playas del mundo» explicó Pilar Costa, consejera de Presidencia del Gobierno Balear durante la celebración del Festival «Save Posidonia», una cita celebrada recientemente en Formentera. En la isla hay 7.650 hectáreas de posidonia y unas 55.795 en todas las Baleares, aunque cada año se pierde un 4-7% de estas praderas Patrimonio de la Humanidad desde 1999.

Entre los participantes del festival, además de las principales administraciones insulares y organizaciones como WWF y Greenpeace, entre otras, figuraron Pierre-Yves Cousteau, hijo de Jacques Cousteau, quien comentó que había podido comparar imágenes del archivo de su padre para darse cuenta de que los campos de posidonia que en 1946 llenaban el fondo marino del sur de Francia habían desaparecido ya en 1977. Y con ellos una innumerable cantidad de peces. Manu San Félix, biólogo marino y fotógrafo marino vinculado a la protección de esta especie en la isla también estuvo presente anunciando su próxima película «2030. Hemos cambiado», una visión optimista sobre la posibilidad de recuperar el Mediterráneo.

Se considera que esta especie es una de las mejores en la lucha contra el cambio climático ya que tan sólo una hectárea absorbe 830 toneladas de carbono (casi tres veces más que la misma superficie de bosque tropical). Por eso, el festival forma parte de «Save Posidonia», un proyecto del Consell Insular. Gracias a la iniciativa se han apadrinado hasta ahora 94.870 m2 de pradera y a partir del uno de noviembre, una vez cerrada la ronda de recaudación, se comenzará la presentación y selección de proyectos científicos de conservación. Y es que aún hay mucha investigación que hacer para favorecer la protección de esta planta marina. «No sabemos cómo se reproduce porque no todos los años florece ni lo hace de la misma forma. Son los frutos que llegan a la playa los que facilitan datos. Si se conoce la reproducción sexual es posible ayudarla en la adaptación al cambio climático», explicó Guillem Roca, investigador de Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de las Islas Baleares (UIB) y del equipo de ciencia ciudadana Observadores del Mar.

Formentera, convertida en destino de moda en media Europa, busca una fórmula (quizá como la de la isla del Hierro en quien ponen sus aspiraciones como modelo de desarrollo sostenible) que le permita compaginar el turismo con la protección del entorno, y sobre todo de la posidonia, uno de sus principales valores. Sin embargo, la afluencia cada vez más numerosa de turistas y de yates a sus aguas exige un compromiso siempre mayor. En este sentido, el vicepresidente del Govern Balear, Biel Barceló, anunció durante el festival su intención de aprobar estos días el Decreto de Protección de la Posidonia; un texto que se espera desde hace tiempo y que pondrá coto a la llegada de las embarcaciones de recreo en las principales playas de las islas; desde Ses Illetes, considerada una de las más bonitas de Europa, hasta la Cala Saona o el Parque Natural Ses salines (una zona que recibe hasta 4.000 visitantes en verano). El gobierno también seguirá destinando el impuesto sobre el turismo para «compensar sus efectos sobre el medio ambiente», explicó Costa. Con lo que se obtenga de este año quieren añadir un nuevo barco al sistema de vigilancia ya implementado. Porque desde 2013 está activo un modelo de control de las embarcaciones para verificar que éstas fondean en las zonas de arena y no sobre la posidonia. En 2017 han sido seis las embarcaciones dedicadas a labores de control y se ha evitado que alrededor de 6.000 barcos fondeen sobre esta planta marina.

No es el único problema al que se enfrenta la posidonia pero sí de los más relevantes, ya que una sola ancla de una embarcación de 15 metros de eslora que se lance al mar en su zona de crecimiento puede arrastrar hasta 10.000 m2 de pradera. «Estas plantas crecen algo más de un centímetro al año por lo que se necesitarían cinco años para repoblar la zona», matizó Raquel Vaquer-Sunyer, investigadora de Imedea.

Ya desde 2001 se han ido colocando alrededor de la isla boyas ecológicas que evitan que los sistemas de anclaje de las barcas dañen las praderas. Actualmente existen más de 75 de estas boyas para embarcaciones de hasta 25 metros de eslora. Sin embargo, la consejera de Medio Ambiente del Consell Insular de Formentera, Daisee Aguilera considera que se puede hacer más y aprovechó el evento para presentar una doble propuesta de fondeo integral para toda la isla, que evite que las limitaciones en una sola zona trasladen el problema a otras partes de la isla, y de establecimiento de un régimen sancionador sencillo. Para ello se contempla la limitación del número de embarcaciones a 811 y el establecimiento de una zona de amortiguación de 10 metros en torno a las praderas para evitar problemas si cambian los vientos. También consideran necesario definir la capacidad de carga por área y alejar de la costa los puntos de amarre aprovechando para ello la zona de baño que se alarga hasta los 200 metros. «Hay días que se verifican hasta 450 barcos en una playa. Para acceder a los puntos de fondeo autorizados los barcos tendrán que reservar y pagar previamente, algo que ya se hace en Italia o en Grecia», explicó Aguilera.

La acidificación de las aguas, las especies invasores o las obras marítimas también afectan a estas praderas. Tampoco la depuración se lo pone fácil a esta especie endémica del Mediterráneo y es que, según se dijo durante el acto, siete de las diez depuradoras que funcionan en las islas pitiusas son deficitarias. Por tener una idea y según datos de la Asociación Hotelera de la isla el techo de plazas turísticas es de 12.000, mientras que se registran hasta 30.000 pernoctaciones en temporada alta.

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