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Los animales grandes, los más amenazados por la caza

Un estudio afirma que el tamaño determina las probabilidades de extinción; las especies más grandes y las más pequeñas son las más expuestas. Mientras los insectos desaparecen por la pérdida de hábitat, la actividad cinegética, muchas veces ilegal, está poniendo en jaque algunas especies icónicas

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Tiempo de lectura 8 min.

16 de octubre de 2017. 15:10h

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Eva Martínez Rull 16/10/2017

El riesgo de extinción de un animal parece determinado por su masa corporal. Así, los más amenazados son los más grandes y los más pequeños. Esto es lo que afirma un reciente estudio de la Universidad de Oregón, que diferencia las causas para la disminución de ejemplares en dos: mientras los grandes están amenazados principalmente por la caza –tanto por subsistencia como la deportiva y de trofeos o la medicinal–, los más ligeros lo están por la pérdida y degradación de su hábitat natural. «Para las especies grandes, la captura por parte de los humanos es lo que más determina el riesgo de extinción», explica William Ripple, ecólogo de la Universidad y autor del estudio.

La investigación se alinea con la tesis de que el mundo asiste a la sexta extinción masiva. Según, la última actualización Lista Roja de Especies Amenazadas, elaborada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), más de 25.000 especies se encuentran amenazadas y 193 especies más están en peligro crítico de extinción respecto a 2016. «Y aunque las medidas de conservación funcionan, no se le concede la suficiente prioridad de financiación», explica Inger Anderse, directora general de UICN. Y es que la biodiversidad se ha reducido un 58% en los últimos 40 años, según datos de WWF.

La caza deportiva de trofeos o por materia prima no es la única causa para la pérdida de especies ni mucho menos, pero sin duda es la más polémica. Sólo hay que recordar el revuelo que causó la muerte del león Cecil a manos de un dentista estadounidense. Tras él, además del aluvión de críticas, llegaron estudios como el de la Universidad de Victoria que afirma que el hombre tiene un ratio de depredación de animales terrestres hasta nueve veces mayor que el tigre o el león. Una reciente publicación de «National Geographic» se hacía eco del debate entre quienes la defienden como modelo económico que ayuda a la conservación y quienes argumentan que no hay ninguna prueba real de que esto sea así. Especialmente para algunas de las siguientes especies.

El documental «Blood Lions» que se acaba de estrenar en Madrid durante el Another Way Film Festival, cuestiona seriamente que la caza ayude a la conservación: «Los leones criados en cautividad en Sudáfrica no están siendo utilizados para programas de vuelta a la naturaleza. Además, la contribución a la economía local supone sólo un 6% de ingresos por turismo», explican los autores.

Los leones, de los que quedan unos 30.000 ejemplares en todo el mundo (en 1975 eran 250.000), han desaparecido del 80% de su territorio en África y ya sólo quedan en 28 países. Y no sólo esto. En Sudáfrica es está imponiendo la caza preparada de leones criados en cautividad a los que se dispara en recintos cerrados de los que no pueden escapar.Este país cuenta con 2.000 leones silvestre y 200 instalaciones cerradas en las que hay censados otros 7.000 ejemplares. La caza preparada genera una industria de 100 millones de dólares anuales.

Si por un lado, la piel y la cabeza siguen siendo trofeos para los cazadores, los huesos o los dientes se han empezado a exportar a Asia para producir medicinas tradicionales, que históricamente se han hecho con tigre. Algo que está aumentando la presión sobre estos felinos. Desde este año Sudáfrica ha legalizado la exportación anual de 800 esqueletos de leones criados en cautividad. «En 2013 salieron de allí 1.094 cuerpos de león. En 2008 se contabilizaron sólo 60», explican los autores de «Blood lions».

En el último siglo el 97% de la población de tigres ha desaparecido; de 100.000 ejemplares se ha pasado a menos de 4.000. Actualmente viven más ejemplares en cautividad que en libertad, especialmente en Asia. Su desaparición está marcada por el comercio ilegal de especies, sobre todo para su uso en la medicina tradicional china, a pesar de que el comercio de la especie está prohibido desde 1987.

Elefante

Según datos de la ONG Environmental Investigation Agency entre 2004 y 2015 la población de elefantes africanos descendió hasta un 65% debido, en gran medida, a la caza furtiva por el marfil. La situación es tan alarmante que durante la Conferencia de las Partes de CITES en 2016 se adoptó una resolución en la que se recomendaba a los países integrantes que cerraran sus mercados al comercio de marfil en bruto y elaborado como única forma de parar la matanza. Estados Unidos o China han dado importantes pasos en este sentido, pero según han denunciado recientemente la Asociación Nacional para la Defensa de los Animales y la fundación International Fund for Animal Welfare en la UE no se han tomado medidas significativas; en mayo se aprobó una guía en la que se recomienda a los estados miembros incluir una prohibición de reexportación de marfil en bruto. Estas organizaciones consideran que no es legalmente vinculante y deja fuera de su aplicación al marfil elaborado, que es el que más ha incrementado su comercio, legal e ilegal, en los últimos años. Entre 2003 al 2014 se incautaron en la UE 11 toneladas de marfil ilegal (lo que implica la muerte de 1.800 elefantes), frente a tan sólo cuatro toneladas de comercio de marfil legal. Además, se calcula que tan sólo se incauta un 10% del comercio ilegal real.

El rinoceronte tiene una situación parecida; cada año los furtivos acaban con 1.200 ejemplares. Sólo en la última década 7.100 de ellos han muerto en África por el valor de sus cuernos, considerado en Asia un tónico contra la fiebre y un aliado contra el cáncer. Sudáfrica es el país donde más golpea el furtivismo; aquí se contabiliza un 91% de las pérdidas totales del continente debido a la caza ilegal y es el país que alberga el 79% de los últimos rinocerontes de África. Según el último informe de Traffic (la red de vigilancia del Comercio de Vida Silvestre, fundada como alianza entre WWF y la UICN), como en el marfil, ha cambiado la forma de contrabando pasando de cuernos enteros o simplemente cortados en dos o más piezas a nuevos productos elaborados que resultan más fáciles de esconder y transportar.

A la lista de animales amenazados por la caza hay que añadir cinco especies de antílope africano, que están por primera vez en la Lista Roja de UICN, como resultado del furtivismo, la degradación del hábitat y la competencia con el ganado doméstico. Otro reciente estudio afirma que el 38% de las poblaciones de loros tropicales de América están amenazados por la captura para el comercio. Pangolines, leopardos y un largo etcétera se suman al catálogo.

Los animales grandes, los más amenazados por la caza
Furtivismo en espacios protegidos

Casi el 30% de los sitios Patrimonio Mundial sufre hoy la tala, la caza o la pesca ilegal. «La caza furtiva de especies vulnerables y en peligro de extinción ha sido notificada en al menos 43 sitios del Patrimonio Mundial», alerta un informe publicado por WWF este mismo año. El tráfico ilegal de especies mueve al año entre 14.000 y 19.000 millones de euros (sólo por detrás de las drogas, la falsificación y el tráfico de personas). Sólo el último agosto han muerto 12 guardas de parques naturales en África y América Latina a manos de cazadores furtivos. Entre ellos, Wayen Lotter, líder de la organización Pams Foundation de conservación y contra la caza furtiva sobre todo de elefantes. Gracias a su trabajo, la llamada reina del marfil, la china Yang Feng Glan, fue arrestada en 2015.

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