Las vacunas no son sólo cosa de niños

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Thomas Breuer / Senior Vice President, Chief Medical Officer de GSK Vacunas. 

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29 de mayo de 2017. 18:09h

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Esta semana Madrid ha acogido a algunos de los líderes mundiales en el campo de la vacunación infantil durante el encuentro anual de la Sociedad Europea de Enfermedades Infecciosas Pediátricas (Espid).Los pediatras, y todos aquellos que participan en el proceso de la vacunación infantil, merecen nuestro reconocimiento. Todos ellos juegan un papel fundamental para que el comienzo de la vida de nuestros hijos se desarrolle de una forma saludable. Gracias a sus esfuerzos, se han alcanzado grandes logros en el campo de la prevención de enfermedades.

Desde el inicio del programa nacional de vacunación en España, la polio ha sido erradicada y la incidencia de muchas enfermedades como hepatitis, sarampión, parotiditis, rubéola y tos ferina se ha reducido más de un 90%.

Lo que no es tan conocido por todos es que la importancia de la vacunación no acaba cuando recibimos nuestra última vacuna a los 14 años. Las enfermedades infecciosas siguen siendo igual de preocupantes a lo largo de la vida adulta. Y las vacunas continúan siendo la forma más efectiva que tenemos de protegernos.

Si no recuerda la última vez que se vacunó, continúe leyendo.

La gripe y la tos ferina son solo dos ejemplos de enfermedades que pueden ser graves –en algunos casos incluso mortales– tanto para niños como para adultos. E incluso si ha padecido una enfermedad infecciosa en su niñez o se ha vacunado hace tiempo, podría contraer la enfermedad de nuevo en el futuro y transmitirla a otras personas.

No es sólo nuestra salud la que se resiente, si no nos vacunamos. También hay costes económicos asociados para la sociedad: desde los gastos de la atención sanitaria y las estancias hospitalarias hasta la pérdida de productividad, pasando por las bajas laborales. En España, por ejemplo, la epidemia de gripe implica 1.000 millones de euros en costes cada año tanto para el Sistema Nacional de Salud (600 millones de euros debido a hospitalizaciones, tratamientos antibióticos, etc.) como para la sociedad en general (370 millones de euros son costes indirectos derivados del absentismo laboral y la pérdida de productividad).

El progreso en el ámbito de la vacunología es constante, por lo que de vez en cuando merece la pena comprobar con su médico qué vacunas nuevas o ya existentes serían apropiadas para usted o para los miembros de su familia de cara a protegerles frente a las enfermedades infecciosas. La inmunización frente a la meningitis B, el cáncer de cérvix y otras vacunas recomendadas por las autoridades sanitarias para las mujeres embarazadas, son solo algunos ejemplos sobre el progreso en la ciencia de la vacunología del que se podría beneficiar.

Durante más de un siglo las vacunas han contribuido enormemente a la disminución drástica de la mortalidad infantil. Ahora es el momento de extender esta contribución también a la edad adulta para ayudarnos a mantener nuestra salud a lo largo de nuestra vida.

Tengo el sueño de que algún día las vacunas sean percibidas por la sociedad, como la alimentación sana y el cuidado por el bienestar físico de cara a mantener una vida saludable. Mientras tanto, si no puede recordar la última vez que se vacunó, es el momento de que hable con su médico sobre cuál es la mejor forma de proteger su salud y bienestar para el resto de su vida.

Puede que pierda muchos de los hábitos que adquirió de niño, pero recuerde que la vacunación debe acompañarle a lo largo de toda la vida.

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