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De «vacaciones» al polo norte tras vencer al cáncer

Para ponerse a prueba a sí mismas, para poder explorar una recóndita región del mundo y, sobre todo, para lanzar un mensaje de esperanza a quienes padecen la enfermedad, cinco mujeres viajarán al Ártico gracias al Reto Pelayo Vida

  • Encarnación, Ana, Micaela, Lorena y Esther (de delante a atrás), son las cinco aventureras que cruzarán el Ártico
    Encarnación, Ana, Micaela, Lorena y Esther (de delante a atrás), son las cinco aventureras que cruzarán el Ártico / LUIS DÍAZ

Tiempo de lectura 4 min.

11 de septiembre de 2017. 17:45h

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Eva S. Corada 11/9/2017

Catorce días en el Ártico, más de 200 km a pie, 100 km en kayak y temperaturas de -30ºC... Igual no parece el plan más apetecible para pasar unas vacaciones, pero desde luego sí que es el más idóneo para plantear un desafío. Y eso es lo que han pensado las cinco mujeres que lo afrontarán a partir de hoy lunes y que, para más inri, han padecido –y superado– un cáncer. Porque, tras subir al Kilimanjaro y cruzar el Atlántico, el Reto Pelayo Vida se traslada en esta ocasión a las congeladas tierras de Groenlandia para demostrar –una vez más– que después de la enfermedad hay mucha vida.

Las elegidas en esta edición son Micaela, Ana, Lorena, Esther y Encarnación quienes, por diferentes motivos, se presentaron como candidatas. O, como dice Micaela, de 39 años, echó el cupón. Porque para ella este viaje es toda una lotería, ya que «es un lugar al que no puedes ir por tí misma», cuenta. Apenas llevaba tres meses de alta cuando se apuntó al reto tras haber superado un cáncer de pecho. Un hecho que, tras el impacto inicial, y como ella misma asegura, le sirvió para «entre quimio, operación y quimio», organizar su boda con nada menos que ¡150 invitados! o volver a retomar el baloncesto a los 38 años en el C.B. Rodaballo de su Vigo natal.

Porque, además de fuerza, ilusión y valentía, otra cosa que comparten estas mujeres es que están en plena forma. De otra manera no podrían hacer frente a semejante aventura, en la que recorrerán la tierra de los inuit sorteando zonas de grietas, hielo quebradizo, ríos y lagos glaciares, grandes llanuras e icebergs a temperaturas extremas con 35 kg de carga a las espaldas.

Para Encarnación (La Coruña, 51 años) no es nuevo lo de caminar por el hielo. Practicaba montañismo (hizo cumbre hasta en el Montblanc) y, de hecho, entrenaba cuando le detectaron un cáncer de pecho. Fue hace 12 años, cuando aún no estaba tan extendida la técnica del ganglio centinela, pero por suerte «estaba tan musculada que no pudieron quitarme toda la cadena linfática». Tras una época «baja de ánimo» que abarcó su enfermedad, la de su hermana, una separación y una mudanza, está segura de que «ahora es mi momento».

Lorena (Madrid, 35 años) corría la media maratón de Bilbao 15 días antes de que le diagnosticaran un linfoma de Hodgkin hace dos años y, después de uno de lucha «muy duro» quiere demostrarse a sí misma que es capaz de afrontar un gran desafío en un contexto en el que sólo está ella, sin el apoyo de su familia. Y, por supuesto, aprovechar la oportunidad porque, como asegura, «después de lo malo ¡es toda una ventaja!, ya que de no haber sido por la enfermedad no podría emprender este reto».

Aunque ya tenían una base previa también han tenido una preparación muy estricta. «Han sido tres meses intensos de ejercicios de fuerza, bici, nado... fortaleciendo especialmente el tren inferior ya que va a haber tramos con mucho desnivel», explica Ana –de 35 años que, tras dos de tratamiento superó un cáncer de mama– quien también lo vive como si se fuera de vacaciones. Si bien las penalidades que van a pasar a causa del frío y la climatología son la principal preocupación de todas ellas. También el ponerse a prueba física y mentalmente.

«Es que somos supervivientes y, como dice un amigo mío: qué nos darán en la quimio que estamos con más energías que antes», cuenta Esther (Valladolid, 38 años), a quién le diagnosticaron un cáncer de mama en 2013 que acabó con una mastectomía bilateral. De la experiencia espera «disfrutarla y que me ayude a cerrar un episodio de mi vida. Y también poder mostrar a todos los que necesitan apoyo moral que podemos con todo», asegura.

Se acabó correr por las mujeres

«Se acabó el correr por la mujeres con cáncer. Ahora son ellas las que lo hacen y cruzan el Ártico», sentencia Lucía González, presidenta de la fundación La Vida en Rosa, que respalda el proyecto desde su primera edición. De hecho el objetivo de esta expedición es trasladar un mensaje de esperanza y lucha a todas aquellas mujeres que han padecido o estén actualmente en tratamiento de esta enfermedad, demostrando, no sólo que puede superarse sino que, tras ella, queda mucho por vivir.

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