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3 tipos de deseo que te ayudarán a reactivar la llama

Saber que existen distintos tipos de deseo nos ayuda a entender qué pasa en las parejas de larga duración

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Objetivo Bienestar . 

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15 de junio de 2017. 15:37h

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Objetivo Bienestar .  13/6/2017

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En las relaciones monógamas, el aspecto que más se suele resentir con el tiempo es el deseo sexual. Pero en la mayoría de los casos solo es necesario reconectar con esa pasión que, aunque apagada, puede reavivarse.

Las parejas que ponen el foco en criticar al otro miembro, quejarse o distanciarse, van erosionando su deseo para disfrutar de futuras relaciones sexuales. El objetivo no es tener más deseo ni más relaciones sexuales como prioridad, sino encontrar actividades sensuales y sexuales con las cuales lo pasemos bien con nuestra pareja.

Saber que existen distintos tipos de deseo nos ayuda a entender qué pasa en las parejas de larga duración.

TIPOS DE DESEO

EL IMPULSIVO: Es el que está más relacionado con la etapa de enamoramiento y el que la mayoría de personas identifica puramente como deseo. Es normal que en esta fase se tenga un deseo sexual desaforado, independientemente de la edad. Mientras se da paso a una relación más estable, es habitual que el deseo más impulsivo vaya disminuyendo. Pero hay parejas que consiguen mantener picos de deseo impulsivo en situaciones que recuerdan al enamoramiento, por ejemplo, durante las vacaciones. Además, que este deseo se reconvierta en sosegado no significa que las relaciones sexuales sean menos placenteras.

EL ACTIVO: Implica acción para provocar una reacción. O sea, que de algún modo cultivamos nuestro deseo sexual. Las personas que no tienen ningún problema respecto a su deseo sexual lo entienden y son capaces de mencionar algunas acciones que hacen para mantener su deseo en forma. En cambio, las que se quejan de falta de deseo manifiestan extrañeza por tener que fomentar con ejercicios mentales o físicos sus ganas. Hay quien piensa que no es natural, y mi respuesta es que no conozco ninguna actividad humana que, para facilitarse o perfeccionarse, no necesite algunos ejercicios o prácticas determinadas.

EL REACTIVO: Ver a nuestra pareja deseosa nos puede hacer mostrarnos receptivas a tener relaciones sexuales, aunque al principio no tengamos ganas. Pero lo que es un reparto cómodo, puede convertirse en una costumbre: uno empieza y el otro se deja llevar. Y a la larga puede haber quejas como “siempre tengo que empezar yo” o “solo lo hacemos cuando tú tienes ganas”. También es cierto que si el miembro de la pareja que inicia la relación sexual es demasiado directo y no da tiempo a que surja el deseo en la otra parte –con una estimulación previa–, puede generar la reacción contraria: el rechazo.

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