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Salud / 23/05/2017 10:20 Pilar Pérez.  | Madrid.
Apnea del sueño: Casi dos millones de españoles desconocen que la sufren
Apnea del sueño: Casi dos millones de españoles desconocen que la sufren

El acto de respirar es tan inconsciente que nadie piensa que pueda dejar de hacer sin tener conciencia de ello. Según el estudio de la Sociedad Española del Sueño (SES), «Evaluación sanitaria y socioeconómica del Síndrome de apneas e Hipopneas del Sueño en España (SAHS)», se estima que existen entre cinco y siete millones de personas que sufren apnea del sueño y más del 80% no están diagnosticados. O lo que es lo mismo: dejan de respirar entre ronquidos, periodo que puede durar desde diez segundos hasta algunos minutos y puede repetirse, en los casos severos, más de 30 veces en una hora. Además, entre 1.200.000 y 2.150.000 de personas sufren de SAHS sin saberlo. Un grave problema si se tiene en cuenta que no dormir bien por la noche repercute más allá del necesario descanso para el día siguiente, y van desde alteraciones cardiovasculares hasta desarrollo de tumores.

Así, Miguel Ángel Martínez-García, jefe de Sección de Neumología, coordinador de la Unidad de Trastornos Respiratorios del Sueño y coordinador de investigación del Área de Enfermedades Respiratorias del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia y actual coordinador del Programa de Investigación Integrada (PII) de Bronquiectasias de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), ha liderado importantes estudios clínicos en los que ha demostrado la causalidad entre el desarrollo de tumores y la apnea del sueño. «Hemos realizado diferentes trabajos a través de los cuales hemos demostrado como en personas con melanomas agresivos se hallaban problemas de sueño, y hemos constatados que sufrían apneas», explica Martínez. Recientemente en «Archivos Bronconeumología» se publicaba un artículo en el que se desgranaba el mecanismo fisiopatológico que provocaba la alteración celular debido al proceso que desencadena la apnea.

Los estudios han demostrado la relación causal entre una mayor mortalidad e incidencia de cáncer en pacientes con apnea del sueño. Hasta ahora, como explica Martínez-García, se han establecido hipótesis gracias a una metodología de trabajo retrospectiva, es decir, que revisaba casos en los que había presencia de apnea del sueño grave y no tratada y el mayor riesgo de tumores más agresivos. «La apnea del sueño produce una hipoxemia intermitente, que quiere decir que en cada parada respiratoria el oxígeno en sangre sube y baja de forma muy rápida –en un gráfico serían como dientes de sierra–. Esa alteración genera en el cuerpo una serie de sustancias que se sabe que son carcinogénicas. Por otra parte, también se produce una fragmentación del sueño en sí, de las fases, que a su vez se relacionan con unos mecanismos del sistema inmune que se liga a una mayor agresividad y una mayor producción de sustancias carcinogénicas», describe Martínez-García. Esto sirve no sólo para establecer el riesgo tumoral, sino para conocer si ya se padece la agresividad del mismo. Junto a los tumores, también hay una relación causal con patologías cardiovasculares. La hipoxia, la bajada de los niveles de oxígeno en sangre, también deriva en el desarrollo de hipertensión arterial, trombosis cerebral, angina de pecho o infarto de miocardio.

Etiología

Eusebi Chiner, neumólogo y coordinador de Separ pacientes de las Terapias Respiratorias Domiciliarias, asegura que «uno de los problemas más graves como desecandenante es la obesidad». Y claro, si se atiende a la escalada de cifras que hay en la actualidad, pues estamos ante un panorama inquietante. En este sentido, Joaquín Terán, presidente de SES y jefe de la Unidad del Sueño del Complejo Asistencial Universitario de Burgos, alerta de que «es un problema de salud importante que requiere un abordaje interdisciplinar. Hoy un paciente no tiene sólo un perfil de riesgo, sino múltiples. Y en sueño es igual, es decir, una persona con un problema de sueño lo puede tener ligado a actividad laboral que le imponen ritmos diferentes; puede tener apneas del sueño; o una insuficiencia respiratoria acompañada de apnea; o una obstrucción en la vía aérea por algún motivo que precise la supervisión de un otorrino. Por lo tanto, se precisa una visión global y trasversal de la patología y el paciente».

Terán puntualiza que «aunque es verdad que el CPAP (presión positiva de aire en la vía aérea) sea el tratamiento más conocido, estándar y más eficaz para revertir los síntomas; hay otras opciones terapéuticas valoradas adecuadamente tras el diagnóstico». En este sentido, el presidente de SES afirma que «en los pequeños pasa por la cirugía adenoamigdalar; hay también alguna opción quirúrgica para los adultos, en pacientes muy seleccionados; además, hay casos en los que se emplean dispositivos avanzados –prótesis orales– para corregir el tamaño de las vías aéreas. Aparecen tratamientos estimuladores de la vía aérea superior como sistemas similares a marcapasos, que dilatan la vía». Además de todo ello, Terán insiste en hacer un buen consejo a los pacientes para corregir los hábitos de vida: más ejercicio, dieta más equilibrada, menos tabaco y alcohol. Ante todo el abanico de posibilidades terapéuticas, el presidente de SES se muestra contundente a la hora de afirmar que «no puede haber una respuesta única a una enfermedad compleja, dado que un tratamiento mal puesto puede desarrollar efectos secundarios». De aquí que el abordaje interdisciplinar sea clave, porque Terán no cree que la solución para todos «sea el aparato que le ayude a respirar, si en vez de esto le impide dormir; porque está mal indicado, porque está mal pautado... Y empeoramos su estado de salud».

Por eso resulta crucial un buen diagnóstico, como afirma Chiner, y la prueba de mayor certeza «es una polisisomnografía vigilada nocturna en el hospital, que consiste en la monitorización de las variables respiratorias y neurológicas, de modo que podemos establecer cómo duerme el individuo». En muchos casos, esta prueba que se realiza en unidades especializadas requiere de una dotación de camas hospitalarias que no siempre existen, por ello hay una opción de llevarse a cabo en el domicilio de los pacientes, a través de la poligrafía respiratoria. Pese a que no recoge variables neurológicas, Chiner subraya que «hay estudios clínicos que la avalan como una herramienta diagnóstica más».

En la actualidad, también hay algunos monitores –pulseras de ejercicio– que cuentan con variables algorítmicas que pueden alertar a los pacientes de que algo extraño hay en su sueño. «El paciente con SAS, debido a sus apneas y posteriores alertamientos presenta un sueño interrumpido y una alteración de los porcentajes de sueño que puede evidenciar el usuario de fitbit con su dispositivo tras cada periodo de sueño, ya que el dispositivo muestra, entre otras variables, las veces que se despierta el usuario y el tiempo que pasa en cada una de las fases del sueño. Además, si las apneas por su duración o frecuencia tuvieran repercusión en el rimo cardíaco, esto también se vería reflejado en los registros de frecuencia cardíaca, lo que podría ser ya una señal de alerta», apunta Cristina García de Leonardo, especialista en Neurofisiología Clínica y profesora en la Universidad Francisco de Victoria, de Madrid.

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