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Salud
Salud / 17/10/2016 03:27 Belén Diego.  | Madrid.
Cautela ante las nuevas inmunoterapias

Los nuevos tratamientos contra el cáncer que estimulan las defensas del organismo para detener el avance de los tumores son prometedores, una gran noticia en tipos de cáncer que antes no tenían tratamiento, pero les falta recorrido y definición específica de los pacientes que se beneficiarán de ellas

Cautela ante las nuevas inmunoterapias

Josep Tabernero, presidente electo de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) matiza que cuando se habla de inmunoterapia, no únicamente nos referimos a medicamentos. Hablamos también de vacunas, terapias celulares... y es que, éste, es un campo con un gran futuro, que ha dado la posibilidad de tratar tipos de cáncer hasta ahora «huérfanos» de terapias, e incluso después de recaídas en pacientes resistentes a otros tratamientos. No obstante, hay que ser cautos. La razón de ello, es la «edad» misma de la disciplina, que tiene precedentes años atrás, pero ha comenzado a dar sus frutos hace poco, y el hecho de que hasta el momento sólo sea adecuada en grupos limitados de pacientes. Una de las posibilidades para su empleo, analizada en el reciente encuentro anual de la ESMO en Copenhague, es la combinación con radioterapia. El doctor Dirk de Ruysscher, del Hospital Universitario de Lovaina, explicaba en el encuentro: «Debemos recurrir a esta combinación con precauciones. El primer estudio en este campo se ha llevado a cabo con menos de 40 pacientes y, aunque no hay evidencia de que la inmunoterapia provoque mayor intensidad de efectos secundarios asociados a radioterapia, tendremos que ver qué sucede a largo plazo».

Mejorable

Otro experto español, Andrés Cervantes, presidente del comité científico que organizaba el congreso, reflexionaba al respecto a raíz de una revisión de 81 estudios sobre inmunoterapias y terapias dirigidas que obtuvieron la aprobación de la agencia estadounidense del medicamento (FDA) entre los años 2000 y 2015. Los autores de este trabajo aseguran que un número «significativo» de ensayos clínicos publicados en los últimos años hacen un registro «mejorable» de la aparición repetida de toxicidades y de su duración. Además de ser seleccionado para su presentación en el congreso, Andrés Cervantes considera este trabajo particularmente útil por la aportación de los autores, que añadieron al estudio un formulario de efectos adversos para que sean los propios pacientes los que le vayan dando contenido.

Este experto explica que la participación de los pacientes tiene un enorme potencial y añade que el congreso ha contado en esta edición con una sección específica para ellos en la cual se abordaron nuevos tratamientos, formación para pacientes e incluso problemas en el acceso a nuevos tratamientos. Esta revisión ponía de manifiesto que más del 90 por ciento de los estudios analizados tiene mala puntuación en el registro de toxicidades recurrentes y tardías, así como en el seguimiento de la duración de esos efectos adversos. El 86 por ciento de los ensayos no informó de forma adecuada del momento de presentación de los efectos secundarios, y el 75 por ciento de los trabajos sólo recogían aquellos que se producían con una frecuencia superior a un cierto umbral.

Paolo Bossi, del Instituto Nacional de Tumores de Milán, añadía en la presentación de estos datos: «Registrar los efectos adversos de los ensayos clínicos de nuevos medicamentos es crucial, ya que es la información de la cual dispondrán los médicos y los pacientes en cuanto al perfil de seguridad de un fármaco y a qué se puede esperar cuando se inicia una terapia. La toxicidad de las terapias dirigidas y la inmunoterapia son obviamente muy diferentes a la toxicidad que estamos acostumbrados a observar y tratar en quimioterapia, y hay algunos aspectos de las nuevas toxicidades con los que aún tenemos que familiarizarnos».

Giuseppe Curigliano, del Instituto Europeo de Oncología, reconocía durante su presencia en Copenhague que el equilibrio inmunológico es delicado, y que al estimular las defensas para que ataquen al cáncer se corre el riesgo de provocar enfermedades autoinmunes. Harpreet Singh, del Instituto para la Acción contra el Cáncer, valora la inmuno-oncología como una disciplina que ha dado lugar a terapias muy exitosas, pero con pocas indicaciones. Su equipo participa en un ensayo de una terapia para el glioblastoma, un tipo de tumor cerebral en fase avanzada. Otro de los participantes en ESMO era John Haanen, oncólogo e inmunólogo. Su equipo está investigando el uso de una inmunoterapia que se consideraba altamente tóxica pero que puede funcionar ahora que la tecnología permite seleccionar a los pacientes que responden bien. Han logrado una tasa muy alta de respuesta, muy prolongada en el tiempo (él llega a usar el término «curación») de nuevo, en grupos limitados de pacientes.

Variable económica

Hay otro fenómeno que limita el número de personas que se benefician de la inmunoterapia, y no es una variable relacionada con la medicina sino con la economía. Considerando cuánto cuesta desarrollar un nuevo medicamento, y teniendo en cuenta que los fármacos inmuno-oncológicos están dando indicios de funcionar particularmente bien en combinación con otros fármacos, el precio de las combinaciones no va a ser precisamente bajo. Otro trabajo seleccionado por el comité científico de ESMO ha dado una pista sobre qué puede pasar en función de los recursos económicos de cada país o región, dificultades que los oncólogos españoles han señalado como causa de diferencias en el acceso a nuevos tratamientos entre hospitales dentro de una misma región. Este trabajo mostraba que más de 5.000 pacientes europeos se quedan cada año sin nuevos tratamientos para el melanoma metastásico, una forma agresiva de cáncer de piel para el que no había ningún tratamiento antes de 2011. En los últimos cinco años se han aprobado terapias dirigidas e inmunoterapias para esa enfermedad que mejoran la supervivencia como mínimo en 18 meses, y algunos pacientes han respondido durante diez años.

Lidija Kandolf-Sekulovic, la oncóloga responsable de presentar los datos, indicaba que el 27 por ciento de los pacientes europeos (con un porcentaje peor en los países de Europa oriental), no tienen acceso a esas terapias. En cifras absolutas: 5.228 de un total de 19.250.

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