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«Hay que aguantar como padres y mantenerse firmes en los límites básicos»

Dr. José Luis Carrasco / Catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense. Unidad de Personalidad y Comportamiento. Clínica Ruber Juan Bravo. Grupo Quirónsalud

  • Dr. José Luis Carrasco
    Dr. José Luis Carrasco / CRISTINA BEJARANO

Tiempo de lectura 4 min.

03 de abril de 2017. 17:29h

Comentada
Pilar Pérez 3/4/2017

1- ¿Qué lleva a un padre o madre a consultar en una unidad de Personalidad y Comportamiento la situación de sus hijos?

Normalmente cuando la relación se hace insostenible, el joven desobedece las normas de manera desafiante, agrede verbalmente o insulta de forma repetida, o bien ha tenido conductas violentas. También cuando se sospecha que hay un consumo de drogas oculto. No obstante, hay padres que consultan de manera preventiva, cuando tienen dudas sobre algunos comportamientos de sus hijos, como un excesivo malhumor, o demasiada apatía, o problemas para relacionarse en el colegio, bien sea por timidez o por irritabilidad. Estos progenitores consultan para saber si deben intervenir o hacer algo para evitar que estas conductas se conviertan en un trastorno.

2- ¿Cuáles son los rasgos de un adolescente malhumorado?

Todo parece sentarle mal, responde con cierta brusquedad y busca estar solo, rehuyendo las conversaciones familiares. Además tiende a desobedecer sistemáticamente, quejándose de que no es comprendido ni tratado justamente.

3- ¿Cuándo es necesario que la familia aborde este problema con ayuda «externa»?

Se debe consultar con un especialista en trastornos del comportamiento cuando existe un desafío abierto a las normas familiares, cuando aparecen conductas violentas, cuando hay indicios claros de que el consumo de drogas está afectando a su conducta y cuando aparece un fracaso académico sin razones claras que lo justifiquen. Y por supuesto si el joven pide ayuda psicológica, se siente deprimido o se sospecha que pueda estar teniendo ideas suicidas.

4- ¿Qué se puede encontrar detrás o debajo de un adolescente problemático? ¿Qué subyace?

La adolescencia en sí ya es problemática por los cambios que conlleva, hormonales, corporales y relacionales. Cuando el adolescente es excesivamente problemático es porque está demasiado confuso y perdido en la visión de sí mismo y de su valía, y porque está sufriendo por ello sin ni siquiera ser consciente del motivo. Por ello tenderá a culpar de su malestar al entorno.

5- Desde su unidad han editado una guía con consejos, ¿qué es lo primero a tener en cuenta y hacer antes de que los problemas vayan a más?

Lo primero es entender que la adolescencia es un período tormentoso en cuanto a las emociones, y que hay que ser más comprensivos y flexibles que en otras situaciones. Dicho esto, hay que aguantar como padres, sin reaccionar impulsivamente a todas las «provocaciones», pero al mismo tiempo hay que mantenerse firmes en los límites básicos. También es importante entender que en esta edad es mejor la cercanía y la apertura a la comunicación que el exceso de consejos y de «sermones». No incidir sólo en los defectos y en las carencias del adolescente, probablemente él o ella ya las siente íntimamente y sólo conseguiremos herirle más. Hay que esperar esfuerzo y cumplimiento por parte de ellos, expresar nuestro disgusto si esto no se produce, y premiar verbalmente o con regalos tanto el esfuerzo como los logros obtenidos.

6- ¿Cómo se puede saber si detrás de una personalidad con carácter hay otras complicaciones?

La clave está en la incapacidad para funcionar mínimamente en aquello que es básico: tener amistades, cumplir con las normas básicas de esfuerzo escolar o laboral, mantener una conversación sin agredir y obedecer habitualmente a la autoridad (padres o profesores). Si esto ocurre, la probabilidad de que exista un trastorno subyacente es alta. Resulta complicado, pero perder el miedo a acudir a un especialista es un gran paso que ayuda mucho.

7-¿Cuáles son las acciones que se han de evitar?

Entrar al discurso malhumorado del adolescente de manera reactiva o impulsiva. Hay que responder pero sin dejar de ser padres adultos y razonables. Se debe eludir recordarle continuamente los defectos, lo que le falta, lo que no hace bien, etc... Es mejor dar ideas que consejos y ánimos en vez de reproches. Pero también hay que evitar no hacer nada cuando ocurra un comportamiento grave o desafiante. Hay que aprender a sancionar y a castigar. Se debe rehuir de la ofuscación y el perder los papeles, pero no por ello la firmeza. Y también que el adolescente se sienta agobiado, hay que dejarle algo de espacio para que piense y elabore nuestros mensajes, tanto los verbales como los emocionales. En la guía explicamos con algo más de detalle algunos de estos aspectos.

8- ¿Hasta qué punto resulta determinante la intervención externa?

Más de lo que los padres puedan sospechar. Ningún hijo nace con un libro de instrucciones y tanto unos como otros pueden verse perdidos en muchas ocasiones. Una consulta, una palabra de un especialista, puede abrir muchas ventanas.

9- ¿Qué profesionales intervienen?

Psiquiatras y psicólogos fundamentalmente, con la ayuda de profesores, neuropsicólogos y terapeutas familiares. Se trata de entender al adolescente desde una mirada integral, con su biología, sus emociones, sus relaciones familiares y escolares, sus capacidades para el aprendizaje y sus capacidades organizativas.

10- ¿Qué ventajas se extraen de todo este proceso?

Los beneficios se tienen que reflejar en una mayor consistencia de la personalidad, dotada de una adecuada autoestima, de una mejor capacidad para entender a los otros (empatía) y para relacionarse con ellos, y de unos valores humanos que permitan la convivencia, la cooperación y la preocupación por las necesidades de los otros. En definitiva, evitar el progreso hacia la inmadurez egoísta y encaminar la personalidad hacia una madurez sustentada en la confianza, el compromiso y el servicio.

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